La Grieta Cuántica y los Universos Para Lelos

Por Luis Tonelli

 

Siempre hay algún trasnochado, y más en estas épocas de absurda grieta “ideológica”, que afirma que Jorge Luis Borges no es literatura argentina, sino literatura internacional. La obra de Borges es ya, de hecho, patrimonio de la humanidad. Siempre recuerdo la impresión que me produjo ver que Foucault afirmaba en el Prefacio de Las Palabras y las Cosas que ese gran libro había encontrado su inspiración en la risa producida por una clasificación de animales que presentaba Borges en su cuento “El idioma analítico de John Wilkins”. Clasificación encontrada en cierta enciclopedia china, titulada El Emporio Universal de Conocimientos benévolos y que ordenaba a los animales, a saber en: (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados,(d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. 

Levanté la vista y le dije entusiasmado a mi papá Nacho “Foucault cita a Borges” a lo que me contestó “¿Y quien es ese Foucault? (a quien conocía obviamente, pero me remarcaba así su escala de importancia).

Sin embargo, las distopias de Borges se hacen realidad en la Argentina,  a tal punto de ya un autor costumbrista, más argentino que el dulce de leche, aunque ciertamente esas distopias no se narran en la fina prosa borgiana y asumen un grotesco que empalidece al cocoliche del grotesco criollo de, por ejemplo, un Stefano (la amarga obra de teatro de Armando Discépolo, el hermano dramaturgo de Discepolín sobre un inmigrante italiano que fracasa pero le escribe a su familia que se quedó que está triunfando).  

En El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, escrito en 1941, Borges adelanta la teoría de los mundos paralelos que Hugh Everett publicará diez años después. Teoría que de descabellada no tiene nada, (entre sus adherentes se encontraba Stephen Hawkins), ya que es una consecuencia directa de la física cuántica, en que los sucesos cuánticos pueden ser o no ser, dependiendo su existencia de una probabilidad fáctica (como en el famoso experimento teórico del gato de Schrödinger, en el que el felino encerrado en una caja puede estar vivo o muerto a la vez). 

En su cuento (el primero en ser traducido al inglés) Borges habla del intento de un sabio chino Ts’ui Pên de emprender la construcción en simultaneo de un laberinto infinito y de una novela infinita El Jardín de los Senderos que se Bifurcan -que al final vienen a ser la novela misma) en la cual, a diferencia de “todas las ficciones, en las que cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta— simultáneamente—por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo”.

El gobierno de Alberto Fernández parece haber aprendido a gobernar leyendo las enseñanzas del filósofo chino va por Borges. Mas que dedicarse exclusivamente a tratar la cruda y dura realidad que enfrentamos dedica mucho de su tiempo a describirnos una Argentina que quizás es uno de esos Mundos Paralelos, en los que no estamos ni usted ni yo, y por ahí, tampoco muchos más.

En uno, el Presidente ordena cumplir a rajatabla la cuarentena eterna; en el otro, el mismo inflexible Presidente participa alegremente del alegre cumpleaños de su alegre pareja rodeado de alegres amigos en la ahora alegre Residencia Presidencial de Olivos.

En un mundo, el Presidente  anuncia el homenaje a los muertos por el Covid, aunque sigan muriendo decenas todos los días, la realización próxima de espectáculos masivos, de la vuelta del futbol para todes con presencia en las canchas de esos tiernos caballeros que alienta a su escuadra favorita, comunica que en breve  no será obligatorio el  uso del barbijo. En el otro mundo, el nivel de contagios es más bajo que antes solo porque se testea a menos gente que antes, la cifra de muertos sigue siendo alta, y falta que llegue la cepa Delta. Se menciona a que en Reino Unido ya han habilitado el regreso a la vida normal. Y obviamente, lo que no se menciona es que en esa Isla, la mayoría de la población ya ha recibido las dos dosis necesarias para enfrentarla, y se planea una tercera dosis, cuando aquí, la aplicación de dos dosis apenas alcanza al 30% los residentes, y con problemas para obtener vacunas.

En un mundo, el FMI hace un mea culpa por haberle dado 48.000 millones de dólares a Macri, que después se encargó de fugarlos con ayuda de sus amigos, y nos perdona el pago de la deuda por veinte años, según el pedido de CFK, sin pedirnos nada a cambio. En el otro mundo, el Ministro Guzmán está haciendo hoy lo mismo que Macri: canjear parte de la deuda cara por deuda más barata. La diferencia está que usará los derechos especiales de giro que repartirá el FMI entre todos sus miembros para consolidar sus reservas y permitirles así orientar parte de ellas a impulsar el desarrollo en sus economías aquí se usaran para canjearlos por dólares que nos prestarán a una tasa muchísimo menor que la que pagaríamos hoy (en realidad, nadie nos prestaría hoy).

Hay un beneficio adicional que tiene el Gobierno con su capacidad de habitar mundos paralelos. Genera semejante confusión, semejante cambalache, que contagia esa confusión a todos y volamos a ciegas sin instrumentos. El presidente se contradice en la misma oración, y si no, lo contradice la señora vicepresidenta o Verbistky. Sufrimos una inflación galopante, pero un imberbe de La Cámpora, verdadero kindergarten de repetidores, nos dice que nos quejamos de gordos, que en Afganistán volvieron los Talibanes por la desidia de los malvados yanquis (cuando antes condenaban la invasión): Que la pobreza no ha dejado de crecer pero que no han podido implementar el programa que nunca dijeron que tenían por la pandemia, pero que a partir de ahora sí van a empeñarse en ser mejores. Y que el único problema que tenemos es una invasión de carpinchos en los countries, que al ser proteínas bastante sabrosas, deberían ser pensados como solución alimentaria y no como motivo de grieta, Carpinchos o Muerte. En fin.

Claro, la duda que nos entra es que sí estamos realmente en una situación como la postulada en El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, o en la Teoría de los mundos paralelos, en la que un mundo era tan real como el otro (a tal punto que su creador, Everett, ordenó que sus cenizas fueran tiradas a la basura, de tan convencido que estaba que seguía viviendo en muchos de los otros mundos).

Aquí parece suceder que un mundo nos parece real, en el que usted y yo vivimos, y otro parece totalmente imaginario, una sarta de mentiras alucinadas que se aprovechan de la grieta para ser creída y defendida por fanáticos que, sin embargo, sufren el mundo real. Cada uno decida en cual habita. O quizás lo que suceda es que la grieta es un fenómeno cuántico y cada uno vive realmente en su mundo. Vaya uno a saber.

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