La tercera es la vencida
Con la alianza entre La Libertad Avanza y el PRO consumada para las elecciones bonaerenses de septiembre, el peronismo se arriesga a perder en su bastión, en lo que sería un evento simbólico que condicionaría el año electoral.
En otras palabras, a partir de la decisión del gobernador de desdoblar, el PJ no tiene alternativa más que ir all in en septiembre, para obstaculizar un triunfalismo oficialista que ya parece imparable.
El resultado en la Ciudad de Buenos Aires aceleró un proceso que se hubiese dado en el sistema de partidos bonaerense de cualquier manera. Es incierto si en el equipo de Kicillof lo ignoraban o estaban viendo algo desconocido para el resto de los mortales.
Aun con una victoria de Santoro en la Ciudad, los incentivos para una alianza del espectro de la derecha hubiesen sido iguales o incluso mayores. Aun también con un escenario más parejo, LLA y el PRO —posiblemente con mayor conflictividad— hubiesen estado atraídos a negociar su unión como única posibilidad en unos comicios desdoblados inéditos.
El resultado de esto es algo todavía más llamativo. La figura opositora con mayor gravitación e historia de la política argentina decide ir a la trinchera del peronismo a competir por una banca en la diputación provincial, con tal de asegurar las mayores posibilidades de éxito para un espacio político que padecerá la decisión de su gobernador.
Kicillof desdobló con la intención de provincializar la discusión, mientras Cristina advertía el error de la jugada. Si la discusión gira en torno a la situación y las políticas públicas de la provincia, el peronismo tiene todo para perder.
La alternativa de confrontar frente a Milei y convocar al electorado descontento con su gestión suena mucho más inteligente, más aún dada la tendencia al ausentismo que muestran los últimos resultados.
Aun cuando el gobernador la desafió abiertamente, Cristina se baja a una pelea arriesgada con el único objetivo de que el peronismo no llegue a las elecciones para cargos nacionales con puras malas noticias, pero arriesgando darle al Gobierno nacional argumentos para defender una victoria simbólica que arrasaría con la confianza peronista de cara a octubre.
Aunque se hable de la candidatura provincial de la ex presidenta como un puesto menor, vale la aclaración de que competirá encabezando una circunscripción que, si no tenemos en cuenta a la provincia misma, sería el distrito subnacional más poblado del país. La tercera sección electoral, con sus casi cinco millones de electores, no determina el resultado de una elección nacional, pero sí que lo condiciona.
Ganar la Tercera le aseguraría al peronismo un buen porcentaje de votos a nivel provincial y le daría los argumentos necesarios para no sumirse en un pesimismo fatal. Sin embargo, el riesgo inherente de perder en su bastión con Cristina a la cabeza deja al justicialismo kirchnerista (y derivados) frente a una situación más que crítica.