Política, elecciones y opinión pública

Mariel Fornoni: "Hoy está más aceptado socialmente definirse como de derecha y hay una batalla por quién lidera ese espacio"

¿Serán los votantes capaces de reflejar en las urnas lo que declaran en las encuestas? ¿Cómo impactaría este giro político en los próximos meses si LLA adquiere el volumen legislativo del que hasta ahora carecía? ¿Cuáles serán los desafíos en esta nueva etapa política?
"Las encuestas explican lo que las personas dicen que van a hacer. Pero después hay que ver lo que efectivamente hacen", dice Mariel Fornoni. El Economista
Ramiro Gamboa 09-05-2025
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La sonrisa de Mariel Fornoni transmite la calidez con la cual toma la palabra. Política, coyuntura, estadísticas, elecciones y opinión pública son las dimensiones de su carrera. En el diálogo en su oficina, ubicada en una elegante zona de Retiro, es asertiva, enfática, valiente. En una época de posverdades, Fornoni mantiene la misma línea desde un comienzo: ir de frente y sumar pensamiento. 

Y es capaz de detenerse a explicar minucias del procedimiento del acto eleccionario próximo, con dedicación plena. En el sistema de Boleta Única Electrónica para las elecciones porteñas del próximo domingo 18 de mayo, explica Fornoni, los rostros de los candidatos varían ante la emisión de cada voto para que no haya sesgos respecto de quienes ocupen el primero y el último lugar, considerados como posiciones privilegiadas. 

La calidez y la lucidez de sus respuestas están acompañadas por la luz del día que se va apagando. Cuando oscurece, ella se levanta y prende la luz. 

Mariel Fornoni no duda en afirmar que si la elección de octubre fuera hoy "la ganaría el mileísmo". Asimismo, la analista asegura que Milei "insiste con las guerras culturales para reforzar su personalidad" porque "está más aceptado socialmente definirse como de derecha". La pelea es nítida: La Libertad Avanza le disputa el poder directamente al PRO, y el peronismo corre el riesgo de quedar relegado si no trasciende la figura de Cristina Kirchner: "Cristina no puede representar el futuro del peronismo. Su figura está más para convertirse en leyenda que para ser la protagonista de lo que viene", sostiene.

"Las encuestas explican lo que las personas dicen que van a hacer. Pero después hay que ver lo que efectivamente hacen", dice la analista política Mariel Fornoni en este mano a mano con El Economista. Fundadora y directora de Management & Fit, una de las consultoras de opinión pública más reconocidas del país, Fornoni reconoce los límites de su oficio: "El insumo que nosotros tenemos es lo que la gente dice que va a hacer, y cada vez reservan más para sí lo que realmente harán".  

En el escritorio y en la biblioteca de Fornoni se superponen libros de opinión pública de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, textos sobre economía del comportamiento, junto a fotografías familiares y recuerdos personales. Esa combinación entre política y vida es el territorio de esta especialista, licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Nacional de Mar del Plata y doctora por la Universidad de Valencia. Marplatense de origen, madre de dos hijos, Fornoni divide su tiempo entre Argentina y España, donde mantiene una estrecha colaboración laboral con su director de tesis, José Vila-Gisbert. Allí también canaliza su pasión por la navegación tras haber obtenido el título de timonel. Su pasión: domar las olas.

En 2009, cuando pocos se animaban a decir que Francisco De Narváez podría ganarle al peronismo, desde Management & Fit Mariel Fornoni lo anticipaba. Era la época en que comenzaba a participar, más activamente, en televisión en programas junto a referentes como Manuel Mora y Araujo o Julio Aurelio. Recuerda con alegría aquella elección, en especial, porque "nadie daba dos pesos de crédito por las predicciones". Al día siguiente, su teléfono no paraba de sonar. Ese mismo año también acertó con la ajustadísima victoria de Carlos Reutemann como senador por Santa Fe. Aquellos logros fueron decisivos para su carrera. 

Fornoni vivió un mes y medio en Londres para realizar una especialización en Behavioural Economics en la London School of Economics, en la cual profundizó en cómo las personas toman decisiones más allá de lo que declaran en una encuesta. Esa frontera entre lo que se dice y lo que se hace es el punto neurálgico de su actual objeto de investigación: "Entender qué hace realmente la gente frente a lo que dice que va a hacer". Posteriormente trabajó en experimentos sobre el impacto del diseño de pantallas en el voto electrónico y exploró otros estímulos capaces de influir sutilmente en decisiones cotidianas. 

