Internacional

Trump dará a Rusia la Ucrania ocupada para aislar a China

¿Presidencia de paz o de guerra? ¿Qué pretende con Panamá, Canadá, México y Groenlandia? ¿Y en Medio Oriente? En Europa, los votantes se alejan de sus dirigencias.
Donald Trump discute con Zelenzky. Putin, en el cuadro, sonríe de fondo. Imagen hecha con IA. Grok
Oscar Muiño 14-01-2025
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Donald Trump no quiere aliados. Sólo vasallos. Pero tal vez habrá de respetar a Rusia. Está decidido a amigarse con ella, sacarla de la órbita económica china (Pekín se lleva barato lo que Occidente ha dejado de comprar) y desgajarla del Imperio del Medio.  

El precio será el traspaso a Moscú de los territorios que ocupa en Ucrania a cambio de su compromiso de dejar el resto en paz. Nunca ha ocultado su decisión de liquidar el conflicto. 

Trump se mostró comprensivo -cosa que rara vez hace- con la dura oposición rusa a la adhesión de Ucrania a la OTAN. "Bueno, entonces Rusia tiene a alguien justo en su puerta, y puedo entender su sentimiento al respecto"No debe haber OTAN para Ucrania, repetía por décadas Henry Kissinger. Todo esto si Trump no cambia de idea, un opcional siempre presente. 

No habrá negociación. El estilo Trump es tómalo o déjalo. Si hay acuerdo, se reabrirá el comercio interrumpido por el boicot occidental convocado por Joe Biden, y que llegó al absurdo de prohibir en Occidente toda presencia de rusos, fueran sopranos, deportistas o ballets. 

Nada es gratis. La huida sin combate del presidente pro-ruso Bashar Al Assad en Siria induce a sospechar algún compromiso de Putin con Trump. ¿Moscú deberá dar otras satisfacciones? Ningún precio en terceros países debiera ser caro para Rusia, si logra los territorios ucranianos en disputa.

El otro escenario bélico -Hamas vs. Israel- Trump parece decidido a imponer paz. ¿Apurará a Bibi Netanyahu, para descalificar a Biden por haberle dado carta blanca?  ¿O desatará "el infierno" prometido sobre Hamas y el propio Irán si no se liberan los rehenes judíos? Biden tratará de primerearlo y lograr un alto el fuego esta semana, justo antes de irse.  

El plan Trump apunta a liquidar los dos grandes conflictos: el ruso-ucraniana y el de Gaza-Líbano-Israel. Si logra ambos, exhibirá un poder impar para dedicarse a su verdadero target: China.

El Peligro Chino

La sencillez de los rústicos es más fácil de entender que el enredo del teórico. Trump tiene una estrategia simple: aislar y frenar lo que considera El Peligro Chino. Dar la batalla cultural, diplomática,  ideológica, política, económica, tecnológica, financiera, incluso militar antes que Pekín esté en condiciones de relevar a Estados Unidos como principal potencia mundial.

Japón, Corea del Sur, India, Vietnam y Filipinas siguen eligiendo el paraguas norteamericano. Australia, tras muchos devaneos y pese al imbricamiento comercial con Pekín, ha decidido integrarse a la coalición anti-china que dirige Washington. Sin Rusia, todo eso sirve de poco.

En algunos aspectos, Estados Unidos evoca la decadencia del Reino Unido iniciada a fines del siglo XIX, consagrada tras la Primera Guerra y remachada en la Segunda. Norteamérica está mejor que aquellos ingleses: con mayor potencia poblacional, industrial y tecnológica, retiene el liderazgo en áreas sensibles. El dólar es la moneda universal. Y, si la cosa se pone espesa, su Marina y su Aviación mandan en mar y cielo. Muchas personas en diversos continentes aún confían en el american way fo life y quieren migrar o copiar su sociedad, cosa que no ocurre con China.

China sigue descontando la distancia, domina África y compite en América del Sur, a niveles que ningún rival de Estados Unidos había logrado en el último siglo. La Ruta de la Seda y la Franja son propuestas imaginativas que permiten a China entrar en las zonas blandas del control occidental.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto al presidente chino, Xi Jinping

¿Qué hará Ucrania?

