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"La racha está activada": el boom viral de Nasry Asfura, un candidato incansable en el territorio

Asumió el nuevo presidente de Honduras, quien durante su campaña construyó poder caminando los barrios: con trabajo, diálogo, cercanía y austeridad. Esta elección demostró que los candidatos se construyen y que los valores no se negocian.

Nasry Asfura
Nasry Asfura

La geopolítica adquiere cada vez más importancia en las coyunturas propias de cada país. Las decisiones que toman los gobiernos ya no se explican solo por dinámicas internas: hoy están atravesadas por disputas de poder regionales, alineamientos estratégicos y tensiones globales que condicionan agendas, discursos y gobernabilidad.

América Latina expone muy bien este fenómeno y, durante este año, atravesará procesos electorales clave en Colombia, Perú, Costa Rica y Brasil, lo que moverá el tablero político de toda la región. 

En ese marco, el 2026 se inaugura con un hecho significativo que es la asunción del presidente electo de Honduras, Nasry Asfura. Ocurrió con un acto ceremonial que tuvo una puesta en escena austera, en un contexto de recursos limitados y demandas sociales urgentes. Esta decisión funciona como una declaración de principios, frente a los que Asfura demostró no dar el brazo a torcer: él va cuidar el dinero de los hondureños para encarar un proceso de reconstrucción.



En la actualidad, los patrones de los votantes marcan una tendencia de orden en rechazo hacia el otro. La polarización es la lógica dominante de todos los procesos electorales y la campaña de Honduras no fue la excepción, con la salvedad de que dicho proceso tuvo una particularidad que vale subrayar: el debate no solo giró en torno a dos modelos antagónicos de país, sino que ese clivaje se expresó en un escenario tripartito.

Por un lado, Nasry "Tito" Asfura, representante explícito de un proyecto de derecha, en el otro extremo, Rixi Moncada, candidata del oficialismo y defensora directa del gobierno de Xiomara Castro. Y, en una posición ambigua, Salvador Nasralla, quien buscó reconfigurar su posicionamiento bajo el sello del Partido Liberal luego de haber sido parte del equipo de Castro.

Desde el trabajo realizado en el equipo de "Papi a la orden" podemos resaltar que se trató de una campaña austera en un país complicado. Asfura provenía de un partido tradicional (Partido Nacional) y sus fortalezas como candidato no estaban precisamente en dos aristas de la "Triple vía", como lo son los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales.



Sin embargo, la famosa frase "La racha está activada" logró potenciar la cercanía genuina que Tito transmitía en el contacto directo con la gente a un nivel exponencial. Este fenómeno viral logró instalarlo en la conversación digital y, sobre todo, entre los jóvenes.

Pero: ¿Quién es Nasry Asfura? Conocido como "Papi a la orden" —por su modismo coloquial y su forma directa de vincularse con los ciudadanos y los miembros de su equipo— Nasry Asfura es un empresario exitoso del sector de la construcción y fue alcalde de Tegucigalpa entre 2014 y 2022, con reelección incluida.

A lo largo de su trayectoria política consolidó un perfil auténtico, de cercanía real y capacidad de gestión. En términos electorales, sostuvo siempre un tono propositivo y un mensaje de unidad, incluso cuando el contexto invitaba al contraste.



Como suele ocurrir en los grandes desafíos, la verdadera personalidad aparece cuando el escenario aprieta. Cuando la campaña ingresó en una fase donde los manuales de la comunicación política recomiendan endurecer el discurso, Asfura eligió continuar con su estilo. Mantuvo su postura porque entendía que Honduras necesitaba paz y unidad el día después de la elección.

Relegó una "victoria asegurada" en términos discursivos por un activo más valioso: gobernabilidad futura. No negoció su forma.

En lo personal y profesional, encontré a un candidato atento, humilde y con capacidad real de escucha. Un liderazgo escaso en la región: de los que realmente buscan lo mejor para su país. Porque Tito tiene el mapa de Honduras en la cabeza y recuerda al detalle las conversaciones que mantiene con sus paisanos sobre las problemáticas de cada barrio. 



El territorio es su máxima fortaleza y el 30 de noviembre quedó demostrado. Su obsesión por el trabajo lo llevó a desarrollar una campaña de mucha cercanía, con el foco puesto en caminar 24/7 y saludar a la mayor cantidad de hondureños que se le acercaban. Nadie se iba sin su foto, su charla, su video o su abrazo.

El proceso electoral de Honduras vivió un hito clave que para los argentinos suena muy cercano. Se trata del apoyo explícito por parte de Donald Trump hacia uno de los candidatos con los que coincide ideológicamente, tal cual sucedió en nuestro país en las elecciones legislativas del año pasado.

Estados Unidos es un actor determinante en la economía hondureña. Para dimensionarlo: según cifras oficiales de diciembre 2025, las remesas familiares representan más del 25% del Producto Bruto Interno (PBI) del país. Una amplia mayoría de ese monto proviene de migrantes radicados en los Estados Unidos que envía dinero a sus hogares. 



Cada señal que proviene desde Washington tiene un impacto político inmediato. Honduras es un país pequeño en términos estructurales y toda mención explícita de interés por parte de Estados Unidos despierta atención y expectativa.

El mensaje de Donald Trump, publicado el miércoles 26 de noviembre —a cuatro días de la elección— fue un hito clave en la campaña. El desafío no fue solo capitalizarlo, sino gestionarlo estratégicamente.

El texto condensó cuatro definiciones centrales: respaldo explícito a Asfura, caracterización ideológica del proyecto de Xiomara Castro y Rixi Moncada, desarticulación del discurso de Nasralla y una señal clara de que Estados Unidos solo podría trabajar con una presidencia de Papi.



Tras confirmarse la victoria de Asfura en la antesala de la Navidad, el respaldo fue inmediato: se expresaron Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Chile, China, Taiwán, Uruguay, la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos, entre otros.

Para Asfura, su objetivo es transformar a Honduras como transformó Tegucigalpa y el primer mensaje presidencial marcó el tono: reconciliación, unidad y paz, bajo una promesa simple y potente: "Honduras, no te voy a fallar."

En ese sentido, días previos a su asunción, el presidente electo tuvo una intensa gira internacional, nutrida por reuniones de peso político y empresarial en Estados Unidos e Israel. 



Detrás de la victoria de Asfura hubo un equipo profesional, con roles claros y enfoque multidisciplinario: geopolítica, investigación, estrategia, medios, ecosistema digital, discurso, mensajes, vocerías y operatoria del Día D. La comunicación puede ordenar el caos cuando se ejecuta con método, disciplina y equipo. Honduras fue la prueba de ello.

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