Escenario

Alipori

La apertura de sesiones sintetizó el "Estado de la Nación": turbación, desconcierto, desasosiego, perplejidad, vergüenza ajena. Alipori.
"Alipori": cuando la política provoca vergüenza ajena
Carlos Leyba 05-03-2026
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La palabra del título expresa la turbación de ánimo que se siente por algo que otro ha dicho o ha hecho. Sentir vergüenza ajena y mucho más, por lo que son las consecuencias de lo hecho y lo dicho: alipori.

Claro que, siendo testigos del crepitar de las reglas, débiles, pero reglas al fin, que regían las relaciones entre las principales naciones hasta la invasión rusa a Ucrania, tiene lógica que se nos haya agotado la capacidad de asombro ante adicionales rupturas a las reglas en nuestro país. 

Parece que estamos viviendo y adaptándonos al "mundo de los depredadores" que anunció da Empoli.

La pregunta es si este mundo regido por la destrucción, la depredación, ¿es inevitable? Una segunda pregunta -dado que la destrucción pareciera ser la idea fundadora- es, si a la destrucción, habrá de suceder algo mejor a lo que se ha destruido.   

Como el futuro es, sí o sí, lo que ahora estamos haciendo, ¿qué nos asegura que ocurrirá algo mejor? 

Muchos expertos en política internacional consideran que la cuestión iraní no tiene pronóstico sencillo. Nadie se anima a predecir como termina.  

Aquí, en casa, sabemos que estamos en un proceso de destrucción, no consecuencia de bombardeos, sino de decisiones económicas que, como toda revolución, niega la conversación. R. Arriazu, su mentor, señaló como necesarios a los procesos de destrucción previos a los de construcción que sucederán. 

Un punto teórico: como señala Arriazu, "la destrucción" es una decisión del Estado y la eventual "construcción" será la obra, sí y sólo sí espontánea, del mercado y eso después, a lo largo del tiempo. 

Durante el período de destrucción, bombas cayendo o la política ejerciendo la decisión, es extremadamente difícil que "espontáneamente" el mercado defina construcciones. No me refiero a guaridas de salvataje pícaras como el "carry trade", en eso los profesionales expertos, como lo son muchos del equipo económico, tienen opciones de rescate incluso a nivel gubernamental. El FMI muchas veces ha actuado para brindar estabilidad financiera transitoria o la salida de la trampa, habilitar la llamada "fuga" o retorno. 

Pero para aquello que hacer lleva tiempo sería injusto no reconocer el valor del RIGI -un régimen de promoción único en el Planeta por sus beneficios y su duración- que sí es una propuesta "de construcción" promovida por el Estado: es el costado "estatista" del libertarismo mileista, muy referido a las inversiones extractivas. Justamente Nicolás Posse, ex jefe de Gabinete, en el Senado y en defensa del proyecto RIGI, sostuvo que esa ley era un requisito para el proyecto de licuefacción de gas de Petronas: la ley se sancionó, pero los malayos se fueron. Esas inversiones son de larga maduración. En general desde el momento en que el inversor decide estudiar las alternativas hasta alcanzar el desarrollo del proyecto se necesita hasta una década. 

Petronas se fue luego de muchos años de estudio. Lo cierto es que, hasta el fin de mandato de Javier, se computa, hasta ahora, aproximadamente el ingreso de US$ 5.000 millones como inversión sectorial motivada por RIGI. 

La destrucción está a toda marcha. La construcción "espontánea del mercado" queda para la próxima gestión: hay que sacar los escombros. La promovida por el Estado (RIGI) será lenta.

La actual política económica puede computar una vigorosa desaceleración inflacionaria. Más allá del estancamiento en el 2-3% y la corriente ascendente de los últimos meses. También es cierto que la guerra ha producido un salto en el precio del petróleo y el gas y más allá de los efectos combinados positivos en las cuentas externas, el proceso tendrá un impacto negativo en los precios. La experiencia es que, durante la Guerra de Yom Kipur, entre octubre de 1973 y enero de 1974, el precio del barril paso de US$ 3 antes de la guerra a US$ 12 en enero de 1974. El impacto en Argentina -del crecimiento del 400%- medido por el tipo de cambio paralelo, que registraba el Boletín Techint -una medición independiente del Estado- pasó de $10,60 por dólar en promedio de octubre 1973 a $11,9 por dólar en enero de 1974. Es razonable pensar en que las herramientas ortodoxas de política económica actual podrán morigerar el impacto del salto en los precios en la energía que, todo indica, será menor al 400%.

