El centro quedó a un costado
La palabra "centro", como tantos otros vocablos, tiene diversas acepciones. Para los que frecuentan la geometría, el centro es el punto que, dentro de un círculo, cuadrado u otras figuras, está a la misma distancia de cada punto del perímetro. Es equidistante.
Dar en el blanco es que acertamos en el centro de ese dibujo multicircular. Sea un dardo, una flecha, un abrazo o una palabra oportuna. "Centro" también es el lugar donde se agrupa una actividad. Tenemos el centro médico, el cultural, el comercial, el de jubilados, el de estudiantes, el de llamadas y más. En física se aplica la palabra para el denominado "centro de gravedad", entendido como el punto de estabilidad de un objeto. Un automóvil es diseñado con un centro de equilibrio para su firmeza y, si se quiere, nuestro cuerpo tiene su propio centro de gravedad.
Por fin llegamos a la política. El "centro", para las configuraciones ideológicas, es el de aquellos aspirantes que se ubican entre la derecha y la izquierda de la actividad política.
El resultado electoral del pasado 26 de octubre, de manera inesperada, desubicó al centro. Lo colocó, en términos del antropólogo francés Marc Augé, en un "no lugar". La suma de los votos de Provincias Unidas y otros universos afines no alcanzaron, a nivel nacional, los diez puntos. Teniendo en consideración que son seis los gobernadores que impulsaron ese espacio, el resultado es exiguo, si no pobre, inclusive en los propios distritos de los gobernantes.
En la tabla de posiciones puede decirse que sólo la Provincia de Corrientes salvó la ropa, mientras que, en el otro extremo, la estrategia moderada producida para la Provincia de Buenos Aires fue sumamente desacertada. En una votación con menor participación que la habitual, pareciera que el electorado corrió el "centro de mesa" hacia el borde de La Libertad Avanza por el temor de que se deslizara al extremo de Fuerza Patria, con el kirchnerismo en su vientre.
Por otra parte, los candidatos mesurados no resistieron la tentación de ser, cada uno, el "centro de atención", fragmentando en demasiados candidatos su propuesta. Lo que en algún momento podían resolver las Primarias (PASÓ) quedó en evidencia. La suspensión de las mismas agrandó los egos. Estos egos sueltos, sin contención, atentaron contra la construcción colectiva de un espacio cohesionado.
Se confundió el sentido de "ser de centro", de ser punto de equilibrio, con la atracción de "ser centro". El resultado ha sido que personalidades valiosas se hayan neutralizado entre sí, restando ideas para una propuesta común. Un fuerte llamado de atención debe ser percibido por el peronismo propio de la Provincia de Córdoba, cuya estrategia, elaborada con una dosis de mezquindad, resultó errada.
Lo mismo cabe para la UCR, cuyo semáforo, que ya estaba en amarillo, pasó a un naranja con tintes rojizos. Los riesgos de una política echada a la suerte de la dispersión improvisada atenta contra la supervivencia legislativa del centenario partido. La sociedad argentina camina angustiada, con carencias y temores. Con esos miedos y esas necesidades a cuestas, igual votó al oficialismo.
Es posible que no haya encontrado otra opción que "le tire un centro" que ayude a salir de situaciones extremas. Está claro que la opción "del medio" no dio en el blanco, se desconcentró y, lo que se buscaba como equilibrio entre los populismos extremos, como centro de gravedad, quedó más en expectativa frustrada y cuesta arriba que en esperanza cercana.
Una elección (también la democracia) es la acción del sentido común. La suma de los votos, más allá del motivo que cada uno tenga individualmente a la hora de las urnas, da como resultado en dónde quiere estar la mayoría, dónde se quiere ir y dónde no. Si el centro es excéntrico, si no convence que puede incidir y es percibido más como tibio que sensato, es lógico que los votos lleguen a los bordes.
Otra elección nacional de medio término ha sucedido y eso, de por sí, debe alegrarnos. Que tanto los que ganaron como los que perdieron sepamos ver que hay una enseñanza: que la democracia es el único camino y que cada elección no es la llegada, sino una posta. Allá vamos.