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La provincia de Buenos Aires, al Guinness de los monstruos

06-06-2014
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Siempre incordió al país, primero como ciudad y después como provincia. El primer problema fue resuelto en 1880, el segundo persiste.

La provincia de Buenos Aires merece estar en el libro Guinness de records mundiales, y no por buenas razones: es la unidad federada más hipertrofiada del mundo. El crecimiento desmesurado de un órgano puede favorecer a un tenista o a Dick Watson, pero en una federación es una lacra: perjudica a las demás provincias, lastra al gobierno nacional y castiga a sus propios habitantes al tornar su gobierno lejano y opaco.

Desde hace tres décadas, los gobernantes bonaerenses se limitan a administrar sus carreras políticas mientras la provincia se hunde en la emergencia. Para entender la monstruosidad en que se convirtió Buenos Aires, el estadista desarrolló un Índice de Hipertrofia Federal (IHF). Con él se mide el grado de hipertrofia de la provincia o estado más grande de un país federal.

Acá aparecen ocho casos, ordenados de menor a mayor:

Bélgica: Flandes 1,75

Alemania: Renania del Norte-Westfalia 3,50

Canadá: Ontario 3,80

México: Estado de México 4,50

India: Uttar Pradesh, 4,65

Brasil: San Pablo 5,70

Estados Unidos: California 6

Argentina: Buenos Aires 9,35

El Indice de Hipertrofia Federal considera dos factores: población y cantidad de provincias. La fórmula es muy simple: porcentaje de población nacional de la unidad más poblada por cantidad de unidades sobre 100. Así, una provincia que albergue al 30% de los habitantes nacionales será equilibrada en una federación con tres provincias, pero resultará grande en una con diez ?y enorme en una con veinte-. Cuanto mayor es el IHF, más desproporcionada es la distribución de la población y menos balanceado el federalismo.

De todos los casos mundiales de hipertrofia, Buenos Aires es el más monstruoso. No siempre fue así. Según el primer censo nacional, realizado en 1895, sólo el 22% de los argentinos residía en la provincia. Medio siglo más tarde, en 1947, la cifra llegaba al 28%. Fue en ese momento cuando, en simultáneo con la aparición del peronismo, se produjo un salto abrupto. A partir de 1980 la proporción de bonaerenses sobre el total nacional se estabilizó en el límite del 38%. Buenos Aires nació incordiosa pero no monstruosa; en engendro se transformó de grande.

Pero la provincia no es homogénea: además de elefantiásico, el monstruo es macrocéfalo. Dos tercios de sus habitantes viven apretados en una pequeña área que rodea a la Capital Federal. Por eso el gobernador suele atender en sus oficinas porteñas del BAPRO, y los partidos políticos provinciales (empezando por el PJ y la UCR) tienen sus sedes en la ciudad de Buenos Aires y no en La Plata. El federalismo es un relato.

Para los argentinos de otras provincias, la hipertrofia bonaerense genera un déficit de atención que los aleja del Gobierno Nacional. Para los bonaerenses, la macrocefalia se expresa en tres elementos: una capital opaca y burocrática que administra la mediocridad, un conurbano hiperpoblado de inseguridad e infraestructuras vetustas, y un interior abandonado a sus propios recursos. El conurbano merece un párrafo aparte: esta treintena de municipios concentra la mayor proporción de ricos y de pobres del país. Entre countries y tierra de nadie, sus contrastes son una postal del tercer mundo.

La división de la provincia de Buenos Aires no es un capricho académico sino una terapia que responde a este diagnóstico. Historiadores como Natalio Botana, economistas como Lucas Llach y políticos como el radical Pascual Cappelleri y el massista José Eseverri la han propuesto en diversos momentos y formas.

La separación del conurbano y el interior, así como la organización del conurbano en corredores en vez de cordones, se justifica también en los estudios del polifuncionario kirchnerista-sciolista-massista Daniel Arroyo. El consenso es transversal entre quienes han estudiado el tema. La oposición también es transversal, y agrupa a los burócratas y políticos beneficiados por la falta de control. Porque la provincia de Buenos Aires es un gigante deforme e ingobernable, pero no estéril. Al contrario, su opacidad y descontrol se reproducen y prosperan en los pasillos de la Legislatura y los ministerios platenses. ¿Habrá nacido el líder político, bonaerense o no, que le corte la cabeza a la hidra?