Ucrania despierta la simpatía de toda nación débil atacada por alguien más fuerte. Habrá que ver si Volodimir Zelenski puede conservar el poder con un tratado desventajoso. Su opción: que Rusia rehúse la oferta Trump (parece difícil) y éste, en represalia, aumente sin límite el respaldo a Kiev. 

Dudoso que resista sin apoyo norteamericano. Sólo quedaría Europa, con discurso combativo pero cada vez más irrelevante política y militarmente. 

Europa alberga desde siglos vaivenes en su relación con Moscú. Charles De Gaulle imaginaba un continente "del Atlántico a los Urales" y los alemanes desarrollaron una célebre Ostpolitik, hacia la Unión Soviética y la Alemania pro-rusa. Incluso durante la invasión a Iraq, tanto Alemania como Francia se opusieron a la aventura de George W. Bush (h), aquella falsa campaña sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein y su supuesta participación en el ataque a las torres gemelas.

Donald Trump discute con Zelenzky. Putin, en el cuadro, sonríe de fondo. Imagen hecha con IA.

Atada a Biden en la guerra ucraniana, la Unión Europea vive encolumnada como nunca antes, en un vasallaje que hubiera provocado arcadas a de Gaulle o incluso a Ángela Merkel. Neutralistas orgullosos como Suecia -su mayor figura del siglo, Olaf Palme, fue asesinado por oscuros motivos que se adjudican a alguna agencia occidental- se han incorporado a la OTAN.

La insólita idea sustentada por Biden y Kamala Harris que Rusia atacaría a Polonia no exhibe sustento. Sin embargo, la Unión Europea está adoptando los deseos de polacos y bálticos. Se entiende en los bálticos: Estonia, Letonia y Lituania siempre corren el riesgo de ser devoradas por el apetito moscovita. 

Polonia lleva siglos convencida que su misión es desplazar a Moscú como gran potencia de Europa oriental. Difícil que lo logre. Su historia es de valentía pero también de vasallaje de Alemania, la Unión Soviética y ahora Estados Unidos. Las naciones subordinadas pueden conseguir ventajas, pero no reputación. Un estallido de Rusia -lo que desean y quieren promover los polacos- no entusiasma a países más importantes. Nadie cree que de tal cosa puedan surgir múltiples sociedades a la anglosajona. 

Ucrania

Hoy, la Alemania pos-Merkel y la Francia de Emmanuel Macron actúan con temor reverencial a Washington. Dinamarca, conminada a vender Groenlandia, no reaccionó con altivez sino casi arrastrándose, prometiendo todo tipo de "cooperación en el Ártico". Estamos dispuestos a hacer todo lo que nos digan. Desde la Segunda Guerra, la base militar norteamericana Thule sigue en Groenlandia.

Los europeos conservadores, los más anti-rusos, siguen una política histórica, incitada e iniciada por el Reino Unido, que temía la expansión del Kremlin hacia la India y el Mediterráneo. Como sea, los conservadores europeos (salvo Francia) fueron anti-zaristas, anti-bolcheviques y hoy siguen anti-rusos. Menos se entiende a socialdemócratas, que luego de abandonar sus banderas de cambio social, parecen también dispuestos a resignar su  histórico pacifismo.

Mientras la élite política europea es belicista, los pueblos están hartos de pagar armas y del costo de vida encarecido por el fin del barato combustible ruso. No quieren conflicto y se niegan a pelear los electorados nacionalistas y socialdemócratas, ciertos centristas y democristianos. 

Por eso crecen los soberanistas, que no sólo protestan contra los musulmanes, sino también contra la subordinación a Estados Unidos y la OTAN, la obediencia a las instituciones globalistas de la Unión Europa (cuyo papel evoca al FMI sobre la Argentina) y el serrucho sobre el Estado de Bienestar, traicionado por los partidos que debían defenderlo.

