El 17 de octubre de 1945

(Columna escrita junto a Santiago Senén González)

La fecha emblemática del peronismo se resignifica de distintos modos, 70 años después.

Ese día, el pueblo en las calles le torció el brazo por primera vez a una dictadura militar. Acto seguido, consagró al ex hombre fuerte de esa misma dictadura como nuevo líder popular, al frente de un movimiento político de masas identificado con la causa de los trabajadores y la bandera de la justicia social. Como se ha contado en mil y un relatos, ese miércoles 17 de octubre de 1945, la movilización obrera en defensa de las conquistas laborales obtenidas y otorgadas por el coronel Perón durante su gestión como secretario de Trabajo y Previsión, derivó en un clamor por su liberación luego de que fuera desplazado del Gobierno y detenido. Perón fue liberado y a última hora de esa jornada salió a los balcones de la Casa Rosada y le habló a la multitud reunida en la Plaza.

Ya desde el martes 16, grupos de manifestantes fueron llegando al centro de la ciudad desde la zona sur bonaerense. La CGT, con posiciones divididas, había convocado a una huelga para el 18, en defensa “de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía”. En la madrugada del 17, el coronel Juan Domingo Perón, hasta hacía poco uno de los principales jerarcas de ese régimen que había sido detenido el sábado 13 por presión de los sectores militares más refractarios a las reformas sociales, fue trasladado de la cárcel de Martín García al Hospital Militar. Los sindicatos de izquierda y los partidos Socialista y Comunista habían instado a no participar de ninguna manifestación y “unificarse para terminar con las maniobras del nazi-fascismo que atentan contra la libertad, la democracia y el progreso del país”. Contingentes de trabajadores confluyeron en la Plaza de Mayo exigiendo la libertad de Perón. Similares manifestaciones se reprodujeron en La Plata, Rosario y otras ciudades del interior.

Con esa movilización detrás, el Comité Nacional de Huelga, integrado por los representantes de los gremios autónomos y del secretariado de la CGT, inició conversaciones y una delegación de la CGT se reunía con el presidente, el general Farrell y le entregaba un petitorio reclamando satisfacción a las demandas gremiales. El coronel Perón exigía la renuncia de todo el gabinete y, tras recuperar su libertad, se dirigió a los manifestantes (una multitud de entre 60 mil y 250 mil personas, según los diferentes cálculos) desde los balcones de la Casa Rosada. Pasadas las diez de la noche Perón, escoltado por Farrell, anuncia su retiro del Ejército “para vestir la casaca del civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria”. Les habla a los trabajadores del país, les agradece su apoyo e invita a convertir el paro general del día siguiente en día “de festejo y esperanza”.

Era el momento fundacional de su flamante movimiento político. Las masas obreras, los “descamisados”, podían sentirse por primera vez actores protagónicos en la política nacional. Perón organizará una coalición amplia con el Partido Laborista como eje, sumando a ex radicales, socialistas y conservadores, y ganará las elecciones del 24 de febrero del ’46, consagrado como presidente en los comicios más democráticos ocurridos hasta entonces. Sin embargo, la fecha de nacimiento del peronismo, su mito fundante, no será el 24 de Febrero sino el 17 de Octubre.

Ese día nacía un nuevo modo de formular las distinciones políticas y articular el contexto internacional con la política doméstica, la sociedad con el Estado, las instituciones representativas con los factores de poder. De tal modo, el acta de nacimiento llevará esa característica contradictoria y multifacética que marcará sus derroteros: será un fenómeno revolucionario, por que llegó para cambiar el statu quo imperante, pero también conservador, por que aspira a reponer un equilibrio social que considera amenazado o alterado por factores exógenos o distorsivos (“el antipueblo”, “la oligaquía”). Convertido con el paso del tiempo en un ritual de congregación, fecha de conmemoración oficial durante casi una década, instituído como “Día de la Lealtad”, símbolo de la resistencia en los siguientes diecisiete años de proscripción, evocación de encuentros y desencuentros en los últimos treinta años, el 17 de Octubre quedó incorporado a partir de 1983, como hito historiográfico de la Argentina contemporánea y parte de la memoria colectiva.

Los 70 años del peronismo se dividen en dos partes exactas: 35 años en el gobierno y 35 años en la oposición. De ellos, 18 años de proscripción y resistencia y 7 en democracia. De los últimos 32 años de democracia, el peronismo gobernó 23; de los seis últimos presidentes, cuatro fueron peronistas. Pero además, hubo siempre varios peronismos, que fueron sedimentando década tras década. Hubo un peronismo “histórico” y tradicionalista, que se combinó –y confrontó- con otro “revolucionario”. En los años 60 y 70 esta coexistencia estalló con violencia, con situaciones de verdadera guerra civil. Hubo luego un peronismo “renovador”, de tinte socialcristiano, y otro populista que derivó con Menem en neoliberal. Finalmente, el componente populista viró hacia el nacionalismo estatalista con Néstor y Cristina Kirchner. Cada uno de ellos engendró su propia oposición, dentro y fuera de sus amplios perímetros. Hubo así, en cada etapa, un peronismo que se opuso a los peronismos en el poder, de tal modo que ante cada declinación de unos siempre hubo otros que se dispusieron a sucederlos disputando la representación del “verdadero peronismo”. Como lo señaló uno de sus principales historiadores, Juan Carlos Torre, “en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente”.

De tal modo, el famoso apotegma de Perón, respondiendo a una inquietud periodística mantiene su actualidad: “¿General, cómo se divide el panorama político argentino? Mire, hay un 30% de radicales, lo que Uds. entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas. Pero, General, ¿y dónde están los peronistas? ¡Ah, no, peronistas son todos!”.

 

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