A confesión de parte, relevo de prueba
La política económica es un sistema de objetivos e instrumentos cuyo número debe ser igual o superior al de objetivos. Los instrumentos deben permanecer "eficientes" hasta estabilizar los objetivos que, a su vez, pueden tornar en "instrumentos".
La visión anarcocapitalista procura "la economía más libre del mundo", minimizar el Estado, liberar las fuerzas del mercado para que ellas produzcan crecimiento, desarrollo y progreso, que no son "objetivos" de esta política, sino derivaciones esperadas de la liberación de mercados.
Según Caputo II se trata de lograr "una economía sana y... (de ella) vienen las inversiones y aumenta el nivel de empleo y los salarios" (C. de Economía, 23/11). Sanar, para Caputo II, es achicar el Estado, limitarlo a seguridad, justicia, defensa y eliminar regulaciones: lo deseable es que educación y salud no sean tarea pública y que quien necesite reciba "vouchers".
Primer objetivo, "desregulación"; segundo, equilibrio fiscal, previo pago del servicio de deuda y menos impuestos para un gasto público mínimo.
Tercero refinanciar la deuda pública. Para ello, reducir el riesgo país para acceder al mercado de capitales. El equilibrio fiscal, al incluir servicio de la deuda, baja el riesgo país y elimina la emisión monetaria fiscal. Esa secuencia anula presión inflacionaria.
Pero, "eliminar" la inflación, requiere que los precios relativos, en todos los mercados, sean el resultado de precios iguales a los costos, incluidas amortizaciones y salarios a niveles sostenibles, más la rentabilidad empresaria exigida. La estabilidad de precios es consecuencia de la estabilidad de los precios relativos.
No hay eliminación de la inflación sin "equilibrio de mercado" de los precios relativos. La desregulación aumenta la flexibilidad de los precios.
El Gobierno ha avanzado para que las tarifas de los servicios regulados respondan a lo demando por las empresas; ha reducido subsidios, pero aún no se han eliminado totalmente. Por esto, y en la medida en que el tipo de cambio no es el mercado libre, hay pendiente un proceso de adecuación de precios relativos.
El Gobierno entiende que la liberación cambiaria no modificará el tipo de cambio: afirma que la notable apreciación del peso es consecuencia de un "ajuste de la productividad" derivado de la baja de impuestos y de las desregulaciones que, si bien ambas están en proceso, las expectativas o la confianza generadas, lo sostienen. En el BCRA (F. Furiase) sostienen que $600 es "el tipo de cambio de equilibrio". Oficialmente "no hay atraso cambiario" y la cotización oficial es compatible con la estructura de precios relativos de mercado. Baja de impuestos y desregulaciones en marcha, convalidarán a las expectativas "del mercado".
Caputo II afirmó que "sin infraestructura no hay crecimiento" y afirmó que la infraestructura será de inversión privada y no de la pública.
La "batalla cultural" sostiene que los objetivos de "crecimiento, desarrollo y progreso" no deben ser parte de la política económica: no hay instrumentos para ello. Se anunció que habrá una ley de promoción de inversiones.
Pero la clave libertaria es: "desregulación" (achicamiento del Estado), equilibrio fiscal (eliminación de gastos no básicos y pago de los servicios de la deuda) eliminación de la emisión y liberación de restricciones y su consecuencia, eliminación de la inflación y aumento de la productividad.
El crecimiento no ha sido, hasta ahora, objetivo de esta política y tampoco la recuperación y por eso aún no existen instrumentos para ese fin.
Tampoco lo es el progreso entendido como satisfacción de las necesidades sociales. El empleo es exclusiva decisión de mercado. Una sociedad de mercado, dice el credo libertario, es eficiente y es justa.
Pero para el "desarrollo" -poner en acto el potencial- de algunos sectores generadores de divisas, dispuso el RIGI para sectores cuya explotación está demorada (minería, hidrocarburos). Sectores que podrán generar, a corto y mediano plazo, un fuerte impacto en la balanza comercial.
Los dólares generados por el RIGI, producto de gigantescos beneficios y desregulaciones extraordinarias, no tienen obligación de liquidación por pesos en la Argentina. No quedarán en el país salvo que sus titulares decidan radicar nuevas inversiones.
Pero si esos dólares quedan, pero no se asignan a empleo y productividad exportadoras urbanas, sólo influirán a la baja a las cotizaciones del dólar con lo que la Argentina fortalecerá más el peso; y hará más difícil agregar valor, no sólo para exportar, sino para producir para consumo interno.
Ese incentivo RIGI no implicará -en áreas no promovidas - ni "desarrollo" ni "crecimiento". Será muy reducido el número de opciones de inversión socialmente rentables. Se hará más difícil lograr "progreso": por el bajo nivel de empleo formal y por sus derivaciones. El miércoles, vaga y tardíamente, se anunció un "RIGI" para campo e industria.