Los votantes europeos amenazan echar del poder a los que sustentan el mayor compromiso con Kiev. Austria acaba de elegir un jefe de Gobierno de extrema derecha, bajo el sello de Partido de la Libertad. Estas curiosas derechas no son anti-rusas como la vieja ultraderecha. Al revés, detestan el regalo de millones al régimen ucraniano (cuyo origen y moralidad siguen siendo muy cuestionados) y prefieren establecer un régimen de visitas realista con Rusia. Merkel demostró que era posible: por eso tratan de desacreditarla.

El 23 de febrero perderá el gobierno Olaf Scholz, el canciller alemán que llevará a su Partido Socialdemócrata a la peor derrota de la historia, entre otros temas por su fuerte respaldo militar y económico a  Zelenski. 

La ultra-nacionalista Alternativa por Alemania (AfD) disputará el primer lugar a los socialcristianos, aunque es difícil que llegue al poder por falta de aliados. 

En Francia es probable que a Marine Le Pen le toque finalmente el gobernar Francia tras la próxima elección.

Ojo América

Con un pie en el estribo, Biden despidió a James Carter, el último presidente demócrata que dejó un legado para el mundo. Sobre todo para América Latina: gracias a Carter las Fuerzas Armadas terminaron de perder legitimidad y apoyo externo para dar golpes de Estado. Golpes que, dicho sea de paso, habían sido habitualmente promovidos o consentidos por la Casa Blanca y el Pentágono.

Carter además devolvió el canal a Panamá. No era sólo generosidad: "Los Tratados Torrijos-Carter permitieron a Estados Unidos defenderse de las acusaciones de imperialismo formuladas por los estados aliados con la Unión Soviética", dice aún hoy la página oficial del Departamento de Estado. Ahora Trump lo quiere de vuelta.  

En cuanto al libre comercio con sus vecinos, se originó en el NAFTA bajo la presidencia republicana de George Bush padre en 1992. Trump quiere darle un destino provinciano a Canadá: el segundo país de mayor tamaño del mundo sería nuevo Estado en la Unión. ¿Acaso Raptors de Toronto no jugaba en la NBA? En Canadá el primer ministro Justin Trudeau sólo se animó a renunciar y sobre Groenlandia ya señalamos la sorprendente agachada danesa.

A México y los mexicanos les ha prometido de todo...en contra. Desde impuestos a las mercancías (muchas fabricadas por filiales norteamericanas por el menor costo laboral) hasta la deportación de los diez millones de mexicanos sin papeles que se calcula viven hoy en la Unión. Los despreciados latinos tuvieron dignidad: "Nunca nos subordinamos", sintetizó la mexicana Claudia Sheinbaum, que apenas lleva cien días de gestión. Panamá, más débil que Dinamarca, rechazó entregar el canal. 

Trump, como todo aislacionista norteamericano, elige concentrarse en el continente. Groenlandia está en las puertas, el canal de Panamá sigue controlando el tránsito bioceánico, México y Canadá ocupan la totalidad de sus fronteras. La ausencia de Putin y sus ministros en la asunción de Nicolás Maduro podría ser una señal de manos libres a Trump en Venezuela, si quisiera. 

Nicolás Maduro juró como presidente de Venezuela

El mensaje de Trump ("hacer América grande otra vez") es en el imaginario colectivo volver a los tiempos en que los líderes ampliaron los pequeños trece estados, hasta llegar a la cincuentena, con las regiones indias, medio México, la Alaska rusa, un pedazo de Canadá, Hawaii...La gran pregunta es si sólo habla a sus seguidores o si está trazando una peligrosísima hoja de ruta.

¿Qué parte de lo que promete hará Trump? Hay que seguir leyendo a Kissinger: "Las promesas de cada nueva administración son como hojas en un mar turbulento. Ningún presidente electo, ni sus asesores, tienen la posibilidad de saber a qué orilla serán finalmente llevados por esa tormenta de plazos urgentes, información ambigua, alternativas complejas y presiones multiplicadas que descienden sobre todos los líderes de una gran nación".