Boudou y los posibles vices

A diferencia de Cristina-Cobos, la relación Cristina-Boudou lleva varios años de trabajo cercano.

El 10 de diciembre la Presidenta comenzó un nuevo mandato, esta vez, con un vicepresidente de su confianza, Amado Boudou. El compañero de su primer mandato había sido elegido por su marido. Dos preguntas rodean la inauguración del nuevo ciclo y los papeles de las máximas figuras de nuestro diseño institucional. ¿Qué tipo de vicepresidente será Boudou? Y la segunda, ¿qué va a hacer la Presidenta con él?
Sobre el tipo de vice que podría ser Boudou caben –al menos– tres posibilidades básicas: a) un vicepresidente solidario y fiel; b) un vice con perfil crítico, y c) un vicepresidente independiente.

Todos los vices han sido relativamente solidarios al principio del mandato presidencial, pero con el correr del tiempo, es cada vez más difícil mantenerse en esta categoría. El vice crítico se permite algunos disensos y cuestionamientos cuando no concuerda con algunas políticas oficiales o con algún punto de su implementación. Así fue Daniel Scioli con Néstor Kirchner, hasta que fue sometido a un proceso de “disciplinamiento”. Y el vice independiente es el que mayor distancia y autonomía pretende respecto del  Mandatario.

Lo puede hacer porque no depende del Presidente, no puede ser “despedido” por éste y goza de legitimidad propia al ser votado por la ciudadanía. Este vice independiente
suele alejarse del Mandatario cuando la situación se vuelve complicada para el  gobierno. Julio Cobos es un ejemplo claro de este tipo de vice, que aumenta su perfil frente a la desgracias del Gobierno, pero que puede eclipsarse cuando la situación política cambia y favorece, nuevamente, al Presidente. Cuando el vicepresidente independiente se convierte en “no solidario” con el gobierno y polariza con el Presidente se juega a “todo o nada”. Y puede perder, como ocurrió con el mendocino.
Es esperable que Boudou se mantenga en el primer tipo, no sólo porque hasta el presente le ha sido fiel a Cristina, sino también porque el kirchnerismo no permite el despliegue de otras alternativas y si el vice quisiera conformar su propio “aparato” todas las huestes del kirchnerismo estarían minándole su poder.

Volviendo al caso de Cobos, fueron los ministros del Ejecutivo convertidos en “guardia
pretoriana” quienes lo criticaron, lo tildaron de traidor y hasta le pidieron  reiteradamente su renuncia. Respecto de qué va a hacer la Presidenta con Boudou, hay también varias alternativas. La primera, podría alojarlo en el círculo más próximo a la toma de decisiones. La segunda, podría recluirlo en la gélida periferia donde sólo llegan los ecos de aquellas decisiones. Asimismo, la Presidenta deberá decidir qué tipo de funciones desempeñará el vice. Como se desarrolló en el Nro. 35 de el estadista, “el kirchnerismo tuvo su propia concepción sobre la vicepresidencia al destacar la lealtad como máximo atributo, su identificación con el proyecto presidencial, su ubicación fuera de la órbita del Ejecutivo y su función como transmisor de las ideas del  mandatario en el Senado”. La propia Presidenta, replicando las conductas de Cobos, señaló reiteradamente que el vicepresidente debía obrar como una suerte de representante del gobierno en el Senado.

En realidad, la Constitución nada dice sobre las funciones que el kirchnerismo le atribuye al vice, sino que éste ha desarrollado su propia doctrina en la materia. Si la Presidenta la sigue, Boudou será un vice que presidirá el Senado, con un perfil bajo y
reforzando la disciplina de las fuerzas oficialistas. La estrategia de la política estará en
manos del jefe del bloque y no del vicepresidente. Siempre ha sido así. La figura de Boudou se perderá así en la tarea importante, pero rutinaria, de conducir las sesiones de la Cámara Alta.

Existe otra alternativa en manos de la Presidenta: llevar la figura del vice a la órbita
del Ejecutivo iniciando así una práctica paraconstitucional novedosa. Para ello hacen
falta dos cosas. La primera, visualizar de una vez por todas alternativas más modernas e imaginativas para la figura del vicepresidente. La segunda, atreverse a realizar una innovación institucional. Este paso significaría desandar las concepciones vertidas hasta el presente por la Presidenta en relación con la figura del vice. En otras palabras, realizar una suerte de reforma no sólo en la vicepresidencia, sino también en el modo de funcionamiento interno del aparato Ejecutivo. Pero lo más probable es que las decisiones se sigan tomando en base a los hábitos y los intereses políticos concretos de los actores, más que en consideración a cambios institucionales que podrían ser beneficiosos para el futuro institucional.

Desde una perspectiva más pragmática, Cristina y Boudou pueden resolver mutuamente su futuro político si establecen una relación armónica en el Gobierno. Pero para cooperar entre sí deben tener incentivos alineados. No es difícil encontrarlos. Boudou podría tener el premio de ser el sucesor de Cristina si ella conserva su capital político y lo “unge” como candidato a Presidente, siempre y cuando aquél le sea fiel y mantenga una “buena conducta”. Y un Boudou Presidente no podría gobernar más allá de un mandato y, entonces, una Cristina con poder conservado podría retornar a la presidencia. Esta salida sería menos costosa que una reforma constitucional para promover la continuidad de la mandataria, sea instalando un sistema parlamentario o implantando la reelección indefinida o la habilitación para un tercer mandato.

Aunque no estaría exenta de riesgos. A diferencia de Cristina-Cobos, la relación Cristina-Boudou lleva varios años de trabajo cercano. Cristina conocía sólo  superficialmente al vice que le había elegido Néstor Kirchner. La candidatura de Boudou se basó en el conocimiento y la confianza de Cristina. La relación, hacia el futuro, transitará seguramente distintos momentos con altos y bajos. ¿Comenzó ya, antes de la asunción, un camino sinuoso entre ambos? Trascendió que Boudou no vio con buenos ojos las medidas cambiarias tomadas por el Gobierno. También que la Presidenta estaría molesta con la posición de su nuevo vice. Su calificativo de “concheto” y la réplica del vice pueden ser sólo una anécdota, o un primer llamado de atención.

La relación entre Cristina y Boudou se enmarcará también en un “kirchnerismo cristinizado” que, a su vez, se inserta en un espacio dirigencial más amplio que tiene el sello de la cultura peronista. Impronta cultural que hoy despliega un incondicional apoyo, pero que mañana puede virar hacia otro liderazgo emergente. Conocedora de tal cultura, en el vocabulario de la Presidenta la palabra clave es lealtad y la palabra temida, traición. Mientras tanto, una “guardia pretoriana” –similar a la que otrora integraba el propio Boudou– custodiará los movimientos del nuevo vice con el fin de que no vulnere el territorio acotado que le reserva el “kirchnerismo cristinizado”.

(De la edición impresa)

Esta entrada fue publicada en Edición 46 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

6 + siete =