Escenario

La pelota cayó de un lado

Antes de las elecciones y con la economía al límite, una jugada secreta del equipo económico logró contener el dólar y evitar el colapso: fue clave.
Milei, en minoría y con recesión: cómo una jugada financiera lo blindó del abucheo e
Carlos Leyba 31-10-2025
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Napoleón - recordó un amigo sorprendido, como yo, con el resultado - sólo nombraba General a quien había estado acompañado por la suerte. N. Kirchner, lo dijo un empresario amigo de él, "es un hombre de suerte": y la soja voló. 

Mieli, un afortunado: Bessent es amigo de J.L. Daza.

W. Allen, en "Match Point" (2005), recita: "Aquel que dijo que más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida". 

La pelota, un instante de suspenso, se detuvo sobre el cable del que la red pende. El mundo sería diferente según el lado en que cayera. La pelota caería, el cable forrado del que la red pende es mínimo. 

El "cable mínimo" - zona neutral de la política - es la razón de su fracaso: estamos siempre gobernados por el "enemigo". La pelota cae de un lado, nunca se sostiene en la zona de convergencia. 

"La política" es conversación, entre diferentes, en torno a ideas que construyan Nación y "el enemigo" es el monólogo gobernando. 

No hay hombres públicos para ensanchar la zona neutral de conversación, para que "la pelota se detenga" y podamos pensar juntos ideas superadoras y constructoras. 

Muchas personas relevantes "saltan la red": se pasan al otro extremo para no desaparecer. Los dos miembros de la LLA, una formación estructuralmente antiperonista, que más votos obtuvieron, Patricia y Santilli, crecieron y acumularon "poder político" en el peronismo: del otro lado. La Bullrich de Montonera a menemista a libertaria. 

Otra vez asistimos a la derrota de la política. El 32,15% de los electores decidió no votar: ganó la abstención pura. Segundo Milei, con el 27,61% de los electores suficientes para disponer de enormes posibilidades de gobernar con su criterio como lo hizo hasta ahora en minoría. Tiene hoy legisladores suficientes para gobernar a puro DNU y puro "veto". El mismo carácter de la primera etapa de gobierno. 

El 72,39% de los electores no se manifestó a favor. Pero esa mayoría numérica no conforma una "voluntad política": es una dispersión de voluntades -monólogos chicos y ausencia de diálogo entre ellos - que no puede conformar "otra voluntad política". 

La voluntad que ganó, más allá de la suerte, es la "romantización" libertaria. No es que los votantes hayan leído a Rothbard (Mises y Hayek no son eso) para aplaudir, aceptar, coincidir, tolerar, que el Estado deba retirarse, reducirse, disminuir su peso decisorio, aunque esa reducción implicara afectar a la salud pública, a la ayuda a los discapacitados o a la reducción de los presupuestos universitarios o a la progresiva destrucción de la infraestructura. Se votó para correr al Estado y hacerle mucho más lugar al mercado, incluido el mercado en su forma "importado". 

Es que el Estado, sobre todo después de la crisis de 2001, fue cada año más ineficiente y grande: en Nación, provincias y municipios. Fofo. A veces obsceno. Eficiente es imprescindible.

Por ejemplo, el ocasional "superávit gemelo" de Kirchner-  derrochado por ausencia de estrategia de largo plazo - generó una borrachera de omnipotencia pública que hociqueó muchas veces: acudiendo al swap y al Acuerdo chino sancionado por el Congreso, a las Reservas negativas, a la creación del pasivo remunerado para pagar la "estafa" del dólar futuro, al mega crédito del FMI, al default de la deuda en pesos, a la enésima renegociación de la deuda y la megadevaluación de diciembre de 2023 que puso en la pobreza a más del 50% de la población, etc. 

En menos de dos años, Milei logró contener la velocidad de la inflación y revertir el "estado de crisis". 

Pero llegó a esta elección en medio de una economía en recesión, con reservas negativas y atraso cambiario como ancla que contiene a la inflación, y con importaciones "a full" y el consumo en retirada: una tijera que concreta el cierre de empresas a un ritmo preocupante.

Muchos de a pie suponían que los actores serían abucheados. 

Pero, ¿acaso se puede decir que el 72% de los electores que no votaron a favor de Milei lo abuchearon en el teatro electoral? No. De ninguna manera. Que no aplauden no cabe duda. Pero el 27% representa más que cualquiera de los demás y ocupa las primeras filas. Y el resto está subdividido y en retirada. 

Hay un gran perdedor: Axel Kicillof, protagonista de la maldición del gobernador de Bs.As. que nunca pudo ser electo presidente. Octubre fue un sopapo: apenas apareció su cabeza triunfadora en septiembre, fue motivó para que, a pesar de estar Espert en la boleta LLA la gente la votó: mejor que Kicillof, hasta un... lo dejo a su imaginación. 

En las últimas semanas cuando la medida del miedo colectivo, que aparece cuando el dólar sube, amenazaba un abucheo que convocaba a la pelota hacia el lado "opositor", apareció la gran jugada de Toto Caputo. 

Unas semanas terribles. No había forma de resistir con las exiguas fuerzas propias. Todo se derrumbaba. La percepción rondaba detrás del presagio de Ricardo Arriazú "si se devalúa se acaba Milei" (22/8/24). Justo a días, a horas, de las elecciones. 

