Los dilemas de Daniel Scioli

(Columna de Nicolás Cherny)

En el oficialismo hay posiciones contrapuestas sobre la identificación con la Presidenta que tuvo y debe tener el candidato.

Pocas elecciones cambiaron tan abruptamente el clima de opinión dentro de un proceso electoral como lo hizo el 25-O. Mauricio Macri, cuya expectativa era arañar el balotaje, ahora parecería que ya lo ganó. El líder de Cambiemos aumentó sensiblemente el caudal de votos respecto de las PASO y ganar la gobernación de la provincia de Buenos Aires puede convertirse en un recurso adicional de cara a la segunda vuelta: intendentes y líderes territoriales de la provincia dependerán del Gobierno de María Eugenia Vidal en pocas semanas. Daniel Scioli, a quien todos daban a un paso de la casa de gobierno, debe entregar en pocos días la gobernación de Buenos Aires a la oposición e ir al balotaje remontando la cuesta. ¿Cómo atraer a ese 13% de ciudadanos que necesita para llegar a la Presidencia?

Scioli, sin embargo, fue el candidato con más adhesiones (9 millones de votos, 36,8%), tiene aún por cosechar el voto estratégico (que Macri ya explotó en la primera vuelta), se habrá librado de la pesada mochila de Aníbal Fernandez, y una vez que para el balotaje los aparatos territoriales comandados por los candidatos a cargos electivos subnacionales dejan de funcionar seguirá disfrutando de la capacidad para invertir recursos en la movilización de votantes que tiene el oficialismo. Es verdad que los resultados de la primera vuelta expresan un escenario que aumenta las chances de Macri de acceder a la Presidencia pero el clima de euforia tal vez subestima las oportunidades que puede aprovechar Scioli y los recursos que tiene a mano el oficialismo.

El problema es que dentro del kirchnerismo siguen en competencia dos diagnósticos. El primero dice que a Scioli no le fue lo suficientemente bien porque no cristinizó o kirchnerizó su campaña lo suficiente. Sin embargo, desde que aceptó ser el candidato del FpV Scioli decidió sobreactuar más su pertenencia al kirchnerismo y dar muestras de autonomía a cuentagotas. Jugado ya como delfín de Cristina dentro del FpV, cualquier gesto que hubiese dado muestras de autonomía podía desatar un conflicto interno capaz de destrozar sus chances de convertirse en presidente.

El segundo diagnóstico sugiere lo opuesto: que el error fue no despegarse mucho más de Cristina y hacer una campaña buscando ocupar más el centro con la expectativa de poder seducir a los votantes peronistas no kirchneristas. Los números de la primera vuelta parecerían forzar a Scioli a incorporar a su campaña más autonomía respecto del Gobierno y a reorienar el mensaje y dirigirlo a los peronistas no kirchneristas que votaron por Sergio Massa.

De momento, Scioli buscó asegurar el voto kirchnerista y ensayó un mensaje en el que sugiere difusamente que cambiará “mirando hacia delante”. El desafío de Scioli es, entonces, construir un discurso que consiga captar el voto no kirchnerista sin quebrar su relación con el kirchnerismo. Si eso quiere decir el llamado de campaña a “ser más Scioli que nunca”, a volverse más integrador, entonces deberíamos esperar un Scioli que camina hacia la autonomía y toma el riesgo de señalar más concretamente errores del kirchnerismo en política exterior, su posición frente al cepo cambiario o que hará con la falsificación de las estadísticas del INDEC. Es decir, para convertir su discurso en atractivo y verosímil para el electorado no kirchnerista deberá despegarse de Cristina y hacer un eje de su campaña cuáles serán las correcciones a las políticas del kirchnerismo.

En suma, para mejorar las chances de ganar el balotaje Scioli ya no podrá evitar poner en tensión su relación con el kirchnerismo. Si consigue volver verosímil para el electorado un discurso que mantiene su adscripción al relato kirchnerista y, al mismo tiempo, es capaz de señalar una agenda de cambios y correcciones aumentará sus chances de conseguir ese 13% que necesita para ganar el balotaje. En un nuevo escenario que aumenta las chances de Macri muy probablemente el kirchnerismo más duro se flexibilice y le permita más autonomía discursiva a Scioli. Forzado por las circunstancias a tomar más riesgos, Scioli puede tener un margen mayor para acercarse a los votantes de Massa. A la inversa, toda crítica al candidato del FpV ahora debilitado podría interpretarse como un quiebre en la coalición electoral oficialista y la preferencia del cristinismo por mantener el relato a toda costa impidiendo a Scioli captar el voto del peronismo no kirchnerista.

El interrogante es si Scioli tiene las habilidades de liderazgo para expresar al kirchnerismo y al peronismo no kirchnerista. De modo que también es posible que en la búsqueda de ser kirchnerista y crítico de las políticas del Gobierno Scioli no consiga expresar bien ninguna de las dos o que bajo esa tensión termine desatando un conflicto con el kirchnerismo que acabe disminuyendo sus chances en el balotaje.

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