Ante las PASO más interesantes de la historia

Por Julio Burdman

 

Este año, las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) cumplen 10 años efectivos. Fueron creadas en 2009 pero se utilizaron por primera vez en las elecciones generales de 2011. Se las acusó varias veces de innecesarias, porque en muchas oportunidades los principales partidos y frentes electorales buscaron evitarlas, forzando listas únicas. E incomodaron bastante: prueba de ello es que en los años electorales siempre aparece algún dirigente que propone suspenderlas o eliminarlas.

Por lo general, las PASO incomodaron por razones de timing o voto estratégico. Los candidatos temieron que los calendarios de votación perjudicasen sus chances frente a los candidatos de otros partidos, y buscaron excusas para intentar acomodarlos a lo que creyeron más conveniente para ellos. Nada inusual en el juego democrático. Pero hasta ahora, nunca había ocurrido que los jefes partidarios nacionales temiesen la competencia desde adentro. Ahora sí está pasando.

Las PASO se crearon con tres objetivos: ordenar, fortalecer y democratizar a los alicaídos partidos políticos. Los dos primeros objetivos, directa o indirectamente, se cumplieron en las cinco elecciones anteriores, y hoy podemos decir que tenemos dos grandes coaliciones nacionales -Todos y Juntos- que supieron sacarle provecho al mecanismo de las primarias.

Como mínimo, podemos decir que Juntos, antes Cambiemos, fue posibilitada gracias a las PASO, ya que en 2015 las tres fuerzas fundadoras (PRO, UCR y CC-ARI) llevaron a sus respetivos candidatos «adentro» de la primaria de la coalición, y de allí salió el vencedor: Mauricio Macri.

Y cuatro años después nació Todos como respuesta estratégica al volumen electoral obtenido por Cambiemos. Los diferentes peronismos, que en el pasado se habían dado el lujo de competir por separado, aprendieron que ahora el acceso al poder requería de una gran coalición.

Este nuevo bipolarismo ordenó el sistema, reprimiendo la tendencia a la división por conveniencia. Y lo fortaleció, ya que las dos coaliciones son heterogéneas pero por ahora parecen inclinarse hacia sus alas moderadas. Sin embargo, estaba pendiente el tercer objetivo: el de la democratización.

En Juntos, el control de Macri ya no está, y la coalición tiene primarias intensas en los principales distritos. Con pronósticos que son genuinamente inciertos, como debe ser en la democracia. Si nos concentramos en los cuatro más grandes -CABA, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba-, en algunos no se sabe quién va a ganar, y en otros no hay seguridad de que los votantes de la lista perdedora en noviembre se vuelquen matemáticamente hacia la ganadora. Todo está abierto.

Veamos la segunda variable: en CABA y Buenos Aires, los candidatos Facundo Manes y Ricardo López Murphy son críticos de la presidencia de Macri, y sus votantes no son totalmente compatibles con las candidaturas de María E. Vidal y Diego Santilli.

Supongamos que en CABA gana Vidal, y López Murphy ni siquiera logra la representación por la minoría: ¿cuán convincente sería su llamado, después de la derrota, a votar por Vidal, y en qué medida evitaría que una parte de esos votos vayan a Javier Milei? Y supongamos ahora el escenario inverso, que no es imposible, de que gane López Murphy: ¿quedarían juntos y las aspiraciones presidenciales de Rodríguez Larreta y Vidal en pie después de semejante balde de agua fría?

En provincia podemos formularnos las mismas preguntas sobre Santilli y Manes, solo que reemplazando el nombre de Milei por el de Florencio Randazzo. En cuanto a Juntos en Santa Fe, que para senador nacional lleva cuatro listas, podemos preguntarnos qué sucedería si gana el macrista Federico Angelini. ¿Cuántos votos radicales en Juntos se llevaría a su molino en noviembre el tercero en discordia, que es el Frente Progresista, sobre todo si en esa primaria se impone Giustiniani? Entre otros cálculos estratégicos.

Todos fue mucho más tajante en su estrategia de listas únicas, para evitar la disidencia interna y mostrarse unido ante la sociedad. Sin embargo, se le abrió un interrogante  en Santa Fe. Allí, el sector que lidera el referente del kirchnerismo provincial, Agustín Rossi, no cerró filas con el gobernador Omar Perotti, y presentó su candidatura a pesar de las objeciones de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que apoyan expresamente al gobernador. Lo interesante es que, a pesar de eso, es probable que Rossi gane la primaria a Marcelo Lewandowski y a Perotti.

El exministro de Defensa hace campaña explicando a su electorado que el verdadero candidato oficialista es él, y no la lista de Perotti que, dicho sea de paso, va como candidato suplente, y con su foto en la boleta. La pregunta inquietante es: ¿qué pasa si Rossi gana a pesar del aval de CFK a su rival? Rossi se muestra como el más leal, pero la insubordinación es un hecho, y si tiene éxito se abre la posibilidad de que Todos tenga una nueva figura fuerte, y para colmo disonante, proveniente del interior del país. Y en el contexto de una crisis gravísima, que tiene en situación de malestar a una porción importante del electorado oficialista. Por esta razón, el desenlace de Santa Fe hoy es el epicentro político del oficialismo.

Como vemos, en estas primarias lo más interesante sucede dentro de las coaliciones, y no en el juego interpartidario. Los liderazgos de Rodríguez Larreta y Cristina están a prueba. Esto significa dos cosas: la primera, es que el objetivo de la democratización finalmente se logró en 2021, diez años después de la entrada en vigencia del sistema. Y la segunda, es que las elecciones de noviembre serán distintas de las primarias. Septiembre define las coaliciones, en noviembre entran en juego los proyectos de país.

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