El conflicto como principio de revelación
El final del año parlamentario encuentra al Gobierno frente a una posición estratégica que preanuncia dificultades aún mayores. Sus logros frente a los mercados financieros contrastan con las dificultades para asegurar niveles mínimos de gobernabilidad en áreas centrales de la política pública. En campos clave como la gobernanza del trabajo, la educación, la justicia, la protección social y la seguridad pública, el balance es todavía incierto.
La agenda de las últimas semanas ha puesto en evidencia la precariedad de sus apoyos parlamentarios. Si bien los apoyos logrados bastaron para sostener el ejercicio del veto presidencial ante la insistencia de dos tercios de la Cámara baja y la parálisis del Senado, los auxilios de emergencia no son suficientes para garantizar posibilidades de éxitos en sesiones extraordinarias orientadas a iniciativas tales como la aprobación Presupuesto 2025, la reforma política o la puesta en marcha de las fases más críticas de la reforma del Estado o el plan de privatizaciones. ¿Como imaginar un nuevo auxilio del FMI para un Gobierno que prorroga su Presupuesto por tres años o que amenaza con abandonar la Agenda 2030 o los acuerdos para el control del Cambio Climático?
Bajo estas condiciones, los avances cada vez más tangibles de la reforma económica apenas alcanzan para despejar las incertidumbres del año que se inicia. Lejos de recomponer su marcha, el Gobierno parece más bien optar por acelerar el sentido y el ritmo de la confrontación, buscando una suerte de simplificación final de los antagonismos, a la que hasta adjudica virtudes.
Sin embargo, nada nuevo bajo el sol o que no estén transitando la mayoría de los paises emergentes. La aceleración del conflicto es central en la estrategia del shock ensayada por la mayoría de los gobiernos actuales de América. La idea de un descenso a los infiernos como estrategia de revelación por la via del shock de los caminos que conducen a un nuevo orden, esta en la esencia de la deriva casi religiosa de los populismos contemporáneos. Domina el ritual de las campañas, la simbología de las ceremonias políticas inunda la dialéctica enloquecida de las plataformas y redes sociales y, sobre todo se refleja en la hiperactividad provocadora de los lideres
El conflicto no es una posibilidad: es un efecto buscado. Milton Friedman, profeta indiscutido de esta visión de la tarea de gobierno escribió: "Una nueva administración dispone de un periodo de entre seis o nueve meses para llevar a cabo cambios importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar con firmeza durante este periodo, no tendrá una segunda oportunidad igual. Los cambios ulteriores o llegan lentamente o no llegan y surgen reacciones contra los cambios iniciales". (Milton y Rose Friedman: La tirania del statu quo. Trad. J.M. Alvarez Flores. Barcelona: Ariel, 1984, pag. 11).
Friedman escribía recetas universales a partir de los avances y repliegues pragmáticos ensayados en experiencias de la época, como las del Chile de Pinochet o los Estados Unidos del primer Ronald Reagan, entonces a la vista. No imaginaba, seguramente, la posibilidad de que cuarenta años después, la Argentina se sumergiría en un experimento casi pasional de tales características.
De lo que se trata -sintetizaba Friedman, es de aprovechar plenamente la ventaja de ese breve espacio de tiempo en el que o que denomina a la tiranía del statu quo queda en suspenso. De allí la necesidad de desechar los buenos modales y la rutinas y costumbre parlamentarias e ir a fondo en la estrategia de choque.
La casi totalidad de los sistemas políticos de América Latina vive, en efecto , un conflicto abierto entre las estructuras gubernativas, los poderes legislativos y el poder jurisdiccional. Es una realidad que con matices diferenciales abarca un arco extenso de experiencias tan diversas como las de México, Brasil, Chile, Colombia, Perú o Argentina.
La deriva autoritaria que se avizora a partir de la reciente victoria de Donald Trump en Estados Unidos completa así un pronóstico reservado para la salud de las instituciones republicanas. Trump enfrentara desde un primer momento a los grandes diarios y empresas periodísticas, al sistema de justicia y al jet set empresario tradicional, en una estrategia orientada a remover precisamente lo que el tambien llama "la tiranía del statu quo".
La temática del tratamiento judicial de conflictos extremos entre poderes tiende a cobrar en la actualidad una importancia creciente. La doctrina comparada -especialmente la estadounidense- habla desde la primera experiencia de Trump de constitucional showdowns, aludiendo a la idea de "enfrentamientos decisivos" o apuestas decididas a un desencadenamiento en cadena de choques institucionales entre poderes como via para deshacer situaciones de parálisis.
La idea de showdown refleja casi gráficamente la existencia de decisiones importantes adoptadas ante situaciones de choques que enfrentan a poderes públicos en casos complejos o controvertidos, que carecen de procedimientos de resolución preestablecidos (para un tratamiento de casos, ver Posner, E.A y Vermeule, Adrian.: "Constitutional showdowns", en 156 University of Pennsylvania Law Review, 991-1048 (2008).
Una idea complementaria es la de "constitutional hardballs", referida a la práctica cada vez más frecuentes de conflictos institucionales, en los que las partes escalan de modo deliberado el nivel del conflicto hasta un punto en lo que no caben más que soluciones transaccionales, basadas en el temor al daño que puede generar una situación en la que una de las partes inflija una derrota a la otra parte, de consecuencias mutuamente inconvenientes para todos.
El conflicto se resuelve a través de una fórmula que innova en la situación crítica planteada. Como en los supuestos de "chicken game", las partes en conflicto aceleran confiando en el reflejo defensivo de la contraparte, que, en el último instante, depondrá su actitud ante la evidencia de los daños y los costos que un choque "a todo o nada" significará para todas las partes enfrentadas.
Ambas ideas reflejan, complementándose entre sí, la situación de vacío de una respuesta institucional satisfactoria frente a la escalada de conflictos entre los poderes públicos enfrentados entre sí. En el final, se especula, prevalecerá la decisión de evitar males mayores, a través de la adopción de soluciones que eviten el mal mayor.
Ejemplos de este tipo de situaciones pueden ser los casos de juicio político o, como en el caso actual de Mexico los de decisiones parlamentarias que establecen barreras para las funciones de control judicial de constitucionalidad de una reforma constitucional o de una determinada legislación.
Se trata de situaciones sin soluciones aparentes a la luz de los patrones establecidos. Fenómenos cada vez más frecuentes en el contexto democracias fragmentadas y desbordadas por la entidad e intensidad de problemas que superan la capacidad de respuesta desde los marcos institucionales establecidos.