Por Carolina Pérez Roux y Santiago C. Leiras
El 1° de octubre de 2024, Claudia Sheinbaum Pardo se convierte en la primera mujer en asumir la presidencia de México. Su triunfo en junio fue interpretado como la continuidad política de la era iniciada por su mentor y antecesor Andrés Manuel López Obrador-AMLO. El ex presidente la ungió como sucesora tras el encumbramiento obtenido en su gestión como alcaldesa de Ciudad de México. Sin embargo, la relevancia de la figura de AMLO en el triunfo de Sheinbaum, coloca a esta última en una doble tarea: Por un lado, consolidar una línea propia de gobierno y por otro no entrar en contradicciones con su mentor.
Ahora bien, ¿Qué nos dicen otras experiencias entre mentores y delfines? Algunos acontecimientos de los últimos 15 años pueden sugerir cursos de acción y desenlaces posibles.
En el año 2010, Brasil y Colombia atravesaron procesos sucesorios en los cuales el presidente saliente entregó el mando a un sucesor previamente ungido por él como candidato. Sin embargo estas dos experiencias mostraron caminos muy distintos en cuanto a la relación posterior mentor-delfín.
En efecto, mientras que la sucesión entre Lula da Silva y Dilma Rousseff fue cooperativa, la protagonizada por Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos no tardó en enrarecerse hasta culminar en una crítica ruptura sin retorno. Así también esta última dirección caracterizó, en 2017, la sucesión y posterior relación entre Rafael Correa y Lenin Moreno en Ecuador. Más recientemente, en Bolivia la ruptura de la relación entre Evo Morales y Luis Arce ha tenido su expresión en fuertes episodios de violencia política y un más que incierto desenlace desde el punto de vista institucional.
Estos escenarios sugieren que si los presidentes al momento del retiro gozan de altos niveles de competitividad, difícilmente dejarán manos libres a sus ungidos cuando estos asuman el poder. Por la misma razón, estos últimos una vez que llegan a la presidencia encuentran incentivos para marcar distancia de sus mentores. La probabilidad de que estos busquen ejercer el poder "tras bastidores" es un obstáculo a la consolidación del nuevo liderazgo. Al mismo tiempo, si el ungido sucesor se anima a diferenciarse para construir su impronta particular, el mentor puede tomarlo como un desafío a su propia supervivencia política. En efecto, el deseo de ejercer el poder "tras bastidores" buscaría a su vez evitar quedar a la sombra de un sucesor exitoso.
Hasta aquí, las rupturas mencionadas se dieron en contextos que habilitan la reelección, ya sea consecutiva con chances a futuro de una nueva postulación -Brasil y Colombia- o bien indefinida -Ecuador hasta 2018 y Bolivia hasta 2023-. No obstante estas diferencias, el punto central es que un ex mandatario está habilitado a volver al poder. Esta expectativa de posible regreso alienta a que los presidentes busquen mantener su centralidad política aún a costa de sacrificar la relación con sus delfines.
Por ello es dable pensar que en México, dada la ausencia de la reelección presidencial, los incentivos para una guerra intestina se aminoran ya que ningún mandatario está habilitado a volver al poder. Esto nos lleva a interrogarnos si nos encontramos aquí ante un nuevo tipo de relación.
Claudia Sheinbaum podría en principio no estar tan desafiada como sus colegas Santos, Moreno y Arce. En efecto, el ex presidente AMLO pareciera no querer posicionarse en el centro de la escena pública. Sin embargo, es conveniente señalar que el nombramiento de su hijo Andrés Manuel López Beltrán como Secretario General del partido MORENA es una muestra de que el mentor de Scheinbaum no está dispuesto a dejarle libres todos los espacios, aunque tampoco esto necesariamente represente una señal de "guerra".

La actual mandataria tiene sin duda el desafío de consolidar un liderazgo propio manteniendo la cohesión partidaria y a la inversa... Mantener la cohesión partidaria será fundamental para la consolidación de su liderazgo. De la habilidad que muestre la presidenta para lograr este imperativo dependerá que su alta popularidad se traduzca en una línea alternativa dentro del partido fundado por su mentor.
En adelante, el transcurso del mandato de Sheinbaum develará dos cosas: si consolida o no su liderazgo, y con ello, si finalmente estamos o no frente a una nueva dinámica de relación mentor-delfín. En caso de que lo primero no se cumpla, probablemente veamos algún subtipo conflictivo similar a los anteriormente señalados.