Artistas del disimulo
r"Desde hace dos mil quinientos años en Occidente una de cada diez páginas es una página de histoia" (P. Chaunu ) Recuerdo algunas peripecias en la medición de la inflación.
A finales de los 60 la canasta tenía, en el costo de vida, "las medias de muselina" para mujer: hacía años que esas medias eran de nylon. La muselina atrasaba los promedios, básicamente porque era muy difícil recabar datos "frescos". No pesaba casi nada. Pero señalaba que los cambios en las costumbres hay que incorporarlos pari passu a la medición del "costo de vida" que es la "medición" del costo de las costumbres.
Las mediciones de los índices de inflación desde entonces fueron, con intervalos de calma, siempre lentamente al alza pero gozaron siempre de credibilidad y si algo, al estilo "muselina", conspiraba al alza o a la baja, se señalaba y se discutía acerca de cómo serían las cosas si "lo sacamos o lo ponemos". Recuerdo a fines de los 60 el caso del "tomate perita". Pero la primera vez que el Estado propuso una lectura "alternativa" del índice fue durante la gestión de JA Martinez de Hoz en que la tasa anual se multiplicó por 4, 6, 8 veces sin parar. El ministerio publicó un índice de precios calculado con la canasta establecida y otro "sin carne". La carne era la base de la dieta. Tiempos de atraso cambiario, carry trade, endeudamiento, apertura importadora incluyendo autos Lada de la URSS, desempleo, desindustrialzación galopante, inflación invencible y cuenta de regulación monetaria y calma por Dictadura Genocida. Pero- a pesar de todo y los malos resultados de la política de "estabilización"- "el índice" no se "truchaba" a la espera de la estabilidad.
Mucho después a comienzos del SXXI un ministro hizo la crítica del índice porque, como es obvio, si crecía y no mejoraban los ingresos en términos reales, la pobreza aumentaba o no bajaba lo que se esperaba que baje. Entonces señaló que "los pobres compran en lugares más baratos". Podría ser, dependiendo de las proximidades y del costo de movilidad. Pero la observación, tonta, no modificaba ni la canasta de medición ni el resultado. Hasta aquí eran comentarios defensivos.
La primera gran intervención en el índice ocurrió durante el kirchnerismo cuando, recuperada la economía, el nuevo nivel real del tipo de cambio y el aumento real del precio de nuestras materias primas, la veloz disminución de la pobreza y el aumento del empleo generaron un proceso de recuperación de precios, aumento de la demanda de consumo y de exportaciones y una fuerte presión al alza de los precios a pesar de los superávits gemelos. Lo que se podía evitar no se evitó y la fiebre se combatió con la ruptura del termómetro. Fue la primera vez en décadas. Tal vez la primera vez.
Las cosas pasaron a mayores cuando el ministro A. Kicillof decidió no medir la pobreza porque era "estigmatizante" al tiempo que Cristina -presidente - dijo en la FAO que en la Argentina la pobreza era de 5% y la indigencia de 1,5%. En auxilio de tanta estupidez, Aníbal Fernández se inmoló diciendo que en Alemania había un porcentaje de pobreza mayor al de la Argentina. Jorge Todesca recuperó el respeto al INDEC habiendo previamente sufrido persecución judicial por haber medido, en su consultora, una estimación de la inflación que reflejaba los precios captados más allá de la escasa amplitud de cobertura. El termómetro oficial volvía a medír bien, pobreza, PIB en términos reales.
La canasta en uso, derivada de la observación estadística del consumo de los hogares, es la de 2004. Casi un cuarto de siglo en que la estructura del consumo promedio se ha modificado: los servicios han desplazado a los bienes; la estructura de los servicios se ha modificado dramáticamente y las "costumbres" son otras: medir en 2026 el costo de vida como si las "costumbres" fueran las de 2004 es un error. Y si - como todos sabemos, incluido Caputo II - el INDEC - cuando Caputo II era funcionario del gobierno - en 2017 compiló la información para una nueva canasta de costo de vida con nuevos productos y nuevos ponderadores y se comprometió con la sociedad (declaraciones del Director del INDEC y del mismísimo Caputo) a medir la inflación con las costumbres de 2017, no cumplir con ese compromiso (que hasta consta en las documentos del FMI y han avalado las críticas del BCRA hace sólo unos pocos días) es un síntoma de desesperación igual al del kirchnerismo. Se odian porque se parecen:6,7,8 en los canales.
Los kirchneristas no aceptaban que habían reintroducido la inflación y la mejor manera , era "cambiar el resultado". Tenían, para hacerlo, la adhesión mayoritaria que celebraba la recuperación de la economía y toleraba la mentira, la mayoría estaba mejor y las consecuencias de la mentira se ignoraba para gozar del presente. Lo que importaba es el ahora. Una característica nacional es la poca valoración de las consecuencias. Y el gran pecado de los analistas es discutir el día a día y no indagar las consecuencias escritas en el presente a las que es obligación leer para ser veraces. Que una cosa es la coyuntura y otra son las tendencias, unas más probables que otras, unas más próximas que otras.
