De la avenida a los callejones
No, no es el peor resultado en términos nominales de un espacio de centro en elecciones de medio término. Tampoco es una elección especialmente polarizada si la vemos en perspectiva histórica. Sin embargo, hay factores que hacen del desempeño de Provincias Unidas un certificado de defunción para su competitividad en 2027.
Uno de los agitadores preferidos del presidente afirmaba, poco después de conocido el resultado electoral y en vista del segundo lugar de Juan Schiaretti en Córdoba, que "la ancha avenida del centro no es más que un callejón sin salida".
Aunque esto forme parte de la estrategia electoral del Gobierno para minimizar cualquier alternativa entre el kirchnerismo y el oficialismo, no deja de haber algo de verdad en la afirmación sobre la falta de futuro del espacio gestado desde el provincialismo.
Como se dijo, este no fue, ni de cerca, el peor resultado de un espacio de centro federal en unas elecciones intermedias; sin embargo, las expectativas creadas frente a la oportunidad dejaron al espacio en terapia intensiva.
La unión de ejecutivos provinciales que habían revalidado sus gestiones en comicios locales, aliados inicialmente bajo un "grito federal" contra el centralismo y la falta de un programa de desarrollo productivo, parecía tener lugar en un sistema de partidos en deshielo. Sin embargo, los resultados distaron de lo esperado.
Los ejecutivos provinciales no alineados saben que, en elecciones legislativas nacionales, enfrentan el desafío de destacar en medio de la polarización que caracteriza al bicoalicionismo de los últimos años.
La estrategia preferida de muchos siempre fue negociar con alguna de las fuerzas para compartir su presencia local y, a cambio, obtener beneficios en las discusiones legislativas nacionales. Otro camino es ir solos, apelar al autonomismo y a la defensa de los intereses provinciales, e intentar vencer la polarización impuesta desde el AMBA.
Provincias Unidas intentó aglutinar a los ejecutivos que optan por esta táctica, con el objetivo de ganar presencia conjunta en la agenda nacional y, el día de mañana, ejercer mayor presión en las instituciones nacionales. La alianza se conformó con espacios ganadores en sus territorios, con objetivos claros y con la oportunidad que brindaba un sistema de partidos que sufrió el terremoto de la irrupción de LLA.
Estos elementos generaron expectativas, pero no pudieron contra las tendencias propias de las elecciones de medio término. De los seis oficialismos que tuvieron la iniciativa de hacer el "grito federal", todos sufrieron la habitual caída de entre 15 y 18 puntos porcentuales entre sus últimos comicios locales y las elecciones legislativas nacionales.
Variación del % de votos recibidos por el espacio provincial de PU entre las elecciones legislativas nacionales y las últimas elecciones locales.
¿Qué significa esto? Los partidos provinciales que se aliaron bajo el nuevo sello nacional no alteraron su desempeño por el hecho de presentarse en conjunto, con una estrategia que iba más allá de sus fronteras y pretendía romper la polarización mediante una alternativa superadora.
El ejemplo más claro es Córdoba, donde su exgobernador y líder del espacio a nivel nacional encabezó la boleta y obtuvo prácticamente el mismo resultado que hace dos años, pero superando en 3,5 puntos porcentuales el resultado de las últimas elecciones de medio término nacionales.
Es decir, si nos atenemos a los hechos, no fue un resultado adverso en términos históricos para la "tercera vía", que consiguió su número más alto de diputados con un sello exclusivamente centrista-federal en la última década, aumentando un 25% su porcentaje de votos recibidos en cuatro años.
Sin embargo, decir que a los representantes de PU les quedó un sabor amargo se queda corto. El flamante espacio pretendía romper con la polarización desde el interior, ganando en al menos tres de las seis provincias que gobierna, con la expectativa de obtener diputados por todas ellas y por las dos Buenos Aires.
El resultado fue una victoria únicamente en Corrientes, empatando en cantidad de diputados, un segundo lugar distante en Córdoba, un tercer puesto en Santa Fe y pobres desempeños en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires.
De cara al futuro, el problema del espacio de centro federal no radica en la demanda, sino en los incentivos de la oferta y en las tendencias esperables para los próximos dos años. Volviendo a los factores que determinan la inevitabilidad de la debacle de Provincias Unidas —o de cualquier otro espacio que replique su fórmula de gestación y táctica—, el primero es, sin dudas, el interés de sus fundadores.
Entre gobernadores, a priori pares entre sí, no ha surgido un líder natural que pueda conducir el espacio, y todos ellos tienen la posibilidad de intentar un nuevo mandato. Esto los llevará a buscar ventajas individuales gracias a su presencia en las instituciones federales, con el fin de asegurar sus victorias.
El segundo elemento, relacionado con el primero, es el pobre desempeño en las Buenos Aires, que fulmina la posibilidad de ser competitivos en una elección presidencial, dada la ausencia de liderazgos que representen al espacio y sean populares en la región que concentra casi la mitad de los electores nacionales.
Por último, la dinámica legislativa de los próximos dos años, con un Gobierno que pretende estrechar la relación con los gobernadores dialoguistas para aprobar sus reformas, marcará buena parte del rumbo político.
En ese contexto, la posibilidad de que el Ejecutivo abra la canilla de la obra pública y de las transferencias subnacionales dejaría servida en bandeja a los fundadores de PU la decisión de desarticular la alianza y satisfacer sus demandas.
Dicho esto, tan cierto como el certificado de defunción de PU es la incertidumbre a la que nos tiene acostumbrado el sistema político argentino. Javier Milei llegó a la Presidencia después de obtener un 17% en la Ciudad, con muchos elementos jugando en su contra.
Un proyecto de centro federal con presencia territorial solo fracasará si insiste en utilizar los mismos métodos que ya demostraron su ineficacia en la última década. El espacio que busca representar —real y presente entre los extremos de la polarización— no podrá conquistarse repitiendo viejas fórmulas.
Nuevos liderazgos solo surgirán de una práctica política distinta: abierta, transparente y sustentada en propuestas con contenido real, capaces de marcar una diferencia frente al debate superficial que domina la escena polarizada.