En tiempos de polarización extrema y volatilidad política, su desafío es doble: interpretar lo que la gente expresa y descifrar lo que realmente siente, en particular en un país donde "cada vez más personas definen su voto adentro del cuarto oscuro". La política argentina, insiste, refleja perfectamente esas contradicciones entre lo declarado y lo real. Por eso, Mariel Fornoni se define más como analista que como encuestadora: su rol no es tanto predecir, sino interpretar.

A menos de diez días de las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, Fornoni pone la mirada más adelante y anticipa un escenario posible para octubre: si La Libertad Avanza alcanza alrededor del 40% a nivel nacional, podría obtener cerca de 100 diputados, redefiniendo completamente el panorama político argentino. Las preguntas quedan entonces abiertas: ¿Serán los votantes capaces de reflejar en las urnas lo que declaran en las encuestas? ¿Cómo impactaría este giro político en los próximos meses si LLA adquiere el volumen legislativo del que hasta ahora carecía? ¿Cuáles serán los desafíos en esta nueva etapa política?

—¿Cómo evalúa la estrategia de LLA de competir sola en distritos clave, como ya ocurrió en Santa Fe y ahora en la Ciudad de Buenos Aires, si se tiene en cuenta la tensión producida entre mantener su identidad y asegurar la gobernabilidad? 

La Libertad Avanza siempre ha sido muy principista. A veces no mide las consecuencias. LLA privilegia la identidad a la gobernabilidad. Aunque con el tiempo cuando también se convierta en casta, las cosas pueden cambiar. 

En este primer año y medio de gobierno se viene dando así, y se verá si esta actitud continúa en el tiempo o empiezan a medirse otras cuestiones que tienen más que ver con preservar lugares de poder y de "casta". 

Se ve que el presidente Milei a pesar de necesitar los votos del PRO, del radicalismo y de otras fuerzas, porque no tienen una situación cómoda en el Congreso, maltrata públicamente a aquellos de quienes precisa los votos. No quiero ni pensar cuando no los necesite más.

Y probablemente pronto necesite menos de otros partidos, porque esta elección renueva diputados y senadores y La Libertad Avanza no tiene mucho para perder, más bien lo contrario. Por eso, si LLA hace una elección que ronde los 40 puntos, va a quedar casi con 100 diputados. 

Va a ser la primera minoría en ambas cámaras, y si bien no van a tener quórum propio, el poder llama al poder. Porque cuando el gobierno tiene una gran cantidad de diputados propios es más fácil conseguir otros votos.

—¿Interpreta que cuanto más se convierta en casta el oficialismo, más abierto estará a pactar?

—Forma parte natural del proceso de volverse casta. Cuando alguien empieza a jugar al fútbol, acepta las reglas del fútbol, no puede jugar con las del rugby porque son distintas. Con la política pasa algo parecido: al principio se puede pensar "no voy a jugar con las reglas tradicionales", pero cuanto más tiempo alguien permanece en la política, termina adaptándose a esas reglas. El desafío real es si el oficialismo logra mantenerse puro y alejado de la casta o si inevitablemente termina aceptando sus reglas. Hasta ahora parecería que el gobierno sigue dándose ciertos gustos.

—¿Cómo explica que esta elección porteña haya logrado convocar figuras políticas tan relevantes a nivel nacional? 

Es una elección atípica. Nunca vimos tantas figuras nacionales compitiendo por lugares en la Legislatura porteña. Cargos que históricamente fueron ocupados por dirigentes menos conocidos. Se renuevan treinta bancas, la mitad del total, y al eliminar las PASO, se generó una situación en la que es fácil ingresar: con apenas un 3% se consigue un legislador. Por eso hay tantos candidatos y diecisiete listas. 

Además, hoy está más aceptado socialmente definirse como de derecha. Antes era incómodo, especialmente entre los jóvenes, pero ahora es bastante común. Por eso, hay una batalla política más profunda entre LLA y el PRO por ver quién lidera el espacio de centro-derecha. Aprovechando esta división, el peronismo busca sacar ventaja y está consiguiendo buenos números. Muchos preguntan sorprendidos: "¿Cómo puede ser que el peronismo mida tanto ahora?". La realidad es que Santoro mide lo mismo de siempre, pero el resto de los votos, principalmente del centro a la derecha, se dispersaron mucho.

