Aterrizando el Airbus

El manejo político del peronismo que ha realizado Cristina Kirchner en estos últimos dos años fue clave en estabilizar su Gobierno.

Sabemos que los dos momentos más peligrosos de un viaje en avión son el despegue y el aterrizaje. Paradójicamente, a pesar de encontrarse a menos altura que durante el vuelo de crucero es en ellos -dicen- cuando el avión tiene más peligro de sufrir accidentes. Es especialmente vulnerable el momento del aterrizaje, cuando el avión debe maniobrar para tener un buen acercamiento a la pista mientras disminuye su velocidad y su maniobrabilidad.

En la política argentina, como en los vuelos en avión, los aterrizajes suelen ser turbulentos y peligrosos. La sociedad política, y los actores relevantes de la élite argentina parecen tener algo así como un sexto sentido para detectar la debilidad de un presidente/a, cuyo poder disminuye con cada día que lo acerca al fin de su mandato. Los últimos meses de las presidencias suelen ser momentos en los cuales los actores pugnan por condicionar a los futuros gobernantes de la manera más tajante posible. Por eso en 1989 el hecho de que faltaran pocos meses para que Alfonsín dejara su mandato no sirvió para aplacar la crisis económica, sino al contrario, para azuzarla; por eso también la dura derrota de la Alianza en las elecciones de medio término de 2001 volvió imposible el aterrizaje de ese gobierno cuando reveló la debilidad de sus bases.

El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se encuentra atravesando el acercamiento final hacia el aeropuerto de destino desde hace dos años. Viene, si se puede forzar la metáfora, atravesando cumulonimbus, rayos y centellas y niebla espesa. Luego de ganar las elecciones de 2011 con un inédito 54% de los votos, el gobierno final de CFK se vio enfrentada a una serie de coyunturas que incluyeron, entre otros, una cirugía por un posible cáncer de tiroides, los cacerolazos masivos de 2012, el choque de trenes de Once que dejó decenas de muertos, una primera ofensiva de los fondos buitres que incluyó la retención de la fragata Libertad en Ghana, una cirugía de cerebro de la Mandataria, la dura derrota frente al ex kirchnerista Sergio Massa en 2013, la devaluación de enero de 2014, los fallos adversos del juez Thomas Griesa, un enfrentamiento creciente con sectores del Poder Judicial y el presidente de la Corte Suprema y finalmente la denuncia seguida por la muerte sumamente dudosa del fiscal Alberto Nisman, que fue acompañada con acusaciones de asesinato hacia el Gobierno. Por supuesto, la comparación metafórica con un avión culmina aquí: a diferencia del piloto que no maneja el clima, varios de estos desafíos nacieron de decisiones equivocadas o errores políticos del Gobierno, como puede ser el manejo del “cepo” del dólar, la mala política de transporte, el aumento de la inflación o el mal manejo de la relación con el PJ de la provincia de Buenos Aires que culminó con la victoria de Massa en PBA.

Y sin embargo…, contra los pronósticos de muchos, Cristina Fernández de Kirchner no sólo no ha tenido que realizar un aterrizaje de emergencia sino que en estos días comienza a ver a lo lejos las luces de la pista, baja el tren de aterrizaje y se dispone a pedir a los pasajeros que se abrochen el cinturón, enderecen sus respaldos y traben sus mesitas adosables, pues se encuentran, todos ellos, próximos a aterrizar.

Y no sólo eso, sino que su partido político, el Frente para la Victoria (FpV), llega con ella en mejores condiciones de las que parecían hace dos años. Los resultados de las primeras elecciones provinciales, si bien no son unánimemente beneficiosas para el FpV, tampoco muestran una avalancha incontrastable a favor de Mauricio Macri o Sergio Massa. Las encuestas comienzan a hablar de que sería posible (o al menos no imposible) una victoria del FpV en primera vuelta. Y la imagen personal de Cristina Fernández de Kirchner sube en las encuestas mientras más se acerca diciembre.

Podría hablarse del efecto positivo que tuvo un mayor control por parte del Gobierno de las variables macro y microeconómicas; sin embargo, el objetivo de esta nota es señalar otro factor estabilizante que es menos discutido por los análisis. Se trata del manejo político que ha realizado Cristina Fernández de Kirchner del peronismo en estos últimos dos años.

Recapitulemos: a inicios del 2014 el Gobierno había perdido las PASO luego de una campaña en la que la Casa Rosada se había involucrado de manera directa en el armado de listas y en la cual Daniel Scioli se había comprometido personalmente. Sergio Massa prometía una “lluvia de garrochas” en la cual intendentes y gobernadores peronistas saltarían del FpV a su nuevo Frente Renovador. El impacto de la devaluación se sentía y las encuestas comenzaban a dar mal para la Presidenta y su Gobierno. Muchos hablaban de que el peronismo “te acompaña hasta la puerta del cementerio pero no adentro” e inclusive de que la pérdida de apoyo de los gobernadores llevaría al fin anticipado del Gobierno.

Desde ese momento la estrategia de Cristina Fernández de Kirchner se tradujo en dos principios aplicados férreamente: “todos a las PASO” y “el candidato es el proyecto”. Bajo el primer principio, el Gobierno se dedicó a contener a los jugadores principales del PJ bajo la promesa de que todos tendrían posibilidades concretas de competir por la hegemonía futura; bajo el segundo, Cristina Fernández se abstuvo de elegir a un sucesor aún en contra. Estos dos principios, más un redoblado énfasis en la relación personal con los gobernadores expresado en la convocatoria al Congreso del PJ, disminuyeron los incentivos para irse del FpV rumbo a una opción como el FR, que demostró problemas en su construcción.

Hay que señalar que en estas dos decisiones Cristina Fernández fue en contra de los deseos de su propio “núcleo duro” que hubiera preferido que ella optara por un candidato “puro” aunque éste no “midiera” y que priorizara alineamiento ideológico de los dirigentes a la autoridad territorial. Pero la Presidenta, parece, mantuvo y mantiene como una prioridad llegar a diciembre y, si puede, ponerle la banda a otro presidente del FpV. Así, el PJ hasta ahora es noticia por lo que no hizo: Scioli no rompió con el Gobierno, ni un gobernador se fue, y se acaban de bajar los candidatos con pocas chances.

Es que sin disciplina del peronismo no hay aterrizaje posible: es que falta muy poco, y al mismo tiempo tanto, para poder decir las tranquilizadoras palabras “Señoras y señores, hemos aterrizado en el 2015. Rogamos mantenerse sentados con el cinturón abrochado hasta que el avión se haya detenido totalmente en la plataforma”.

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