Hasta ahora

El principal activo del macrismo es haber logrado transmitir, en campaña y ahora en el Gobierno, un cambio de estilo.

Es bien conocida la anécdota como también las dudas que hay sobre su veracidad: en la histó- rica visita de Richard Nixon a China, alguien de su comitiva le preguntó aZhou Enlai sobre la Revolución Francesa. Tras un silencio, Zhou dijo lacónicamente: “Demasiado pronto para decir algo sobre ella”. La frase fue, luego, tomada como un clisé para ejemplificar las diferencias en las consideraciones temporales de Occidente versus las de Oriente.

Pero en Argentina el tiempo corre todavía más apurado que en Occidente, y vale aquí la anécdota (falsa) de la conversación que tuvieron Raúl Alfonsín y Deng Xiaoping a propósito de la visita que le hizo el Presidente argentino en 1988. La leyenda cuenta que ante la preguntachina de cómo estaban las cosas en la Argentina, Alfonsín comentó: “La semana pasada no pudo ser peor, con corridas y levantamientos;en estasemana,las cosas están un poco más calmadas, y espero que para la próxima semana, cuando yo vuelva, todo esté entrando en la normalidad”. Alfonsín devuelve la pregunta a Deng: “¿Y cómo está todo aquí por China?”. A lo que el líder comunista le contesta: “En el siglo pasado nos preparamos para competir con Occidente, hoy ya lo estamos haciendo, y el siglo que viene esperamos que sea el de nuestra supremacía”. “Se non e vero, e ben trovato”, dirían los italianos.Dos meses y mediode Gobierno de Mauricio Macri y los opinólogos ya sacan sus conclusiones, lo cual no deja de ser válido para este lapso –y, si todo sigue así, también para lo que vendrá, obvio–. Perojustamente lo que se pone en duda es si el Gobierno va a poder seguir así, como hasta ahora. O sea, un Gobierno mimado por las noticias que vienen el exterior (elelogio más escuchado sobre el Presidente de boca de los inversores extranjeros es “We love him!”), y una figura presidencial cuya popularidad en las encuestas de opinión es sencillamente balística. Pero también un Gobierno con problemas manifiestos de gestión, que le suman alguna complejidad a la ya de por si grave herencia kirchnerista.

El espaldarazo que significa las tempranas visitas del Presidente de Francia y el de Estados Unidos es tremendamente importante, aún si solo se tiene en cuenta la situación de cuello de botella que enfrenta Argentina en su negociación con los holdouts: es que, si no se resuelve este tema, no habrá sencillamente dinero para bancar al gradualismo ajustador.

Y parecería que la opinión pública entiende (por ahora) la aceleración inflacionaria y los tarifazos como un sinceramiento de la situación artificial generada por CFK y Axel Kiciloff para irse con unas banderas tan altas que, incluso si ganaba Daniel Scioli, el sucesor tenía que arriarlas un tanto. Suficiente, como para que lo que hoy es políticamente lo más parecido a la Armada Brancaleone, grite delirando “Macri neoliberal”.

Ciertamente poca plata en términos de lo que se mueve a nivel internacional haría a Macri, y al resto de los argentinos, muy felices. Pero las necesidades de financiamiento para los estándares argentinos son muy altas. La pregunta que todos se hacen es, si es necesario ajustar más, la sociedad, la política y las corporaciones se lo van a bancar. Y, si no hay más remedio, no convenía hacerlo de un tirón, con el recuerdo negativo kirchenrista bien vivo. Contrafácticos, sin embargo, decisivos mientras se mantienen como posibilidades.

El principal activo del macrismo es haber logrado transmitir en campañay ahora en el Gobiernoun cambio de estilo, uncambio especialmente estético,adjetivoque no es peyorativo ni mucho menos. Se podrá discutir si la dinámica verticalista de Macri tiene algo de la de Kirchner y señora. Pero lo cierto es que el “relato K”, más que adoctrinar, saturó, empalagó y generó un enorme rechazo que hoy disfruta el macrismo con solo retirarse del centro de la escena política, y cambiar los gritos por buenos modales, a Máximo porAntonia, a Milagro Sala por JuianaAwada y al “petiso”Ottavis porel “handsome” Prat-Gay.

Como acotaría el finado Niklas Luhmann, finalmente, no se sabe cuánto un Gobierno gobierna realmente a una sociedad, pero sí que –cuantomenos– coordina comportamientos (muchas veces en su contra). Hoy en día las expectativas siguen altas y también la confianza, esencial para hacer “como que se gobierna”.

Dicho esto, que dos meses es poco para evaluar a un gobierno lo demuestra el hecho de que el macrismo no ha podido tomar control del aparato de Estado –para decirlo de algún modo, ya que si algo dejóel kirchnerismo fueroncotos de caza y patrullas perdidas,y poco y nada de islas de eficiencia burocráticas–. Hoy el Estado no funciona de oficio, y lo que funciona muchas veces espara generar males públicosy dividendos privados –antes se denominaba corrupción-.

Al poco tiempo que ha pasado se le suma, primero, que el PRO es una fuerza nueva y con algunos calificadísimos cuadros de élite, pero que le falta expansión profesional para llenar los cargos estatales de las tres jurisdicciones políticas más importantes del país (el radicalismo ha aportado muy marginalmente con cuadros, todo un indicador de que, como dijimos aquí en varias oportunidades, este no es un gobierno de coalición sino una convergencia política entre varias fuerzas que tienen como eje la Presidencia).

En segundo lugar, al problema cuantitativo se le suma el cualitativo:pasar de la administración de la Ciudad a la Nación no es solo una cuestión de escala sino una milonga totalmente diferente. Y si es cierto que a Macri le llevó un tiempo tomarle ritmo de gobierno en la administración porteña lo mismo parece sucederle en la Nación, con urgencias políticas un tanto más acuciantes.

Problemas que se ven reflejados en las idas y venidas en temas importantesque han quedados disimulados por la “luna de miel” de la que disfruta Macri como también por el novedoso reconocimiento del error y búsqueda de caminos alternativos, totalmente diferente del muy kirchnerista apretar el acelerador aunque enfrente se encuentreel abismo.En esto, hasta ahora, la nueva Administración parece emular lo dicho por un sardónico político republicano estadounidense: “La Casa Blanca siempre encuentra la mejor solución para nuestros problemas, una vez que agota totalmente el repertorio de opciones equivocadas”.

Un punto importante –totalmente opinable, pero de interés al menos para quien escribe estas líneas– es lo que justo guía la escueta lógica comunicativa del Gobierno: basta de “relato”, ¡res non verba!Pero parecería que lo meramente estético y los incentivos concretos a veces no alcanzan para marcar un rumbo nacional, entusiasmar a los actores clave y hacerlos salir un poquito de como venían haciendo las cosas – siempre en su interés–. En estas épocas posmodernas no se trata de andar a los gritos en Plaza de Mayo, pero sí de volver claro un rumbo que cumple la misma función que la seguridad jurí- dica: saber que, al menos, ciertas cosas, no van a darse tan fácilmente. El discurso del 1ro de marzo será una buena oportunidad.

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