La presencia de figuras de peso nacional muestra que esta elección no se trata únicamente de legisladores porteños, sino que es una medición temprana de fuerzas políticas rumbo a lo que viene.

Si el PRO queda tercero, quedará en una posición muy complicada porque La Libertad Avanza podría fortalecerse aún más y decidir no hacer alianzas en Provincia de Buenos Aires, afectando la situación del PRO, que ya viene debilitado tras la salida de figuras como Bullrich.

La elección está abierta, con mucha confusión y desconocimiento sobre qué se vota ahora y qué se vota en octubre. 

—¿Esta combinación de escenarios puede complicar la reelección de Jorge Macri?

—Sí, sin dudas. Porque en política no alcanza sólo con jugar bien, también importan las jugadas de los demásSi el Gobierno de la Ciudad queda debilitado y, encima enfrenta una Legislatura compleja que le bloquea iniciativas, a Jorge Macri se le va a hacer muy cuesta arriba mostrar resultados concretos que convenzan a la gente de reelegirlo.

Si el Gobierno de la Ciudad queda debilitado y, encima enfrenta una Legislatura compleja que le bloquea iniciativas, a Jorge Macri se le va a hacer muy cuesta arriba mostrar resultados concretos que convenzan a la gente de reelegirlo. Foto: Alejandro Guyot

—¿Cómo se explica la aparente contradicción entre el desprestigio de la clase política y los resultados electorales en los cuales los oficialismos triunfan? 

—La clase política está desprestigiada, aunque esa evaluación no incluye a todos por igual. Hay gobernadores que mantienen niveles altos de aprobación porque la gente valora mucho lo que ocurre en su provincia y logra diferenciar la gestión local de otros temas nacionales. Además, hay otras razones. En provincias donde el Estado genera mucho empleo, contratos con proveedores o sostiene económicamente a muchas familias, existe temor a perder esos beneficios si algo cambia. Entonces, al final, mucha gente se vuelve más conservadora, prefiere lo conocido, y el oficialismo termina ganando. Sin embargo, esto no ocurrió en la última elección nacional. También es verdad que ningún dirigente político goza hoy de buena salud en términos de imagen pública. 

—Muchos consultores observan que Martín Lousteau tiene una de las imágenes negativas más altas entre los dirigentes políticos, pero en 2023 estuvo apenas a 20.000 votos de ganarle las primarias a jefe de Gobierno a Jorge Macri. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción entre imagen negativa y desempeño electoral?

—En el caso de Lousteau, creo que después de haber perdido la Ciudad hubo una campaña fuerte, tanto desde el oficialismo libertario como desde el PRO, destinada a desprestigiarlo. Lousteau no es un candidato que se alinee fácilmente; tiene ideas propias y actúa con independencia.

Cuando un dirigente no vota siempre en línea con el PRO, suele ser estigmatizado y blanco de campañas de desprestigio que terminan dañando su imagen. En los hechos, Lousteau ganó en todas las comunas excepto en una en 2023. El problema fue que la derrota ocurrió en la comuna más poblada, justamente donde ganó Jorge Macri. De todos modos, Lousteau ya se ha recuperado antes y lo que necesita es tiempo.

"Lousteau ya se ha recuperado antes y lo que necesita es tiempo", sostiene Fornoni. Foto: Tomás Cuesta

—Además de la economía, ¿qué otros temas podrían influir en el comportamiento electoral?

El tema económico siempre es decisivo al momento de votar. Aunque algunos intenten subestimarlo. En general, las elecciones funcionan como un plebiscito sobre la gestión del gobierno. La excepción ocurre cuando existe una expectativa fuerte de que la situación puede mejorar.

Aspectos como la inflación, el superávit fiscal y la estabilidad del dólar son puntos que claramente juegan a favor de Milei en términos electorales. Pero dentro del panorama económico hay que prestar especial atención al desempleo. Existe una fuerte correlación entre el aumento de la desocupación y el cambio político en las elecciones, no solo en Argentina, sino en América Latina. Por lo general, cuando un país deja de crecer y sube el desempleo, se incrementan considerablemente las chances de que haya alternancia política.

