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Entrevista

Politólogos del mundo con cita en Buenos Aires

el estadista habló con Marianne Kneuer, ex presidente de la Asociación Internacional de Ciencia Política, en el marco de su visita a Argentina

Congreso Mundial de Ciencia Política en Buenos Aires.
Congreso Mundial de Ciencia Política en Buenos Aires.
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Además de ser la expresidente de la IPSA, Marianne Kneuer es una reconocida investigadora alemana que estudia la democracia, su erosión y la autocracia contemporánea. Su campo de estudio ha cobrado especial relevancia con el crecimiento de discursos antidemocráticos. el estadista habló con Kneuere sobre su visita a nuestro país y sobre su visión de la política latinoamericana.

¿Cuál es el motivo de su visita a Argentina?   

Estoy visitando Argentina en mi función de past president de IPSA (Asociación Internacional de Ciencia Política). Durante mi presidencia fue que IPSA eligió a Buenos Aires como sede del Congreso Mundial en 2023. Hay que saber que el Congreso es la actividad más importante de nuestra asociación y que es un evento de dimensión global ya que IPSA tiene membresía en 108 países del mundo. El Comité Ejecutivo se ha reunido aquí para conocer el sitio del Congreso, que será la UCA, y al comité de organización local. 

marianne kneuer
"La comunidad politológica argentina está floreciendo y es muy activa", dice Kneuer

¿Qué expectativas hay con él Congreso Internacional de Ciencia Política del 2023? ¿Cómo ve a la comunidad politológica local?

El Congreso va a ser una oportunidad para juntar a un gran número de la comunidad politológica de América Latina y de atraer a nuestros miembros del resto del mundo. Buenos Aires es un lugar de gran interés para otras regiones, donde también IPSA quiere resaltar su compromiso para el Sur Global y al compromiso con América Latina. El Congreso va a fortalecer la relación con la SAAP y con ALACIP. La comunidad politológica argentina está floreciendo y es muy activa, producen muchos aportes al mundo de la Ciencia Política y sobre todo en su región. Argentina ha tenido unas figuras preminentes como Guillermo O´Donnell que sigue siendo uno de los mejores politólogos del Siglo XX y que también ha sido presidente de IPSA. Es también por ello que es una alegría tener de nuevo el Congreso en Buenos Aires, después de 1991 que O´Donnell lo organizó aquí. 

¿Cuál va a ser el lema/eje y cómo ve a la comunidad politológica local? 

El lema será “Política en la Era de Crisis Transfronteriza”. Con este lema IPSA invita a la reflexión sobre como las crisis que estamos viviendo impactan a las sociedades y sobre todo a los sistemas políticos. La dimensión global de nuestra membresía permite de manera única cubrir todas las regiones. Creo que es muy pertinente que la Ciencia Política en momentos de pandemia y guerra tome una posición de análisis pero también de trabajo sobre conceptos y soluciones. Considero que es una tarea de la Ciencia Política transferir a la ciudanía y a los actores políticos nuestros conceptos, conocimientos y análisis.

¿Como evalúa el desempeño de la calidad democrática de los Estados latinoamericanos? ¿Qué variables cree que hay que comenzar a tener en cuenta? 

Es importante dibujar primero un panorama más amplio en términos de desarrollo de la calidad democrática antes de centrarse en la región latinoamericana. Tenemos pruebas de una tendencia general al deterioro de la calidad democrática, pero la pregunta importante es saber qué áreas se ven afectadas por este descenso de la calidad democrática. En primer lugar, hay una trayectoria clásica de creciente represión de la expresión, los medios de comunicación y las libertades civiles, combinada con el deterioro del discurso político. No cabe duda de que la situación de la libertad de expresión, de los medios de comunicación libres y de la calidad de la información está en proceso de cambio con implicaciones más bien negativas, especialmente en relación con la lógica funcional de las redes sociales. Podemos observar el efecto en una cantidad de casos y creo que en este sentido la situación en América Latina no difiere tanto de la situación en otras regiones.

La segunda vía de deterioro de la calidad democrática consiste en la concentración de poder en el Ejecutivo a expensas de los tribunales y el Legislativo. Esto fenómeno de hecho corresponde a lo que el gran politólogo argentino O'Donnell llamó "democracia delegativa", que conlleva la erosión de la responsabilidad horizontal. 

Luego, cuando ambos fenómenos coinciden, uno de los resultados puede ser que esto conduzca a una situación que ya no puede llamarse democrática. Pensemos en Venezuela y Nicaragua, por ejemplo.

