Del nihilismo al desacuerdo

(Columna de Ignacio Ramírez, sociólogo y director de Ibarómetro)

Con sus apasionados desacuerdos,
kirchneristas y antikirchneristas le han impreso a la democracia argentina una vitalidad infrecuente en el mundo

Si bien únicamente sus últimos párrafos aluden explícitamente a nuestro país, el presente artículo formula algunas consideraciones sobre la calidad de la democracia en la Argentina. Poe nos enseñó que nada esconde mejor que lo evidente; de allí que los principales titulares periodísticos sobre el resultado de los recientes procesos electorales de Chile, Colombia y Francia hayan estado dedicados, respectivamente, a la victoria de Michelle Bachelet, al crecimiento del Frente Nacional de Marine Le Pen y al regreso del uribismo al centro de la escena política colombiana.

El caso es que al examinar el conjunto del cuerpo electoral se advierte que el comportamiento más generalizado de los comicios fue la abstención; alcanzando alturas históricas en los tres países. A los números: en la primera vuelta de Chile la participación electoral fue del 51,4%, en las elecciones legislativas de Colombia votó menos de la mitad del padrón y en las municipales francesas casi el 40% no fue a votar. Es decir, en los tres casos ganó el no-voto.

Las escenas internacionales elegidas –representativas de un fenómeno de mayor alcance– ilustran la presencia de un problema incómodo para las democracias contemporáneas, que por el momento no alcanza a la Argentina. Ante extendidos niveles de abstención electoral, el análisis puede transitar diversos objetivos.

-Detectar las causas.

-Analizarel impacto sobre el sistema político.

-Interpretar la abstención como mensaje y como signo de una determinada atmósfera sociocultural (¿qué nos dice de una sociedad donde un amplio segmento no vota?).

¿POR QUE NO VOTAR?

Las investigaciones dedicadas a la desafección ciudadana coinciden en subrayar el peso explicativo de los factores actitudinales, relativos a percepciones y creencias extendidas en una sociedad. En este terreno, se destacan dos explicaciones que dan cuenta de la pérdida de sentido atribuido al acto de votar. Me refiero, por un lado, a la percepción de una oferta política “commoditizada”, en la que al noadvertirse contrastes programáticos o ideológicos claros la noción de “elección” pierde su impulso motivador.

El segundo aspecto explicativo apunta hacia las habilidades auto-percibidas por los ciudadanos para comprender la política e intervenir sobre la esfera pública, lo que las ciencias políticas denominan “eficacia política interna” (EPI). Una amplia evidencia empírica acumulada establece un estrecho nexo entre bajos niveles de EPI y débil pulsión participativa. Un elemento adicional radica es la creencia según la cual el voto no selecciona a “los que mandan”. Un entrevistado de ficción colabora con un resumen más coloquial: “Para qué votar si da lo mismo quien gane, son todos iguales. Para qué voy a ir a votar si la política es algo ajeno a mi vida,que no comprendo. Para qué votar si el poder político no gobierna los destinos del país”.

Durante su campaña, Bachelet interpeló la gélida indiferencia del electorado chileno exclamando “no da lo mismo quién gobierna”. El enunciado pretendía desarmar la percepción de que no había“nada en juego”.

EFECTOS DEL NO VOTO

Un primer problema reside en la pérdida de “representatividad” del output electoral surgido de un proceso con altos niveles de ausencias, puesto que el perfil de quienes no votan no coincide con el de quienes lo hacen. De esta manera, el cuerpo electoral adopta una fisonomía distinta a la de la sociedad que debería reflejar, luce más viejo, más rico y más metropolitano. Asimismo, importantes márgenes de abstención electoral producen un impacto todavía más delicado, concerniente a la legitimidad del sistema político. Pese a las importantes divergencias que existen entre las teorías sobre la democracia, surge una intersección en la compartida certeza de que el voto es el piso mínimosobre el que se edifica la legitimidad del sistema. En este sentido, un voto tan incompleto entraña una severa falta de legitimidad a la esencia democrática. Al respecto, la Misión de Veeduría Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó a las autoridades colombianas que estudien los altos niveles de abstención en los comicios y busquen soluciones para corregir el problema.

¿QUE NOS QUIEREN DECIR?

En un proceso electoral el silencio no convalida; por el contrario introduce una ruidosa expresión de malestar. Una amplia deserción cívica constituye un síntoma de descreimiento que salpica a todas las instituciones y actores de la vida pública. La expansión de la desconfianza desertifica al espacio público, que se va plagando de las “babosas cívicas” sobre lasque escribe Robert Putnam en su “Bowling alone”. En un escenario de estas características se configuran las condiciones para un retraimiento sobre la esfera privada, mientras se profundiza la segmentaciónde la vida social. La hermenéutica del no voto es compleja, pero sin dudas constituye una señal negativa. No revela discreción, sino más bien apatía o enojos mal curados. En cualquier caso, la falta electoral suele ser rellenada con proyecciones e interpretaciones muy diversas, empujadas por el deseo de descifrar: ¿qué nos quisieron decir al no votar?

¿Y POR CASA COMO ESTAMOS?

La Argentina mantiene altos niveles de participación electoral [1], que oscilan alrededor del 80%. Pero más interesante son los rasgos del subsuelo de creencias y actitudes vinculado con esa masiva participación. Una reciente investigación llevada adelante por Flacso e Ibarómetro [2] reveló que –a diferencia de lo observado en los países visitados– la mayoría de los argentinos reconoce que la política tiene una incidencia significativa en su vida cotidiana. Aquella radiografía cultural mostró también que la idea de que “todos los políticos son iguales” recoge hoy en nuestro país una adhesión minoritaria.

Puestos en perspectiva, los datos revelan el resultado de un proceso cuyo punto de partida no era el consenso y la armonía sino el nihilismo y la bronca que distinguían el ecosistema anímico “2001”. Las recurrentes comparaciones en materia de “calidad democrática” –que suelen invocar a los países citados como modelos– no deberían soslayar el aspecto tratado en este artículo. Con sus apasionados desacuerdos, kirchneristas y antikirchneristas le han impreso a la democracia argentina una vitalidad infrecuente por estos tiempos.

[1] A diferencia de los países citados, en la Argentina rige el voto obligatorio. Sin embargo, el crecimiento de la abstención electoral obedece principalmente a aspectos culturales y políticos.

[2] El estudio fue dirigido por Luis Alberto Quevedo e Ignacio Ramírez. Sus principales resultados pueden consultarse en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-237622-2014-01-13.html

Be Sociable, Share!
Esta entrada fue publicada en Edición 99. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *