La esperanza de Macri

Ser el primer Presidente no peronista en dominar una crisis puede constituirse en un activo

Por Julio Burdman

El presidente nada en un espacio angosto. Entre dos andariveles peligrosos. De un lado están aquellos que creen que el Presidente ya no tiene futuro político: son los que dicen que los efectos del ajuste van a sentirse con más fuerza en los próximos meses, y que como consecuencia de ello su popularidad caerá cada vez más, hasta consumir todo el capital político. Del otro, aquellos que no quieren ver las dificultades económicas en toda su dimensión: son los que siguen convencidos de la efectividad de la dicotomía kirchnerismo – antikirchnerismo, que volvería a primar en 2019. Los primeros dicen que la reelección es imposible, los segundos la siguen viendo como el escenario más probable. Unos y otros impiden ver el panorama completo.

Es cierto que las expectativas se han derrumbado, como podemos ver en el gráfico adjunto. Insatisfacción presente y expectativas de futuro fueron la fórmula del macrismo inicial, pero desde hace casi dos meses el 2018 es visto como un año que será peor que el 2017. Macri necesita volver a conquistar a quienes creían en su eficacia y ya no lo hacen. Sin embargo, hay que destacar que en el marco de la crisis, está tomando un par de decisiones que muestran, al menos, conciencia de los desafíos por venir.

Una de ellas ha sido la reapertura de las paritarias. En algún momento se especuló con que el peso del ajuste caería de lleno sobre los salarios, lo cual permitía anticipar un resultado bastante oscuro para el Gobierno. Es probable que los asalariados terminen perdiendo, pero las paritarias y la política social no se tocan.

Por otra parte, los cambios en el gabinete están dando cuenta de las restricciones. Iguacel llegó para implementar un nuevo plan tarifario, en el marco de los precios que deja la devaluación. Y en sus primeras declaraciones, el recién asumido ministro de Producción Dante Sica pareciera jugar el rol de un ministro sectorial. Un representante de la economía real -con sensibilidad hacia las pymes- ante el gobierno, y no al revés. Una sensación parecida a la que en algún momento dejaron Juan Aranguren en Energía, o Buryaile y Etchevehere en Agricultura.

Todo esto -paritarias, política social, cambios en el gabinete- pretende contener. Sin embargo, la esperanza de Macri deberá concretarse en el plano de la resolución. ¿Cuáles serían los efectos político-electorales de resistir una crisis, y salir adelante? Es difícil calcularlos, porque es algo que pocas veces sucedió. Una gran parte de quienes observan la realidad política y económica argentina esperan un desenlace turbulento de toda crisis. Si sobrevive, equilibra y acomoda, Macri habrá logrado un nuevo tipo de activo político. El del presidente no peronista al que una crisis no le explota en las manos. Si esa es, finalmente, la lectura que se instala en la sociedad, tendrá los elementos para reconstruir la confianza perdida.

 

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