En total, veo una diversidad de calidad democrática en el continente: veo un panorama diverso, empezando por los países claramente autoritarios como los dos que acabo de mencionar, más Cuba. Junto a un grupo de democracias con una calidad democrática relativamente estable como Uruguay, Chile o Costa Rica. A continuación, se observa con preocupación el creciente grupo de regímenes híbridos o intermedios a los cuales también se puede subsumir exactamente los países grandes como Brasil, México y también Argentina.

¿Qué rol cree que deba tener en un contexto de crisis de representación la comunidad académica de cientístas políticos? Y ¿Cree que la Ciencia Política podría asumir un rol más proactivo en cuanto al diseño de instituciones democráticas adaptadas a las demandas contemporáneas?

Creo que las múltiples crisis de los últimos años nos muestran que la ciencia política ha recuperado relevancia. En general, y aquí puedo reflejar la diversidad de posiciones que he conocido como Presidente de la IPSA, no existe un consenso entre los politólogos sobre si deben tener ese papel público y si deben comprometerse a ser audibles y visibles públicamente. Independientemente de la diversidad dentro de la disciplina sobre esta cuestión, la pandemia impulsó la demanda de asesoramiento científico. Ahora bien, este nuevo reconocimiento de la ciencia puede parecer una lección positiva para nosotros los científicos, y por supuesto que lo es, pero quiero señalar que esto está cargado de algunas ambivalencias.

En esta pandemia, los responsables políticos no pudieron evitar basar sus decisiones en la experiencia de la ciencia. Y muy pronto se vio que donde esto no ocurrió -como en Brasil o Estados Unidos- se produjeron acontecimientos adversos. Pero más allá de las ciencias naturales, creo que este nuevo reconocimiento de la ciencia tuvo efectos indirectos para otras disciplinas, es decir, también para las ciencias sociales y, concretamente, para la ciencia política.

Al mismo tiempo, sin embargo, quiero señalar una ambivalencia que se refiere a las diferentes lógicas del mundo de los medios de comunicación y de la ciencia. Los medios de comunicación estaban y están muy interesados en dar protagonismo a los expertos durante la pandemia. Esto es bueno para los científicos, porque sólo así somos capaces de tener realmente un impacto en el público. Sin embargo, no todos los científicos están formados o preparados para actuar en el escenario mediático con su propia lógica. Por otro lado, chocan dos lógicas diferentes: los periodistas quieren declaraciones puntuales y mensajes claros. Los científicos argumentan de forma equilibrada, tienen siempre presente la complejidad de los contextos y sus mensajes se basan en ello. Además, los hallazgos de la ciencia política no tienen por qué coincidir con las percepciones de los medios de comunicación y del público.

Permítanme contarles mi experiencia. Debido a mi investigación sobre solidaridad en la pandemia del Covid, a menudo se me han acercado y entrevistado periodistas. A menudo, me encontré con una posición ya preconcebida sobre preguntas como por qué ha fracasado la solidaridad en Alemania. Mi primera tarea fue entonces dejar claro que esta pregunta ya se basa en premisas falsas, en la medida en que ni los resultados de los estudios ni las pruebas pueden demostrarlo. 

Por último, una ambivalencia muy práctica. ¿Quién decide la persona que aparece en los medios de comunicación y el público como experto? Los que tienen los hallazgos más relevantes, los que adoptan una posición desviada y por lo tanto son interesantes para la cobertura mediática, o los que tienen el tiempo y los recursos para participar en apariciones en los medios de comunicación. Ellos podrían ser aquellos estudiosos que tienen grandes equipos de asistentes y ayudantes de investigación y la infraestructura para hacer un trabajo mediático elaborado con podcasts, blogs, Twitter, etc. Aquí podría radicar un problema debido a los recursos asimétricos; y esto se refiere tanto al Norte Global como al Sur Global, incluso en diferentes grados.

En total, los politólogos durante algún tiempo, especialmente cuando las crisis se conviertan en la 'nueva normalidad', seremos más demandados y necesarios con nuestros hallazgos, nuestras opiniones y nuestras recomendaciones. Al mismo tiempo, sin embargo, probablemente tendremos que examinar más detenidamente los mecanismos de esta interacción entre la ciencia política y la política, entre la ciencia política y los medios de comunicación, y entre la ciencia política y los ciudadanos. En nuestra disciplina no hay ya una opinión unánime sobre hasta qué punto se debe interactuar con el público. Pero los que ven esto como un mandato, y me cuento entre ellos, necesitan reevaluar y reflexionar sobre estos mecanismos de cómo la ciencia puede cumplir su papel público sobre la base de la experiencia con la pandemia del Covid-19.

 

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