Renovación y gobierno (sin transiciones)

Los recursos institucionales con que cuenta el nuevo Presidente no son tantos, pero son un buen punto de partida

Como se dijo en otra oportunidad, la cuestión central, en estas elecciones, fue menos un cambio de políticas que una renovación de la dirigencia. Renovación sorpresiva y sin transiciones. ¿En qué hubo hastío y hasta hartazgo? Varias cuestiones: a) un estilo de Gobierno unilateral, no dialoguista y con fuertes rasgos autoritarios, b) una división de la política y la sociedad que distinguía entre los amigos (buenos) y los enemigos malos, y c) un relato recargado que dio cuenta de la Historia, del presente y del futuro en clave de historieta ideológica que sólo puede ser sostenida y defendida desde la pasión o la ignorancia. Al nuevo Gobierno le tocará buscar consensos, establecer diálogos, incluir la consideración de otras perspectivas, reconciliar a la democracia con el pluralismo y a una sociedad dividida. Mauricio Macri obtuvo el 51,40% contra el 48,60% de Daniel Scioli. Esta fractura por mitades es fruto del balotaje más que de una Argentina en tono bicolor. ¿Cuánto cambio habrá? Es esperable que los haya en temas institucionales que abarcan desde una interpretación republicana del contenido de la Constitución, hasta las formas de la política, un Congreso más deliberativo y una Justicia más independiente. ¿En qué cabe esperar continuidad? El kirchnerismo dejó una agenda social que difícilmente podrá alterarse drásticamente. Lo mismo cabe señalar con algunas políticas que merecieron reconocimiento más allá del kirchnerismo como la inversión en ciencia y educación, aunque en este último tema se persiga una mayor calidad. En temas económicos, uno u otro candidato, más allá de lo dicho en la última parte de la campaña, no tendrían opciones demasiado diferentes. Y las urgencias son harto conocidas (cepo, reservas del Banco Central, inflación, etcétera). En lo que sí habrá cambios importantes es en lo que prácticamente no hablaron: política exterior. Macri ya adelantó que denunciará el Memorándum con Irán y pedirá la aplicación de suspensión de Venezuela del Mercosur. Y la cuestión seguridad será un tema inevitable y urgente.

La pregunta ahora es como gobernará Macri, con qué recursos humanos e institucionales. El PRO se ha quedado con los dos distritos más importantes –el Gobierno de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires– y con el Gobierno Nacional. Contará con las filas radicales y con los miembros de la Coalición Cívica, pero no será cuestión fácil la distribución de posiciones. Además, los tres constituyeron un espacio político, pero no prepararon ni constituyeron una coalición de Gobierno. La atención está puesta ahora en la conformación de los distintos equipos. En los próximos días se conocerán los nombres. Pero tan o más importantes que los ministros serán los puestos encargados de enhebrar acuerdos y tender puentes con el resto del arco político. La oposición será el FpV, con la mayoría en el Senado con sus 42 senadores y la primera minoría en Diputados con 117 legisladores entre propios y aliados. Además, posee 15 gobernaciones, personal en distintas administraciones locales y nacionales, y sectores en la Justicia. El macrismo cuenta con 41 diputados más los 50 de la UCR y la CC. Y en el Senado los números son aún más reducidos. Los recursos institucionales con que cuenta el nuevo Presidente no son tantos, pero son un buen punto de partida. Los argentinos nos acostumbramos a que un Presidente tenga la concentración de todo el poder y eso es un efecto de nuestra deformación presidencialista. El gobierno dividido puede ser fuente de conflicto, pero también inducir al consenso.

¿Qué debería hacer el nuevo presidente pensando en términos de gobernabilidad? En primer lugar, ser consciente de que el 51,40% obtenido no es propio, que ha revertido una derrota en primera vuelta y que las mayorías del balotaje son fabricadas. Como hizo Néstor Kirchner, deberá construir una legitimidad propia. Y no tiene mucho tiempo para ello pues en las legislativas de 2017 varios jugadores apostarán fuerte. Respecto las instituciones del Gobierno Federal, el Congreso será un campo más pluralista y será más complicado lograr la legislación requerida. Se supone que existirá una coalición legislativa en el espacio Cambiemos, pero seguramente el PRO deberá negociar con la UCR y la CC. Los socios no serán necesariamente complacientes. Pero no le alcanzará para sancionar una ley en Diputados a menos que obtenga el apoyo del peronismo no kirchnerista u otros legisladores. Aquí podrá pactar en cada ley o tener un acuerdo un poco más amplio respecto de ciertas políticas públicas. Pero el Senado siempre estará en otras manos y le será más esquivo. Para lograr el apoyo de la oposición debería tener un gran consenso de la población y lograr una buena relación con todos los gobernadores, los que continuarán necesitando los fondos del Gobierno Nacional. Si el Presidente no reúne el apoyo suficiente, la vía del decreto de necesidad y urgencia será un instrumento a la mano. Gracias a la ley 26.122, el Presidente sólo necesita el apoyo de una de las cámaras para poder legislar. Esa ley, que rige desde 2006, fue pensada para el kirchnerismo, pero ahora podrá ser utilizada por el nuevo Gobierno. También podría usar el instrumento del decreto para remover algunos altos funcionarios que tienen mandato no vencido. Aquí primará más el hecho consumado que el cumplimiento de las formas. ¿Acaso Cristina no removió a Martín Redrado mediante un decreto de necesidad y urgencia? En cuanto a la legislación que el peronismo puede sancionar usando sus mejores números, el nuevo Presidente contará con el veto total o parcial. Y ya ha demostrado en el Gobierno de la Ciudad que considera al veto un importante instrumento de gobierno. También se beneficiará de los “superpoderes” impuestos por el kirchnerismo en 2006, pudiendo el jefe de Gabinete reasignar las partidas presupuestarias. Respecto de la Justicia no será necesario que Macri ratifique su devoción por la división de poderes. El fallo de la Corte contra los jueces subrogantes y el de otro Tribunal de alzada sobre la inconstitucionalidad de la composición del Consejo de la Magistratura fue señal suficiente para los nuevos tiempos.

¿Intentará Macri conformar una coalición de Gobierno? Hasta ahora no ha dado señales en ese sentido pues el propio Cambiemos está bastante lejos de ese supuesto. Y menos interés aún parece haber respecto de las huestes de Sergio Massa. El nuevo Presidente parece que privilegiará la alianza con la gente, intentando engrosar su legitimidad. Si lo logra, le será más fácil retener el apoyo del espacio Cambiemos, obtener victorias en el Congreso y retrasar una oposición que no se perfila condescendiente. Entretanto, el peronismo tendrá juegos paralelos que en algún punto se entrecruzarán. El destino del kirchnerismo será perecer o emprender la reconquista del poder. El peronismo disputará liderazgos en un escenario de impostergable renovación. Y entre ambos hay cuentas pendientes que saldar. Mientras tanto, la fragmentación del peronismo puede ser un inesperado aliado para el Gobierno.

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