Previamente a esta crisis internacional y sus probables consecuencias, cabe señalar el impacto del proceso de "destrucción", por cierto "creativa", para quienes sostienen lo apropiado de este modelo libertario de política económica basado en una estrategia -ya experimentada- de atraso cambiario más altas tasas de interés que alimentan el ingreso de dólares de corto plazo, sostiene la cotización, y que sumado a crecientes grados de apertura genera una invasión de productos importados básicamente desde China que, a pesar de ser miembro de la OMC, no es una "economía de mercado" y sus excedentes (provocado por el auge del proteccionismo defensivo de los grandes mercados) se desparrama en economías "desinvertidas" y "desprotegidas" como es el caso de la Argentina. 

La consecuencia, de esa estrategia de "destrucción creativa" es que, entre diciembre de 2023 y finales de 2025, se perdieron netas aproximadamente 22.000 empresas, la mayor parte de ellas pequeñas y medianas. La mayor parte "empresas jóvenes". El sector más golpeado ha sido el de la construcción, en el que pesa la casi ausencia de obra pública y su consecuencia a futuro: el deterioro de la infraestructura. 

Muchas empresas comerciales, por declinación del consumo interno, cierran y, además, bajaron la persiana 2.500 fábricas, lo que habla de la destrucción del tejido manufacturero. La pérdida de empleo privado registrado, en dos años, alcanza a 190.000 puestos a lo que debe sumarse 80.000 empleos públicos. La informalidad, como consecuencia de adaptación de supervivencia, supera largamente el 40%. Estos son indicadores del primer impacto de la "destrucción" creativa como modo de transformación estructural previo a la "creación" que, como dijimos, depende de las decisiones del mercado ya que, con la excepción de las actividades promovidas por el RIGI, la política sólo ofrece a los inversores las consecuencias de la política económica de "destrucción previa": ¿son señales alentadoras al mercado? 

En los últimos días, como parte del programa de transformación, se ha sancionado una Reforma Laboral que, como los mismos laboralistas que la escribieron sostienen, no tienen la función de "crear puestos de trabajo" y por lo tanto sólo se considera parte de la "optimización de las condiciones de contratación". Muchas de ellas estarán sometidas a planteos judiciales, por falta de consenso amplio en la redacción y sanción de las leyes, con lo que es razonable pensar que las consideraciones sobre las normas laborales no serán elementos decisivos a la hora de invertir en nuevos proyectos fuera del RIGI el que, holgadamente, compensa los costos que podrían atribuirse a la anterior legislación laboral. 

Lo que sí ha revelado la formulación de la reforma laboral es el espíritu de la doctrina tributaria de la gestión libertaria. Veamos: las embarcaciones náuticas o áreas, que fueron importadas e incorporadas al patrimonio de personas físicas o jurídicas de buena fortuna, a partir del jolgorio del tipo de cambio "demencialmente barato" para "los amigos K" en los tiempos de Massa, han recibido una jugosa reducción tributaria del mismo modo que otros artículos llamados de lujo, entre los que se destacan ahora, los autos importados de la gama más lujosa. 

La estrategia de destrucción "creativa" incluye también normas que liberan la carga de los que, aparentemente, mejores condiciones de supervivencia manifiestan, si es que nos atenemos a sus consumos (que por cierto no son inversiones creativas) que ponen en evidencia dos cosas: primero, en el caso de acceso al dólar barato para placeres caros, buenas relaciones con "el poder". Y segundo que una vez incorporados esos bienes al patrimonio gozaran de mejoras tributarias que benefician a los consumos importados y de alto standing. No a los inversores, anteriores y presentes, que ven como se "destruye capital" vía cierre de empresas o capacidad ociosa. 

En otras palabras, la destrucción creativa responde, además, a una filosofía, a un orden de prioridades.

Ni la política económica, los hechos materiales y ni la "batalla cultural" responderían a los valores occidentales y cristianos. No se trata de "las mujeres y los niños primero". No "bajamos los impuestos a los bienes de consumo popular", sino primero bajamos los impuestos a los bienes de lujo y además cuando baja la recaudación fiscal de manera estrepitosa. En ese contexto más amplio volvamos a la motivación que inspira el título de "alipori".

El Papa León XIV recordó que "la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con las armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino sólo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable", deben las partes asumir "la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable".

"Las estrategias de poder económico y militar, nos enseña la historia, no dan futuro a la humanidad". Vale para las palabras que también son armas.

El Presidente, desde su ingreso al Congreso, tuvo gestos que generan alipori. La forma del saludo a la vicepresidente, sin contar el empujón que tuvo que darle Villarruel a la hermanísima para cumplir con el protocolo. Los ademanes de "hinchada futbolera" para que la claque lo vive en la casa de las leyes. La provocación de invisibilizar, en la transmisión oficial y única, a los legisladores opositores, presentes en la apertura y dueños de casa, y tratar de aumentar el rating de la emisión con una catarata de insultos a los opositores presentes y a los empresarios ausentes, en el marco de un recitado discursivo que tuvo más afirmaciones equivocadas que verdaderas. El acto sintetizó el "Estado de la Nación": turbación, desconcierto, desasosiego, perplejidad, vergüenza ajena. Alipori.

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