Crónica desde Londres

Un martillo en Westminster: Tony Benn, Emily Wilding Davison y el arte de desobedecer

Westminster me recordó que estamos, de algún modo, frente a la misma elección: aceptar lo establecido sin decir ni mú o arriesgarse a perder para poder ganar.

La Cámara de los Comunes, corazón del Parlamento británico, donde Emily Wilding Davison quiso ser contada como ciudadana con plenos derechos.
La Cámara de los Comunes, corazón del Parlamento británico, donde Emily Wilding Davison quiso ser contada como ciudadana con plenos derechos.
Ramiro Gamboa 24 junio de 2025

Entrar en Westminster es asomarse a la trastienda del poder. Lo hice en dos ocasiones en la última semana, invitado por mi amigo Tom Smith, quien trabaja para el miembro del parlamento laborista Daniel Aldridge. Mientras me guiaba por los pasillos y las cámaras donde se votan leyes, Tom me condujo hasta una pequeña capilla oculta debajo de la Cámara de los Comunes llamada "Santa María Undercroft", justo al lado del Westminster Hall. 

Una vez allí, se tarda unos minutos en encontrar el armario, escondido en el hueco de una escalera, detrás del elaborado órgano de la capilla. Mientras las Cámaras del Parlamento estaban en sesión, Tom me dijo que entrara a ese cuarto de escobas diminuto y que viera una placa discreta que está colgada en la puerta. 

Me contó entonces una historia poderosa. 



Emily Wilding Davison, militante por el sufragio femenino, pasó allí la noche del censo de 1911 para poder ser contada oficialmente en el palacio de Westminster. La placa instalada en forma clandestina por el político laborista Tony Benn dice: "En este armario de escobas se ocultó Emily Wilding Davison, ilegalmente, durante la noche del censo de 1911. De esta manera, pudo registrar su dirección, la noche de ese censo, como 'la Cámara de los Comunes', y reivindicar así los mismos derechos políticos que los hombres". 

Al registrar su residencia en un lugar emblemático del poder, Emily afirmaba el derecho de todas las mujeres a participar activamente en la vida política. Era su modo de decir: ésta casa también es mía. Aunque Wilding Davison no vivió para verlo, en 1918 finalmente se aprobó el voto femenino en el Reino Unido.

Tony Benn, figura legendaria del laborismo y rebelde eterno, pidió primero permiso a las autoridades parlamentarias para instalar la placa. Le dijeron que no. Entonces hizo algo que ya pocos harían: desobedeció. La colgó de todos modos, también en forma clandestina, con su martillo escondido. 



Imaginémoslo cruzando Westminster con ese instrumento en el bolsillo. Benn, al igual que Wilding Davison, comprendía que ciertas odiseas justifican saltar ciertos muros. 

La psicoanalista Anne Dufourmantelle escribe: "Arriesgar la vida es una de las expresiones más bellas de nuestra lengua". Arriesgar la propia vida en momentos decisivos es un acto que nos empuja hacia delante. "El instante de la decisión, aquel en el que se asume un riesgo, inaugura otro tiempo", agrega Dufourmantelle. La pasión, en definitiva, es la sustancia misma del riesgo.

Prefiero aquellos que elogian el riesgo, que entienden la vida como un arte de la decisión, que quieren vivir en una cartografía distinta, que no renuncian a la infancia. "La infancia es como el fuego al que hay que acercarse para no morir de frío, regulando la distancia para encontrar la temperatura que nos permita vivir sin sufrir", escribe José Luis Juresa en su último libro La infancia de Quien. 



El sujeto es tanto quien prohíbe colgar la placa como quien se anima a ponerla igual. Y, aún más, la fuerza de Emily Wilding Davison para torcer el rumbo. Westminster me recordó que estamos, de algún modo, frente a la misma elección: aceptar lo establecido sin decir ni o arriesgarse a perder para poder ganar. Mi amigo Tom me contó una historia muy poderosa. Una historia que tenía que ver conmigo y, también, con mi país.

La capilla de Santa María Undercroft, escondida bajo la Cámara de los Comunes, fue testigo de una de las acciones más audaces del movimiento sufragist
La capilla de Santa María Undercroft, escondida bajo la Cámara de los Comunes, fue testigo de una de las acciones más audaces del movimiento sufragista. 

Placa instalada por Tony Benn en homenaje a Emily Wilding Davison, quien se ocultó en este armario durante el censo de 1911.
Placa instalada por Tony Benn en homenaje a Emily Wilding Davison, quien se ocultó en este armario durante el censo de 1911 para reclamar el derecho al voto femenino.



Elaborado y monumental, el órgano de la capilla oculta el pequeño armario donde Emily Wilding Davison pasó la noche del censo de 1911.
Elaborado y monumental, el órgano de la capilla oculta el pequeño armario donde Emily Wilding Davison pasó la noche del censo de 1911.

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