Al "mercado" se le había garantizado que el BCRA no compraría dólares para las reservas y que no se abriría el cepo para las personas jurídicas y que se haría todo lo necesario para que el tipo de cambio no se moviera de la banda. Se garantizaba que no se provocarían pérdidas para los ciclistas financieros, aunque se incumplieran compromisos con el FMI. 

Sin embargo, el equipo de Caputo II estaba a punto de ser arrollado. No estaban dispuestos a tirar la toalla. Esta vez "el Toto" había establecido un seguro al que ninguna fuerza local podría doblegar. 

Lo hemos comentado hace meses: la incorporación de J.L. Daza, "trader" chileno, de trayectoria financiera en NY, residente en EEUU y amigo entrañable de Scott Bessent, era la aceptación de una suerte de interventor (a la Rudi Dornsbuch) y a la vez, la garantía del apoyo del Tesoro, primero para ablandar al FMI y luego para poner dólares y swap y gestionar nuevos créditos si fueran necesarios. 

En el pico de la crisis Caputo y Daza, partieron a EEUU por varios días de silencio. 

Desde la potencia llegaron mensajes y poco después, la insólita y poderosa compra de pesos por el Tesoro yanque incorporándose al carry trade ganancioso, como acaba de señalar el propio Donald Trump: "Ganamos mucho dinero" (Clarín, 27/10)

La que parecía armarse como una catástrofe irredimible, dio paso a una salida extraordinaria. La presión dolarizadora continuó. Pero enfrentando a un muro imposible de sobrepasar. No fue una suerte, no fue que de casualidad la pelota cayó de un lado. 

Fue la brillante estrategia de contratar un seguro que nadie, salvo un trader, podría concretar: no sólo habilidad en la concepción sino fundamentalmente relaciones, de todo el equipo económico tejidas hace años, la fundamental de Daza y Bessent y la vía aceitada, con tantos conocidos, para generar al mismo tiempo ganancias fabulosas con el carry trade garantizado por alguien que afirma que no va a comprar reservas sino solo en el piso de la banda. Como decía el consultor libertario "el que no compra pesos (carry trade) que no diga que no le avise". Todas las puntas estaban atadas. Todos los protagonistas se conocían. Pasaron al mismo tiempo grandes financistas y poderosas figuras de ese mundo que conectan lo público y lo privado. La catástrofe no se produjo. Las ganancias sí.

Es cierto, sería injusto no repetir que el programa fracasó de la "a" a la "z".  J.Cottani, el único economista profesional del gabinete, dejó su puesto anunciando el irremediable fracaso del programa si continuaban por esa vía. Lo que no imaginaba que lo reemplazaría J.L. Daza que fue la corporeización física del seguro. Un control y una vía directa para aplicar el seguro que rescataría a los más arriesgados y a la vez evitaría la catástrofe. 

Caputo, de su anterior experiencia macrista, el despilfarro de casi US$ 50.000 millones del FMI y su reclamado despido, aprendió la necesidad de un seguro, de un nuevo prestamista de última instancia más allá del FMI que tiene sus reglas, y de una tropa de beneficiarios de altísimo nivel que serían socios y promotores de una solución. En síntesis: Caputo tiene todo el derecho de decir que "todo funciona de acuerdo al Plan" - al Plan Daza - y que, a pesar del fracaso del programa económico, él no fracasaría porque el Plan incluía un seguro inimaginable: los mensajes de Bessent, las promesas de Bessent, los dólares de Bessent, la manifestación de poder económico y político de J.P.Morgan aterrizando en Buenos Aires, convocando a todo el poder económico y político, y declarando que aquí estamos y los amigos somos amigos. 

Y todo eso bajo la frase extraordinaria de Donald Trump que dijo: "Si no gana Milei nos vamos". Y si gana miren todo lo que tenemos. Categórico. Si la pelota cae de un lado lluvia de dólares. Si cae del otro, nos vamos.

El miedo a la catástrofe, provocada por el fracaso del plan económico, como anunció Cottani, hizo del propio Caputo -inventor de Daza y la amistad de Bessent hombres de las finanzas- el gran autor de la solución. Increíble y extraordinario.

Caputo se lamentó de no haberle aflojado plata a los gobernadores, ahora prometieron que comprarán reservas y que bajarán la tasa de interés, es decir, que están a punto de cambiar la esencia del programa. A buen entendedor pocas palabras. 

Las palabras también prometen cambiarlas: basta de referencias anales. Ahora convoca a los gobernadores y va a lograr su apoyo. Esos invitados son de naturaleza aplaudidora. Entre los entenados está Kicillof, la provincia de Buenos Aires, y entonces la reunión es más bien "pan con pan". Los opositores duros no están, es monólogo. 

Cada triunfo es una oportunidad. El cambio radical de programa es una manera de aprovecharla. Pero la falta de dialogo con el que piensa distinto es echar a perder una oportunidad. Solo una economía creciendo y creando empleo puede amortiguar la debilidad de la política: porque otra vez la pelota cayó de un  lado. Para crecer en democracia, hace falta el largo plazo y sin consenso, sin convergencia, es muy difícil: la pelota de un lado.