La trivia de la unidad

 

En el peronismo todos hablan de ella, aunque sea para marcar diferencias o condiciones. Las PASO posibles y la dispersión como riesgo

Por Néstor Leone

 

1. JUEGOS

Trivia es la diosa romana de las encrucijadas. El poeta Ovidio hace mención de ella y de su incidencia en Las metamorfosis, distante en tiempo y forma de la de Franz Kafka. El peronismo, como movimiento capaz de reinventarse una y otra vez y hábil lector de los tiempos históricos, sabe de encrucijadas, pero también de metamorfosis. Buena parte de sus dirigentes considera que hoy está ante una crucial, que le exigiría volver a mutar. Kirchnerismo fue el nombre que portó durante última década y cuarto. Como nominalidad política y como proceso histórico. Con el kirchnerismo como principal ordenador interno, construyó una matriz diferenciada desde la cual ejercer (y consolidar) poder y con la cual disputó sentidos, resignificó palabras y ofreció un horizonte de sentido propio dentro de las experiencias regionales de gobiernos populistas, progresistas, populares o de izquierda. Algunos de estos dirigentes consideran que el peronismo debe desandar ese andamiaje, ese recorrido, esa cultura política. En términos materiales y también simbólicos. Incluso si esto supone ceder ante Cambiemos y su nuevo esquema de poder.Y  a riesgo de quedar ellos mismos atrapados en esa telaraña, como pasó en las últimas elecciones legislativas. Las de octubre del año pasado. Es cierto, esta postura no es generalizada entre la casta de dirigentes peronistas. También están aquellos que reivindican no sólo los doce años kirchneristas, sino también que proponen recoger su legado, para oponerse más frontalmente al Gobierno, sin concesiones, y elaborar desde allí una alternativa electoral acorde. Y aquellos que, distantes del kirchnerismo, buscan mecanismos para que no haya exclusiones en una oferta unificada. La intervención floja de fundamentados de la jueza Servini de Cubría al PJ nacional y, sobre todo, la designación (insólita) de Luis Barrionuevo, con legajo republicano más que cuestionable, es probable que genere repliegues en algunos y tense la cuerda entre unos y otros.

 

2. DOS CIUDADES

Primero fue La Pedrera, en las afueras de Villa Mercedes, San Luis. Allí el encuentro estuvo organizado por el gobernador de la provincia, Alberto Rodríguez Saá, conspicuo antikirchnerista durante la década anterior y nuevo aliado del Frente para la Victoria. Participaron varios de los más importantes dirigentes del sector, con fuertes críticas al Gobierno y cuestionamientos a las posturas más moderadas y conciliadoras del peronismo. Ninguno de los gobernadores invitados estuvo presente. Sólo el anfitrión. La segunda cumbre fue en Gualeguaychú, Entre Ríos. Organizada por el senador nacional Miguel Angel Pichetto, reunió a legisladores de Argentina Federal y a varios de los más dispuestos a cerrarse a la posibilidad de compartir oferta electoral con el kirchnerismo, incluso mediante el instrumento de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias.“ El límite es Cristina y La Cámpora”, dijo en la ocasión el diputado del Bloque Justicialista, Diego Bossio, exdirector de la Anses durante la gestión anterior. En esta oportunidad también los mandatarios provinciales estuvieron ausentes, a pesar de que Pichetto la pensara como una cumbre donde los gobernadores fueran el centro. Ni siquiera estuvo Gustavo Bordet, el local, de buen trato con el gobierno de Mauricio Macri y en sintonía con algunos motivos del encuentro. Ni el salteño Juan Manuel Urtubey, el que más se entusiasma con la movida, en tanto sueña con representar al sector en las presidenciales, ya sin posibilidades de ser reelecto en su provincia. Es cierto, entre La Pedrera y Gualeguaychú hubo varios encuentros con matices y posiciones intermedias. Pero esos dos encuentros, en esas dos ciudades, marcan la disputa central dentro del peronismo.

 

3. SPARRING

La ciudad elegida por Pichetto tenía connotaciones, resonancias simbólicas. En Gualeguaychú el radicalismo selló en marzo del 2015 su acuerdo con el PRO y la Coalición Cívica. La marca Cambiemos llegaría en junio de ese año, antes de la inscripción de candidaturas, pero el hecho resultó determinante para la conformación del frente electoral y una llave para la victoria. No sabemos si Pichetto reparó en el detalle, pero la asociación fue hecha por varios dirigentes kirchneristas. A Urtubey se le suma de a ratos Juan Schiaretti, el gobernador cordobés, que oscila entre pugnar por la reelección como cabeza de Unión por Córdoba, que administra el distrito desde 1999, o dar batalla a nivel nacional, con el viejo sueño nonato del cordobesismo (que también incluye a José Manuel de la Sota) de trascender los límites de la provincia mediterránea. La liga de gobernadores es el armado con el que fantasean ambos. Funciona de a ratos, más a partir de intereses coyunturales, transitorios, que bajo la influencia de algún proyecto de poder compartido. Sus integrantes tienen en común los reparos y cierto diagnóstico: no les conviene ofrecerse como oposición al Gobierno, para canalizar hacia sus provincias mayores recursos, y ante el temor de que Cambiemos logre reelegir en 2019. La estrategia es conservadora: desensillar hasta que aclare, replegarse y buscar contener el predominio en sus distritos. El antecedente de 2017 resulta esquivo, una amenaza. Pero, por ahora, no los hace cambiar de postura. Una postura, por cierto, que se hace complementaria a la del Gobierno, que busca fomentar la dispersión opositora.“ El país está mejor, pero con eso no alcanza”, dijo el salteño días atrás. Quizá no sea una buena plataforma de lanzamiento. Ni como sparring.

 

4. LA DAMA

Cristina es el límite para algunos y la posibilidad para otros. Ya no puede asegurar nada electoralmente. Aunque detrás de sí existan millones de voluntades (potenciales), que ningún otro dirigente de la oposición (sea peronista o no) puede recoger a cambio o en competencia. La duda es qué hará con ellas. En 2017 fue candidata a senadora nacional (muy a su pesar, según reconoció luego) y se presentó por afuera de la estructura del Partido Justicialista, hoy intervenido. Con el sello Unidad Ciudadana, pero apelando a la tradición peronista. El silencio y algunos gestos han hablado por ella. Más acotada en el tablero, sin muchos resortes institucionales bajo su control, sin manejar los tiempos, y con dirigentes territoriales (gobernadores, sobre todo) que vuelven a negarla, sabe que su suerte está atada al (escaso) crecimiento de la alternativa no kirchnerista en el peronismo (con muchas pretensiones, y pocas chances reales) y a la marcha del Gobierno y sus indicadores de gestión. Los económicos, y los sociales, pero también los políticos.Y , dentro de ellos, las expectativas. Mientras tanto mira hacia Brasil y espera que Lula (y el PT) resurja de sus cenizas políticas, como el Ave Fénix.

 

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