Continuidad y cambio en Neuquén

El MPN volvió a imponerse, pero obtuvo el menor porcentaje de votos de su historia y no contará con mayoría propia en la Legislatura.

Es poco menos que un dictum que este año político está signado por la dicotomía entre continuidad y cambio: es decir, si los y las votantes optarán por un nuevo gobierno que continúe los lineamientos y el estilo de los últimos doce años o elegirán a alguien que inaugure un orden más radicalmente rupturista con la última década larga. Sin embargo, los resultados de las elecciones provinciales que se realizaron hasta este momento no permiten realizar un pronóstico definitivo sobre las preferencias de los votantes. En las PASO provinciales se medía sobre todo la continuidad y cambio con respecto al ejecutivo provincial en cada caso. En las PASO de Salta parece haber primado la continuidad; en las de Mendoza el cambio; en CABA la continuidad, y Santa Fe parece encaminarse a las elecciones con un virtual empate entre ambos. No parece existir un impulso universal hacia el castigo a los incumbents, pero tampoco la automática renovación de la confianza.

En la provincia de Neuquén se llevó a cabo la primera elección ejecutiva vinculante del año. Y también en este caso los resultados parecen ser una combinación de continuidad y cambio.

Por el lado de la continuidad hay que marcar que esta compulsa confirmó la hegemonía a nivel provincial del Movimiento Popular Neuquino, el partido provincial que gobierna la provincia ininterrumpidamente (si se cuentan sólo los períodos constitucionales) desde 1963 a la fecha. El candidato del MPN, Omar Gutiérrez, ganó con una buena diferencia sobre el segundo más votado, Ramón Rioseco del FpV (37,81% a 28,87%) y resultó relegado al tercer puesto el que por años fue el principal opositor de la provincia, Horacio Quiroga de PRO-Nuevo Compromiso Neuquino. Además, el MPN recuperó municipios de importancia como Plottier y San Martín de los Andes. Todos estos datos parecerían indicar un firme impulso a la continuidad de los incumbents en la provincia patagónica.

Sin embargo, al mismo tiempo existe evidencia que podría hablar de un mayor apetito de cambio en los y las votantes, lo que podría señalar eventualmente de tiempos de crisis en el futuro del MPN. El MPN es un partido hegemónico pero competitivo. Es decir, el MPN habitualmente gana las elecciones pero podría perderlas. Y este “podría perderlas” se viene afianzando en cada una de las elecciones de los últimos años.

Sin dudas la política de Neuquén es competitiva. Lo es sin duda la política interna del MPN, prácticamente el único partido que ha elegido regularmente sus candidatos a todos los cargos electivos en internas en las que compite alrededor del 25% de la totalidad de votantes de la provincia. Lo es también a nivel de los gobiernos locales, ya que actualmente más de la mitad de la población provincial vive en ciudades que no son gobernadas por el MPN y la alternancia entre partidos es un dato habitual en la política local, con algunas excepciones como la de la Neuquén Capital. También han sido competitivas las últimas elecciones legislativas nacionales, en las que el MPN ha ganado y perdido (comenzando con la elección de 1985, en la que el MPN fue derrotado por el radicalismo).

Si se analizan los datos de esta elección que apuntan a un apetito social de cambio aparecen dos cuestiones relevantes: la primera es que el MPN obtuvo el porcentaje de votos más bajo de su historia (el segundo más bajo había sido 44% en 1999) y que, por primera vez, el MPN no tendrá mayoría propia en la Legislatura provincial. Los dirigentes opositores de la provincia se envalentonan con estos datos y algunos analistas señalan que el MPN está en camino a una derrota segura en el futuro –tal como sucedió por ejemplo con la UCR rionegrina, que gobernaba la provincia vecina desde 1983 y fue vencida en las urnas en 2011 por el PJ de Carlos Soria. Entonces, en lo que respecta a la pregunta sobre si a Neuquén le esperan tiempos de continuidad o tiempos de cambio la mejor respuesta es “sí” a ambas cuestiones. Mucho dependerá de cómo el próximo gobierno de Omar Gutiérrez –que nacerá más débil y más obligado a buscar consensos que los anteriores de su partido– maneje los cuatro años futuros, así de cómo logre Ramón Rioseco capitalizar y solidificar su papel opositor (en este sentido, hay que notar que Rioseco llega a fin de año al fin de su último mandato como intendente de Cutral Có y existe el riesgo de que su figura se diluya una vez en el llano y lo esperable es que se presente a algún cargo legislativo nacional en las elecciones de octubre).Central para este manejo será la evolución de un factor que el gobierno provincial no controla, como es el precio internacional del barril del petróleo, así como el avance que se vea (o no se vea) en una obra cara al imaginario desarrollista provincial que es la represa de Chihuidos. Lo que sí es seguro es que los cuatro próximos años que vengan serán turbulentos, con mayor protesta social y de una importancia innegable para el futuro del sistema político provincial

 

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