Otro factor influyente es la corrupción, un tema especialmente sensible para quienes votaron a Milei. Al medir la candidatura presidencial, tanto los votantes del PRO como los de LLA le daban mucha importancia a la transparencia. Por eso el caso Libra fue tan delicado para Milei, ya que afectó dos áreas donde los electores lo percibían fuerte: el manejo económico y la honestidad. 

—En la percepción de su imagen, ¿cuánto hay de mérito propio en el liderazgo del gobierno libertario y cuánto influye la falta de opciones opositoras atractivas para el votante?

—Hay mérito de Milei. Por supuesto está la dimensión económica, aunque también influye que enfrente no haya opciones sólidas. Cuando un gobierno juega solo todo le resulta más fácil. 

Lo que ocurre es que si se mira la lista de imagen de los dirigentes actuales los liderazgos tradicionales están últimos. Massa, Cristina y Macri tienen muchísima imagen negativa. Entonces, no pueden liderar lo que viene: son necesarios, pero no suficientes, porque generan un alto nivel de resistencia.

Al mirar el espacio de Cristina, con Kicillof, Máximo y los gobernadores peronistas, no queda claro quién manda o quién toma las decisiones. Es una situación inusual en el peronismo, porque habitualmente, cuando ese sector tiene un líder definido —independientemente de que guste más o menos—, todos se alinean detrás. 

A su vez, espacios no peronistas también están implosionados. Basta observar lo que sucede en el PRO: Larreta se fue, Bullrich se fue, ahora parece que se van a ir los dirigentes de la Provincia de Buenos Aires, se le están yendo intendentes. También se fueron la Coalición Cívica y el radicalismo. 

—¿Es posible que Macri esté arrepentido de haber apoyado con tanta fuerza a Milei en aquel balotaje?

—Probablemente debería arrepentirse de varias situaciones. En el 2022, Larreta tenía todas las chances de ser presidente. Algo similar a lo que sucedió en 2019 con Vidal: si no se hubieran unificado las elecciones bonaerenses con las nacionales, habría sido reelegida gobernadora. Algo muy parecido pasó en el 2023. Si no hubiera existido la pelea interna que tuvieron, Milei probablemente no habría crecido como figura política. Larreta habría sido el candidato presidencial y tenía serias chances de ganar.

Sin embargo, apareció la interna con Bullrich. Macri podría haber ordenado la situación: Patricia —cuyo fuerte era la seguridad— para competir en la Provincia de Buenos Aires y Larreta para la Nación. Pero eso no sucedió. Apoyó a Patricia Bullrich, y hacia el final de la campaña, ni siquiera terminó apoyándola plenamente, sino que se volcó hacia Milei. Queda la sensación de que, en el PRO, o es Mauricio o no es nadie.

—Si Silvia Lospennato convoca a votar por los 18 años de gestión del PRO, ¿cómo se dirime la situación con Horacio Rodríguez Larreta, quien proviene justamente del mismo espacio y ahora compite por fuera? 

La campaña del PRO está orientada a deslegitimar a Larreta. Plantean que él se quedó solo, y sostienen que el auténtico equipo que transforma la Ciudad es el PRO y no Larreta. A la par, Larreta también señala públicamente que ese supuesto "equipo del PRO" desarmó los equipos técnicos "larretistas" que venían trabajando en la Ciudad. 

Respecto a si Larreta alcanzará los 10 puntos, es probable que sí, aunque no es seguro. Lograr un resultado de dos dígitos sería una buena elección para él, considerando que compite solo. 

—¿Es lo mismo votar por Ramiro Marra que por Manuel Adorni? ¿Ambos representan igualmente a Milei o hay diferencias significativas?

—Depende del tipo de elección que se trate. Si se vota por legisladores, no debería haber tantas diferencias, porque Marra surgió directamente de ahí: es fundador del partido y siempre estuvo activo políticamente en la Ciudad. Ahora, si el voto está orientado a respaldar al gobierno nacional y buscar una victoria en la Ciudad, el candidato es Adorni.

—En relación al tipo de apoyo que tiene Milei, su liderazgo logró impactar sobre todo entre los hombres jóvenes y pareciera ser más transversal que el de Macri, típicamente fuerte en las clases medias altas. ¿Considera que en la actualidad la batalla electoral se concentra en captar a ese votante histórico del PRO?

Cuando se observa la aprobación de Milei entre sus propios votantes, quienes lo eligieron mantienen un altísimo grado de fidelidad. Alrededor del 87% volvería a votarloY entre los que originalmente votaron a Bullrich, casi un 80% también lo apoya. 