Nuestros días. ¿Violando el secreto estadístico el anterior director y el nuevo? según Caputo II, le informaron que con la nueva canasta los precios de enero habrían aumentado una décima menos (o tal vez más) que con la anterior y - aclaró - ese resultado estaría en el orden del 2,4%, lo mismo que los últimos meses. Al decir ese número que, según Caputo II es lo que medía el índice, los tres, viejo y nuevo director y Caputo II, podrían haber violado la norma. Algo que, entre nosotros, hace rato que dejo de ser "un problema" porque las "normas", las "leyes", son sugerencias. En todo hay un blanqueo y no existe sanción social salvo para los derrotados, los empobrecidos. Importa el resultado, el éxito. La fortuna cura el pasado. Una manera de contribuir a la sanación sería la ejemplariedad de los funcionarios. En el lenguaje, por ejemplo. Algo que nos diferencia de las bestias es la palabra.
En este marco Milei y Caputo II decidieron - ¿les corresponde? - a la manera kirchnerista cambiar la canasta que estaba comprometida públicamente y mantener la de 2004. Caputo II sostiene que la canasta de 2004 refleja mejor las costumbres de 2026 que la 2017. Un punto de vista imposible de sostener con la lista de productos computados a la vista. Miente, miente, que algo quedará.
Pero, como dice Caputo II, en economía no hay "casualidades" sino "causalidades". Cuál es la "causalidad" de tanto empeño que liquida escandalosamente una canasta iniciada por el gobierno de Mauricio Macri - del que Caputo II fue destacado miembro - y en la que el Estado invirtió enormes recursos (se hace cada 10 años aunque las recomendaciones es que se haga cada 5). Veamos la "causalidad" de una decisión que pone un manto de sospecha irremontable sobre la tasa de inflación que es "el resultado" con el que el gobierno libertario entiende se realiza su compromiso: en agosto empezará con "0" dice Milei. ¿Quién lo creerá ahora? ¿Qué cosa tan horrible vieron para - sin disimulo y con escándalo - se hundan en la "gran escena kirchnerista"? Hay una gran razón. No una justificación. Se viene la noche en términos de precios: vuelven a acelerar. Y eso hace recordar.
Nadie olvida -telón de fondo - que, si no fuera por S. Bessent, días antes de las elecciones, hubiéramos vivido un escenario dantesco. El Tesoro yanque, compró pesos y Bessent sostuvo que era "para ganar dinero" porque él había traficado toda su vida en monedas. Y fue cierto. Pero lo que ganó Caputo II fue un espaldarazo único que nos salvó, a todos, de un verdadero desastre que habría ocurrido si no intervenía la relación única de JL Daza (chileno a cargo de la gestión del ministerio argentino) íntimo de Bessent. Hay que agradecer.
Salvado el susto, ayer no más, otra vez Bessent "vendió" Degs para que le podamos pagar al FMI: ¿con qué compramos los Degs". Pato o gallareta, otra vez nos tiran una soga antes de hundirnos. ¿Será así para siempre?
Pero - más allá de esas ayudas, seguramente merecidas - la economía urbana no arranca. La coyuntura y la tendencia, en la vida urbana que es la de la inmensa mayoría, no da pistas de un futuro mejor.
Milei anuncia - en el contexto de la pelea con Techint - que los malos deben quebrar. Los malos son los industriales, de Techint para abajo, y en particular los textiles: el mensaje tilingo y rastacuero de Caputo II es "nunca me compre ropa en la Argentina". Además de una estupidez, es -sin duda - una mentira, aunque se haya visto obligado a decir en TV que el saco que tenía puesto lo había comprado en USA, seguramente, hecho en Vietnam. Caro. Mucho más caro que cualquier nacional. Pero es su gusto.
Lo que no está bien es que, porque le gusta, contribuya a destruir el trabajo nacional atrasando el tipo de cambio: ¿no sabe que el tipo de cambio de equilibrio es el del pleno empleo? entendiendo por empleo el salario que permite el nivel de vida de la canasta. Un salario que, en la Argentina promedio de hoy, alcanza para comprar ese saco y algo más.
Pero ¿porque paralizan el cómputo del índice de precios como estaba previsto? La gran razón es que este año, si o si, tienen que eliminar subsidios a las tarifas y con, la nueva canasta, los servicios tienen más peso (menos que en la actualidad) que en la canasta de 2004.La nueva medición señalaría que lejos de desacelerar la inflación se acelera por cambio en los precios relativos: usamos más servicios y los servicios costarán más. El ingreso disponible real después de pagar los gastos fijos mensuales (servicios), en todas las clases sociales, disminuirá. El consumo sufrirá, la industria local disminuirá su capacidad de competencia porque el tipo de cambio se atrasará.
Sostener el nivel real de vida (servicios) requiere aumentar la productividad del trabajo y eso es imposible haciendo "Rapi". Milei y los K son artistas del disimulo: hacer changas, ahora, es ser "emprendedor".