Preguntemos: ¿la emisión monetaria está clausurada? ¿y la expansión del crédito? ¿no existe cantidad de pesos presente y de futuro próximo (vencimientos en los próximos 90 días) como para presionar a la cotización del tipo de cambio paralelo mientras rige el cepo? El actual sistema de precios relativos, ¿es el de mercado? ¿no existe potencial de inflación, hoy reprimida, como consecuencia de tarifas subsidiadas, salarios y jubilaciones atrasados respecto de la inflación, tipo de cambio regulado? Dudas.
La inflación en pesos se desacelera. Pero la inflación en dólares aumenta y los precios de los bienes en los países fronterizos son mucho menores que en la Argentina. Por ejemplo, del 12 al 19 de enero de 2025, una noche costará en el Hotel Catedral de Bariloche $1.060866 y en Palacio Copacabana, Rio de Janeiro, $671.518. Según una agencia de turismo los dos "serían razonablemente equivalentes en servicio".
El equilibrio fiscal encierra "atrasos" (tarifas, jubilaciones) y un problema, a no tan largo plazo, que es la postergación de inversiones de infraestructura que, hasta una difícil movilización privada, disminuyen la productividad sistémica, al mismo tiempo que la gestión fortalece el peso. Una doble Nelson para la industria.
¿En estas condiciones podemos decir que la declinación de la tasa de inflación es estable?
Nadie puede afirmar "hemos logrado la estabilidad", los objetivos, en marcha, no están alcanzados. Pero, además, los instrumentos están agotándose. Ejemplo: el ancla cambiaria, vis a vis los vecinos, se está complicando y el nivel de ingresos disponibles de los sectores medios no aguanta más ajuste de tarifas sin subsidios.
El entusiasmo ciega: los objetivos e instrumentos deberían estar en observación. Los mercados no han reaccionado en lo que importa: la respuesta inversión fija está por debajo del promedio histórico.
"El mercado" dice "el crecimiento vía inversiones debe esperar". Gracias a los instrumentos "desarrollistas" (RIGI) el desarrollo (explotación de recursos potenciales) comienza a funcionar y por ahora, si todo se cumple y nada cambia en la estrategia, podríamos estar viajando hacia la "enfermedad holandesa": el fortalecimiento del peso y la conocida y patética Argentina cara.
El gobierno responde: la próxima baja de impuestos, nos hará más competitivos y hará desaparecer a la Argentina cara. Ese instrumento, baja de impuestos, está demorado. Sólo bajaron los impuestos patrimoniales a los ricos y a las importaciones. La importación de bienes finales crece y recién se anuncia, veremos, un RIGI reparador para la producción.
El blanqueo premia la cultura evasora y la recaudación sigue en manos de quienes garantizaron la evasión. La lucha contra la evasión no forma para de la lucha cultural libertaria. Para los "mileis" evadir está bien: los impuestos son un robo. Por eso los mismos agentes kirchneristas, que permitieron la evasión, están al frente de la recaudación.
Queda el juicio ético de objetivos e instrumentos. El kirchnerismo levantó banderas éticas, la "justicia social", pero las naufragó en hipocresía. Corrupción de mega millonarios, codicia de las jubilaciones de Cristina, los seguros de Alberto, todo hace ridículas y exasperantes sus demandas, no sólo por el estrepitoso fracaso de 20 años de política y su costo de oportunidad, sino por la ausencia escatológica de autoridad moral.
Los instrumentos de este Gobierno (no su objetivo) prorrogan la pobreza de 60% de los niños y condenan nuestro futuro. Pero también lo hace el deterioro de la infraestructura y el debilitamiento de la competitividad del trabajo argentino por ausencia de inversiones productivas. Consecuencias no deseadas de una estrategia que probablemente sea insostenible. Los instrumentos, por sus frutos, son éticamente condenables: el fin no justifica los medios.
A pesar de estos costos, está en veremos "el objetivo madre" que es que "los mercados" generen el boom de inversión. La confianza de largo plazo, no la financiera de la bicicleta, depende de un maduro consenso político que el Gobierno no procura.
Para una sólida estabilidad, de "mercado", de precios y equilibrio fiscal (sin contabilidad creativa), falta tiempo. Y los instrumentos tienden a debilitarse con su uso. Sin embargo, dice R. Arriazu: "Si devaluamos explotamos por los aires" (21/8Clarin).
Pero el ancla cambiaria se deteriora (Argentina cara) mientras Milei espera el boom "exportador RIGI". Para "llegar", Caputo II requiere "puentes": swap chino, FMI, garantía oro.
Sobre "puentes" dijo Milei: "El FMI, institución infinitamente cuestionada, perversa porque cuando un país, después de hacer un montón de zafarranchos y ya nadie lo financia y está a punto de explotar, ¿qué hace el FMI? le pone la guita y le permite tirar el ajuste para adelante". (9/02/22, LN+)
¿Con Trump iremos al FMI a pedir "guita"? ¿Porque "hicimos un montón de zafarranchos"? ¿O es que sin FMI o sin préstamos "puentes", la advertencia de Arriazu desnuda la inevitable fragilidad de una política con pocos objetivos?
A confesión de parte relevo de prueba.