Milei actualmente tiene un nivel de aprobación del 46%. Si bien viene cayendo, tampoco tanto: empezó con un 51% y ahora está en 46%. Teniendo en cuenta lo ocurrido en Argentina en este tiempo, esa caída no es demasiado significativa.

El núcleo duro que había votado a Bullrich era históricamente el núcleo del PRO. A ese núcleo original se sumaron después votantes varones, menores de 40 años, de sectores medios-bajos, que anteriormente eran el objetivo principal del peronismo. Ese segmento Milei se lo arrebató al peronismo. Y el sector que lo respalda ahora, pero que antes votaba a Bullrich, claramente se lo está arrebatando al PRO. Es decir, La Libertad Avanza está captando parte del electorado tradicional del PRO. 

Milei actualmente tiene un nivel de aprobación del 46%. Si bien viene cayendo, tampoco tanto: empezó con un 51% y ahora está en 46%. Foto: Kobi Wolf/Bloomberg

—¿Considera que el espectro progresista en la Ciudad se va a inclinar mayoritariamente por el voto a Santoro? 

No queda demasiado espacio entre el centro y la izquierda. Por lo que probablemente ese voto progresista lo termine concentrando SantoroNo es que él mida mucho más que en elecciones anteriores; tradicionalmente estuvo alrededor del 25 o 26%, y hoy quizá esté cerca del 28%. Es posible que termine creciendo un poco más, absorbiendo votos de algunos espacios minoritarios de izquierda. También está el voto radical, que supo tener peso en la Ciudad y actualmente no se identifica plenamente con la derecha. Evolución no logra retener todo ese voto radical, y no está claro aún hacia dónde se va a inclinar finalmente. 

—Sobre las guerras culturales, Milei sigue insistiendo en temas sobre los cuales no tiene consenso social. ¿Por qué cree que mantiene esa estrategia, y considera que esos temas pueden impactar en las decisiones electorales?

Porque así refuerza su personalidad. Al insistir en temas polémicos, sobre los cuales no hay acuerdo social y que evidentemente le traerán problemas, Milei transmite la idea de que actúa por convicción y no según lo que indican las encuestas. Varias veces remarcó eso explícitamente, diferenciándose del resto de los espacios políticos que deciden qué hacer según lo que les conviene electoralmente. 

—Si la elección de octubre fuera hoy, ¿qué ocurriría?

Si la elección de octubre fuera hoy, la ganaría el mileísmo. No aparece ningún competidor fuerte enfrente. Los otros espacios políticos están demasiado concentrados en sus batallas internas y no logran reorganizarse. 

Además, no han dado paso a las nuevas generaciones. Se sigue hablando de los mismos liderazgos desde hace 25 años. Hay que tener presente que el 50% de la población tiene menos de 39 años. Actualmente alguien de 39 años es casi un adolescente, porque se corrió mucho la percepción sobre las edades. Que la mayoría de los dirigentes tengan entre 60 y 70 años no refleja a esta sociedad. 

—A comienzos de año dijo que, ante la dificultad de la oposición, la figura que aparecía más fuerte para enfrentar a Milei era Cristina. ¿Sigue viendo ese escenario o nota que Kicillof ya le disputa ese rol dentro del peronismo? 

—Si se mide hoy Cristina contra Milei o Kicillof contra Milei, Cristina tiene mejores resultados, simplemente porque es una figura mucho más conocida. 

De todos modos, parece que a todos los partidos les sucede algo parecido: atraviesan un momento de replanteo interno sobre qué representan. En este sentido, Cristina no puede representar el futuro del peronismo. Su figura está más para convertirse en leyenda que para ser la protagonista de lo que viene.

—¿Y cómo evalúa actualmente la imagen pública de Axel Kicillof?

—Tiene imagen negativa como prácticamente todos los dirigentes políticos en este momento. La aprobación de Kicillof en la Provincia de Buenos Aires está en alrededor de 32 o 33 puntos, similar al nivel de aprobación que tiene Jorge Macri en la Ciudad. Milei, en cambio, tiene una aprobación del 42% en la Provincia, es decir, aproximadamente 10 puntos más que Kicillof.

"Cristina no puede representar el futuro del peronismo. Su figura está más para convertirse en leyenda que para ser la protagonista de lo que viene", concluye Fornoni. Foto: NA