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Desplastificar la CABA: un nuevo enfoque para una Ciudad más verde

La Ciudad necesita trabajar en dos frentes: prevenir los desechos plásticos y mejorar el reciclaje. Una buena estrategia es hacerlo a través de incentivos y "empujoncitos".

Funcionarios de Ambiente destacan importancia de tratamiento de residuos y economía circular
Funcionarios de Ambiente destacan importancia de tratamiento de residuos y economía circular .
Ines Alberico Ines Alberico 30-03-2022
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La Tierra se está ahogando en contaminación plástica. Cada año se producen alrededor de 300 millones de toneladas de plástico en todo el mundo, lo que equivale casi al peso de toda la población humana. La mitad se utiliza para crear artículos de un solo uso, como bolsas de la compra, vasos y sorbetes, que son utilizados unos minutos y luego desechados, dañando el medio ambiente, la vida silvestre y la vida humana. 

A nivel global, el 79% de los desechos plásticos producidos se encuentran en basurales o en el medio ambiente, mientras que alrededor del 12% se ha incinerado y solo 9% se ha reciclado. 

La Ciudad de Buenos Aires no está exenta de este problema: cada año se consumen y desechan 78 kg de plástico por persona, el doble del promedio nacional. Más del 80% de los desechos en las playas y costas de Buenos Aires son plásticos y Argentina ocupa el puesto 28 entre los países que más desechos plásticos arrojan al mar.

En los últimos años, el Gobierno de la Ciudad ha comenzado a trabajar en diferentes estrategias para reducir la cantidad de residuos plásticos. 

En 2017, se prohibieron las bolsas de plástico desechables no biodegradables en los supermercados y, en 2019, se prohibieron las pajitas de plástico en restaurantes y bares. La prohibición de las bolsas de plástico tenía como objetivo reducir el uso en 55%, aproximadamente 580 millones de bolsas de plástico y eventualmente hacer desaparecer las bolsas de plástico desechables. 

Sin embargo, no existen datos actuales para analizar el impacto de estas políticas. Hoy, el enfoque del Gobierno está en el Programa de Reciclaje. Informan que 46% de los ciudadanos reciclan “de alguna manera” y se han comprometido a que 80% de los ciudadanos reciclen para 2023. 

Este dato en realidad es engañoso, porque  muchas personas piensan que están reciclando cuando no lo hacen correctamente. De hecho, en una entrevista reciente, trabajadores de la Dirección General de Reciclaje de la Ciudad declararon que sólo el 30% del contenido de los "tachos verdes" es reciclable. 

Es difícil evaluar la dimensión real del problema.  Los datos disponibles para el público indican que en la Ciudad se producen diariamente 7.500 toneladas de residuos y se recupera aproximadamente 56%. En el gráfico podemos observar la composición de estos residuos. 

Gráfico: composición de los residuos recuperados en CABA.

Una cuarta parte de los residuos recuperados son reciclables, pero no está claro si se reciclan o no. Además, la Ciudad afirma que casi el 80% de la basura residencial es potencialmente reciclable. La falta de datos transparentes sobre cuánto y qué tipo de materiales se reciclan es un problema que no se puede pasar por alto y hace falta una rendición de cuentas. Lo que se puede inferir es que el programa de reciclaje tiene mucho potencial sin usar.

Como parte de la red global C40, la Ciudad tiene la oportunidad y la responsabilidad de comprometerse a proteger nuestro ambiente. Es hora de que el Gobierno dé un paso más y aborde los residuos plásticos de una manera más integral. Pero, ¿cómo hacerlo?

Una opción sería ampliar la prohibición de plásticos de un solo uso. Esta alternativa es atractiva, pero problemática. En primer lugar, no es bueno para el medio ambiente si solo se centra en prohibir/gravar los plásticos de un solo uso, pero permite otros tipos de desechables, por ejemplo, vasos de papel o cartón. 

Esto está sucediendo con la prohibición de los sorbetes de plástico: muchos restaurantes y bares ofrecen sorbetes de papel desechables en su lugar, cuando el objetivo debería ser que no repartan artículos desechables en absoluto. 

Crea una falsa ilusión de hacer algo mejor por el medio ambiente sin sacrificar la comodidad, pero en realidad está intercambiando un problema por otro. Aparte de esto, los costos políticos son demasiado altos y el Gobierno no puede permitírselo en este momento. Promulgar una política que amenaza puestos de trabajo no es una opción.

La Ciudad necesita trabajar en dos frentes: prevenir los desechos plásticos y mejorar el reciclaje. Una buena estrategia es hacerlo a través de incentivos y "empujoncitos" (nudging) en lugar de medidas regulatorias restrictivas. Esta última es una estrategia popularizada por Thaler  y Sunstein en su libro "Nudge" y consiste en guiar a los ciudadanos hacia un comportamiento deseado con refuerzo positivo y sugerencias indirectas en lugar de forzarlos restringiendo sus opciones, como en el caso de la prohibición. 

De esta manera, los ciudadanos y las empresas se comprometerían voluntariamente con un modelo de economía circular, generando un cambio duradero hacia la sostenibilidad. Esta política tendría costos políticos mínimos en comparación con la regulación tradicional porque permite la libertad de elección.

Para prevenir los desechos plásticos, la Ciudad debe combinar campañas de concientización con incentivos para cambiar a opciones más sostenibles. La educación es un pilar esencial para generar cambios en la sociedad, pero cuando a los ciudadanos no se les presentan alternativas asequibles, la promulgación del cambio parece casi imposible. Es por ello que parte de esta política implica asegurar que los ciudadanos puedan acceder a productos sustitutos y trabajar con las empresas para incentivar el desarrollo de proyectos de Economía Circular. 

Con respecto al reciclado, el mayor problema del reciclaje es la falta o la incorrecta separación de los residuos en origen. Por eso la Ciudad debe enfocarse en la educación de los ciudadanos y en incentivos para reciclar adecuadamente. Esto lograría aumentar la cantidad de material reciclado, generando mejores condiciones de trabajo para los "recuperadores urbanos" y mayores ganancias para la Ciudad. Todo el material que se recicla significa dinero y la reducción de la basura también, pues la ciudad paga al CEAMSE (relleno sanitario) por el transporte y desecho de esta.

Finalmente, la concientización, el monitoreo y la comunicación continua del progreso al público ayudarán a generar confianza y fortalecer el compromiso con la causa. Esto también afectará positivamente la percepción del Gobierno, ya que cada vez más ciudadanos, especialmente de las generaciones más jóvenes, se preocupan por la protección del ambiente. Los desechos plásticos son actualmente una tragedia de los comunes y la única forma de salir de ella es con el compromiso público de cambiar el actual "modelo desechable" por una economía circular. 

 

Fuentes

  • UICN (2021) Resumen de problemas de noviembre de 2021. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales. 
  • Sitio web del GCBA
  • JR Jambeck, R. Geyer, C. Wilcox, TR Siegler, M. Perryman, A. Andrady, R. Narayan y K. Lavender Law, Science 347, 768 (2015). 
  • Carbono News, Recicladores urbanos de CABA: "El 70% del contenido de los tachos verdes está contaminado y no se puede reciclar"
  • Thaler, RH y Sunstein, CR (2009). Nudge: Mejorar las decisiones sobre salud, riqueza y felicidad. Penguin Books.


 

 

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