Elecciones

Stalingrado y CABA

La elección de este domingo en la Capital Federal es por lejos una de las más atractivas de los últimos años. Acostumbrada a ser una elección bastante fácil de predecir, este año a causa de la fragmentación asistimos a un escenario incierto a la hora de saber quién puede ser el ganador.
Domingo decisivo. IA
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Esta nota va a analizar la contienda porteña desde un factor particular, que es el valor simbólico que puede tener su resultado, y las consecuencias que podría llegar a tener en el reordenamiento del mapa político nacional de cara a las elecciones legislativas de octubre.

En este sentido, la batalla por la Ciudad de Buenos Aires es comparable a la Batalla de Stalingrado que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial (2GM).

Importancia estratégica e importancia simbólica

En 1942, transcurrido el primer invierno luego de la invasión nazi a la Unión Soviética, los alemanes retoman la ofensiva para dirigirse a los campos petrolíferos del Cáucaso en Azerbaiyán, un objetivo estratégico fundamental para sostener la maquinaria de guerra.

Stalingrado quedaba de paso: una ciudad importante, pero irrelevante para el objetivo real de los alemanes. Sin embargo, esa ciudad llevaba el nombre del líder soviético: tomar esa ciudad significaba una humillación y un triunfo simbólico demasiado importante sobre el líder comunista.

Volviendo a la Argentina electoral, históricamente el distrito más importante siempre fue la Provincia de Buenos Aires. La Ciudad tiene un quinto de ese tamaño electoral, y además es un distrito donde el PRO hegemoniza desde el año 2005, ganando todas las elecciones (legislativas y ejecutivas) hasta la actualidad.

No obstante, pese a eso asistimos a un comicio por primera vez en mucho tiempo con resultado incierto. La fragmentación del PRO y la explosión de lo que era Juntos por el Cambio transformó en apetecible la elección porteña. La Libertad Avanza y el peronismo se disputan la posibilidad de asestarle un golpe de KO al PRO: una derrota en su propio bastión simbólicamente dañaría la capacidad de proyectarse como opción nacional al partido amarillo.

El capítulo LLA vs PRO es el que otorga el condimento definitivo a esta elección. Desde el ballotage de 2023 que puso a Javier Milei en la Casa Rosada, el PRO siempre intentó ser una especie de tutor del "rumbo del cambio"libertario amparándose en el concepto de ser los "primeros".

El PRO fue fundamental legislativamente hablando para que las leyes fundamentales de la coalición violeta pudiesen sobrevivir, pero también es importante decir que esa alianza siempre fue de desconfianza mutua, quizás preguntándose ambos en qué momento uno traicionaría otro.

El soviético Molotov y el alemán Von Ribbentrop también habían firmado un pacto de no-agresión en las vísperas de la 2GM (el cual permitió el reparto de Polonia y que Alemania pudiese concentrar sus esfuerzos bélicos en el frente occidental frente a los ingleses y franceses) que estalló por los aires cuando uno de los dos reveló sus verdaderas intenciones.

La relevancia simbólica crecida por los protagonistas

Una de las mejores películas sobre la Batalla de Stalingrado es "Enemy at the Gates". Jude Law encarna a un joven pastor de los Urales devenido en francotirador (VassilliZáitzev), el cual es bastante metódico y exitoso. Los soviéticos lo transforman en propaganda intentando levantar la moral de los rusos.

Los alemanes por otro lado (a tono con transformar la batalla por una ciudad sin relevancia estratégica en una disputa a vida o muerte) envían a un condecorado oficial, director de la escuela de francotiradores en Zossen, el Mayor König, interpretado por Ed Harris. Los alemanes decidieron enviar a su mejor hombre. En la Capital Federal ese hombre, con la misión de asestar un golpe moral al PRO es Manuel Adorni.

Todos los actores envían a su mejor soldado a combatir por la Ciudad de Buenos Aires, sabiendo que, independientemente de la relevancia estratégica, las victorias simbólicas no son menos importantes: sus consecuencias pueden ser profundas e irreversibles. La derrota de Stalingrado, en la cual los alemanes dejaron gran parte de material bélico y hombres, fue el punto de inflexión para la segunda guerra mundial. Una derrota del PRO en el bastión electoral que hegemoniza hace 20 años, el territorio que vio nacer a esa fuerza política, golpea su construcción y proyección como fuerza nacional.

Las consecuencias de una derrota

En un año electoral que apenas arranca, están en juego muchas cosas. El PRO y la Libertad Avanza están discutiendo posibles alianzas para los comicios nacionales, y fundamentalmente en la Provincia de Buenos Aires, donde el peronismo aparece como el actor más fuerte y relevante.

Milei sabe que una victoria en la ciudad (o sacar más votos que la candidata del PRO Silvia Lospennato) le facilita la tarea de conducir el proceso de simbiosis con el partido amarillo que se está dando a nivel de votantes y dirigentes en gran parte del país.

Es de esperar que una derrota en la Ciudad debilite la posición interna de Mauricio Macri en el PRO, resulte en una sangría de dirigentes que se verán con más posibilidades en las huestes violetas, y en la independencia mayor de dirigentes como Ignacio Torres (el gobernador de Chubut) o algunos gobernadores de espacios provinciales que han ganado sus elecciones al auspicio amarillo.

Las lecturas nunca deben ser lineales, y hablar de la desaparición del PRO como partido es una ridiculez: bien sabido es que los partidos muchas veces reptan ocupando cargos, generando dirigentes y siendo competitivos a nivel provincial o local: lo que queda herido de muerte con la derrota en la Ciudad (aunque no lo reconozcan en Uspallata) es la construcción del PRO como una opción nacional con potencial para ser competitiva en elecciones presidenciales, y capaz de conducir (o ser el principal representante) del votante no-peronista.

Una victoria de Adorni también debería preocupar al peronismo: La Libertad Avanza es una fuerza profundamente ideológica en su discurso pero con una vocación catch-allclara en la representación: tiene ascendencia en el votante no-peronista metropolitano, pero también en el votante peronista del interior del país: su conservadurismo popular (componente que bien me marcaba el profesor Luis Tonelli cuando pude acompañarlo en la última edición de El Economista TV) amenaza al peronismo y puede condenarlo a ser un partido reducido que represente solo al progresismo metropolitano.

El 18 de mayo a las 21hs aproximadamente sabremos el resultado, y las lecturas comenzarán a abundar. Lo único que sabemos es que, como decía Winston Churchill luego de la victoria aliada en El-Alamein, "este no es el final, ni siquiera es el comienzo del final. Es el fin del comienzo."

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