Una alianza entre Macri y el radicalismo

El PRO debería abandonar su estrategia histórica de mirar al PJ y comenzar a mirar al panradicalismo

El desempeño del panradicalismo, que viene de retener la gobernación de Corrientes el pasado domingo 15, fue bastante aceptable en las PASO, y podría consolidarse en las legislativas de octubre. Eso, si aceptamos como válido el análisis que sostiene que todo el conjunto de partidos no peronistas que en 2009 formaron el Acuerdo Cívico y Social –UCR, Coalición Civica, GEN, Partido Socialista, etcétera– debería sumarse en una misma columna. Dada la fragmentación, la correcta aritmética de los resultados es uno de los principales debates poselectorales.

El PRO, en cambio, deja pocas dudas sobre cómo debieron sumarse sus votos en las PASO del 11 de agosto. Hubo dos excepciones, que fueron sus listas –con buen desempeño, cabe agregar– en Entre Ríos y San Juan: en estos dos casos, no está claro si los votos son del macrismo o del peronismo antikirchnerista, ya que en el primero se trató de una lista respaldada en el ex gobernador Jorge Busti y, en el segundo, de una alianza provincial con los Rodríguez Saá. Tampoco termina de aclararse la cuestión de si hubo o no un acuerdo entre Massa y Macri en la provincia de Buenos Aires. Pero en el resto de los distritos, participó con su propio partido. Como sabemos, muy bien no le fue en la suma nacional.

Después de las legislativas, el macrismo deberá comenzar a pensar en una verdadera alianza electoral. Mauricio Macri no puede ser reelecto en la CABA, y es tiempo de definir una estrategia nacional. ¿Qué tiene para llevar a la mesa de negociación con los partidos más grandes? Probablemente no todo lo que hubiera proyectado algunos años atrás, cuando en el PRO estaban convencidos de que venían a transformar el sistema partidario argentino. Pero cuenta con un capital nada despreciable: un candidato conocido, un partido que en el orden nacional cuenta con el 7% de los votos y una ubicación definida en el cuadrante ideológico del liberalismo de centroderecha –volveré sobre este punto al final, a propósito de las declaraciones de Iván Petrella–.

Con estos recursos, en un mapa político que podría organizarse alrededor de espacios no mayoritarios –el peronismo kirchnerista, el poskirchnerismo peronista, el no peronismo panradical–, el PRO no tiene la fuerza suficiente para competir por sus propios medios, pero podría contribuir a inclinar la balanza electoral como aliado de un socio más grande.

A la hora de enfrentar estas opciones, el PRO siempre parte de una premisa que, en nuestra opinión, debería revisar. Muchos de sus dirigentes, incluido su propio líder, se imaginan en una coalición con elementos del peronismo disidente. Esto mucho tiene que ver con una idea que arrastra Macri, que fue menemista y mantiene una amistad personal con muchos peronistas poderosos en la década del ‘90, como Ramón Puerta y Juan Carlos Romero. De hecho, cuando años atrás Macri se lanzaba a la política siguiendo los consejos de Puerta, estuvo a punto de hacerlo como candidato a senador por Misiones. En ocasión de las elecciones presidenciales de 2011, cuando el dilema “nacionalización versus municipalización” se le plantea a Macri con toda intensidad, antes de optar por la segunda, manejaba la hipótesis de una candidatura presidencial sostenida, a nivel nacional, en un peronismo antikirchnerista operado por su otro amigo de esa extracción, Eduardo Duhalde. Finalmente, el púgil decidió ir por la reelección porteña y el sparring se subió al ring, y perdió por nocaut en el primer round.

No caben dudas, entonces, de que el plan original de Macri era convertirse en el candidato de un peronismo posible. Y estas ideas de otra época se trasladaron al imaginario del “círculo rojo” que desvela al fundador del PRO. Pero regresando de ese proyecto, hoy es poco lo que Macri puede ofrecerles. Entre aquellos planes y la actualidad pasó el kirchnerismo, que cambió todo, y hoy el peronismo conservador encuentra alternativas más funcionales para encolumnarse. Buena parte de ese peronismo soñado propone “mantener lo bueno y cambiar lo malo” , y allí Macri no tiene lugar, y muchos de ellos creen que el macrismo no suma dentro de una coalición peronista.

Contrariamente, el espacio panradical no sólo es más afin al PRO en el perfil de sus votantes, sino que hoy es el más flexible en materia de alianzas electorales, el que mejor incorporó el instrumento de las PASO, y el que más podría beneficiarse de un entendimiento con el macrismo. ¿No se hace hora de que Macri abandone sus proyectos de hace una década y se adapte a la realidad?

Finalmente, dos palabras sobre las declaraciones de Petrella sobre que el PRO está a la izquierda del Partido Demócrata estadounidense: no sólo no es cierto –el Demócrata, aunque no discute la economía de mercado, es el partido de los sindicatos, las minorías y los laicos–, sino que tampoco es producente. Los momentos más logrados del PRO –los éxitos electorales de Macri y Del Sel– fueron resultados de campañas y discursos conservadores- populares. Ese modo de mensaje, según muestra la experiencia, mejora el desempeño del PRO y otros experimentos, en cambio, no lo benefician.

Be Sociable, Share!
Esta entrada fue publicada en Edición 86 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una Respuesta a Una alianza entre Macri y el radicalismo

  1. daniel dijo:

    macri se quedo solo, aunque clarin le de una mano, tiene excasas chances en 2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *