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La oveja negra del Norte Grande

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29-03-2021
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Por Juan Yannuzzi

Las manifestaciones en Formosa abrieron la discusión sobre la calidad democrática de algunas provincias y su relación con el financiamiento nacional. No faltaron los argumentos que afirman que la falta de alternancia en los ejecutivos provinciales está directamente relacionada a exorbitantes porcentajes de empleados estatales en relación con los privados. Esta idea posiciona a este tipo de provincias cercanas al concepto de Estado rentístico, el cual alega que frente a la baja o nula necesidad de incentivar la recaudación propia y la presencia de una fuente exógena de recursos se reducen los incentivos para la rendición de cuentas por parte del gobierno y con ella el nivel de la democracia. Los reclamos del recientemente re-consitutído bloque regional del Norte Grande podrían perder legitimidad frente al avance de este tipo de creencias.

El Norte argentino presenta los menores niveles de desarrollo humano del país. El desempeño en variables como el porcentaje de empleo privado, la pobreza y la calidad educativa, es significativamente menor a la media nacional. Esta situación denota una asimetría regional profunda que, a la luz de la historia, se instala como una característica casi estructural del federalismo argentino.

Consultado por el estadista sobre las razones del subdesarrollo de la región norte, el economista Marcelo Capello expresó: “se debe, entre otros factores, a sus menores posibilidades, ya sea por geografía o régimen de lluvias, para el desarrollo agropecuario, que resultó muy importante para la zona central del país. No obstante, algunas provincias que lo integran cuentan con otras riquezas naturales de alto valor, por ejemplo, las mineras, o las posibilidades para el turismo que surgen de sus paisajes, por citar algunas. También han exhibido tradicionalmente indicadores más rezagados en materia de educación que el resto de provincias. Seguramente en algunas de las provincias del Norte Grande han influido también los factores institucionales, la calidad de la gestión pública y del funcionamiento del sistema republicano, aunque este punto podría estar ligado a la organización del federalismo fiscal argentino.”

Por otro lado, Carlos Gervasoni, experto en política subnacional, afirmó que no considera que haya algo estructural en el bajo desarrollo del norte argentino y aclaró que “esa es la visión habitual, que habría algo cultural-geográfico-demográfico que haría que estas provincias no se desarrollen. La realidad es que el desarrollo económico ha ocurrido en lugares con igual o peores condiciones. El norte tiene tierras productivas, tiene bellezas naturales para el turismo, tiene acceso a los mercados de Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y una fácil salida al Pacífico, no es que le falten recursos para desarrollarse. Tampoco hablaría de malas gestiones para explicar el retraso relativo, hay mucha heterogeneidad en las diez provincias del norte. Hay provincias donde uno ve un desarrollo de un sector productivo privado de relativa robustez (Tucumán, Salta, Misiones) turismo, agroindustria y minería, que conviven con provincias que son extremadamente rentísticas, es decir que viven principalmente de las rentas del federalismo fiscal”.

Estas asimetrías regionales se dan en un sistema político que se destaca en el mundo por el nivel de distorsión en cuanto a la representación regional en el Poder Legislativo nacional. Esa región, junto con el sur del país y el conurbano bonaerense, construyen las columnas vertebrales del voto peronista que pierde participación en las provincias centrales. Los números hablan por sí solos, las diez provincias que constituyen el NOA y el NEA suman el 22% de la población nacional y representan el 25% de los integrantes de Cámara de Diputados y el 42% del Senado. Esta sobrerrepresentación legislativa no se traduce de manera directa en beneficios sostenidos por parte del Estado Nacional al bloque norteño. Esto se evidencia en la localización geográfica de las erogaciones presupuestarias del gobierno federal, de las que las provincias del norte reciben el 15%, proporción significativamente menor a su participación en la población total. En cuanto a la distribución de los fondos coparticipables, el norte recibe el 25% del total. Esta diferencia positiva hay que comprenderla a la luz del criterio de distribución de la coparticipación federal determinado por la Constitución, donde se estipula que “será equitativa, solidaria y dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional.”

Con este contexto estructural y mientras el resto del país centraba la discusión política en torno al conflicto del presupuesto a las fuerzas de seguridad en el AMBA, las provincias del norte argentino relanzaron, en noviembre del 2020, el bloque subnacional “Norte Grande”. Su objetivo es claro, unirse en pos de negociar frente al Estado Nacional. Los principales objetivos son: equilibrar tarifas a nivel federal, con un aumento de los subsidios al transporte y a la energía; aumentar el financiamiento educativo, para atender a una de las áreas menos desarrolladas de la región y fomentar la inversión privada para generar empleo y reducir la pobreza. Recientemente se tomaron diferentes medidas impositivas para mejorar la situación de la región.

Mientras tanto, desde el Estado nacional parece consolidarse una estrategia de federalismo selectivo, donde en vistas de la cercanía de las próximas elecciones legislativas parece estar apostando todo a mantener las victorias provinciales conseguidas en 2019. Esto se configura con la instalación de la idea de un centro del país “opulento”. Este adjetivo fue utilizado por primera vez en la disputa federal por la vicepresidente en un mensaje contra la Ciudad Autónoma de Buenos Aires al defender la quita de coparticipación. En palabras del propio Presidente en la última apertura de sesiones ordinarias: “Un problema estructural de la Argentina que debemos reparar es la falta de federalismo (?) Un país central opulento que contrasta con un norte empobrecido y una Patagonia postergada no es definitivamente un país justo. Debemos poner todos nuestros esfuerzos para eliminar las asimetrías que esta realidad exhibe”.

En esta línea, Gervasoni aclara que “Cambiemos también puso el ojo en la región cuando proyectó el Plan Belgrano, que era por sobre todo inversiones en infraestructura, lo que nos da una idea de que es un tema presente en la agenda política nacional. Sin embargo la cuestión parece encaminarse a una persistente falta de iniciativas reales, carente de cronogramas, presupuestos y objetivos delimitados, mientras que sobran los anuncios de propuestas y planes sin sustento.”

Las manifestaciones sociales y la respuesta represiva de las autoridades formoseñas produjeron un importante revuelo a nivel federal, con gran repercusión en los medios nacionales. En conjunto con las críticas a las posibles vulneraciones a los derechos humanos se trató la cuestión de la relación entre la permanencia en el ejecutivo provincial del gobernador y los fondos que recibe la provincia en concepto de transferencias desde el Estado Nacional. Considerando que esta característica se repite en otras provincias de la región norteña se puede pensar que las manifestaciones y sus repercusiones deslegitiman parcialmente el reclamo del bloque al implicar una situación de desfavorecimiento que estaría siendo cuestionada. Consultado sobre estos acontecimientos, Capello reconoció que “los hechos ocurridos en Formosa en los últimos meses por supuesto no ayudan a la imagen del Norte Grande, por cuanto se visualizan situaciones de violencia institucional que pueden contagiar las imágenes de otras jurisdicciones de la región, con razón o sin ella.”

En este contexto no debe llamar la atención la defensa, por parte del Gobierno Nacional al ejecutivo provincial formoseño, sin antes terminar de constatar la ausencia de violaciones a los derechos humanos. No cabe duda de que el aporte de votos en las elecciones nacionales por parte de los ciudadanos de Formosa influye en el posicionamiento del Gobierno Nacional. Las manifestaciones sociales pueden generar un cambio inédito en la historia del norte, mostrando talvez, que el esquema del federalismo fiscal argentino esta quedando obsoleto.

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