Análisis

La política en la economía de la atención

El politólogo Bernard Manin describió hace tiempo la transición desde las democracias de partidos hacia lo que llamó "democracia de audiencias": las plataformas digitales radicalizaron esa tendencia.
Juan Manuel Beron 27-03-2026
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En la Argentina actual, gobernar implica algo más que tomar decisiones o implementar políticas públicas. Implica también disputar atención. No solo frente a la oposición política o a los medios tradicionales, sino dentro de un ecosistema informativo donde la visibilidad misma se volvió un recurso escaso.

Durante buena parte del siglo XX ese problema era menos evidente. La política ocupaba un lugar relativamente estable en la conversación pública. Existían mediaciones (partidos, medios, organizaciones sociales) que estructuraban el flujo de la información política y le garantizaban a los gobiernos un cierto lugar en la agenda.

Ese escenario cambió. La fragmentación del espacio público y la irrupción de plataformas digitales modificaron las condiciones bajo las cuales la política logra volverse visible. La política ya no organiza la conversación pública: compite dentro de ella.

Cuando la atención se vuelve un problema de gobierno

Desde la teoría política, buena parte de la discusión sobre comunicación democrática estuvo asociada al problema de la agenda pública. En los términos clásicos de la teoría del agenda setting, el poder político se vinculaba con la capacidad de definir qué temas se volvían socialmente relevantes.

Hoy ese problema parece haberse desplazado. En un ecosistema informativo saturado, la cuestión ya no es solo quién define la agenda, sino quién logra sostenerla. La conversación pública se volvió inestable, fragmentada y extremadamente volátil. Los temas aparecen y desaparecen con una velocidad que dificulta la construcción de narrativas políticas duraderas.

En ese punto aparece un desafío nuevo para los gobiernos: sostener agenda en un entorno que estructuralmente tiende a dispersarla.

El sociólogo Manuel Castells señaló que el poder en las sociedades contemporáneas se ejerce en gran medida a través de la capacidad de intervenir en los flujos de comunicación. Algo similar advierte Shoshana Zuboff al analizar cómo las plataformas digitales reorganizan la circulación de información dentro de la economía digital. La atención se convierte, en ese contexto, en un recurso político.

La pauta como forma de intervenir en la agenda

En ese marco, la pauta digital comienza a cumplir una función distinta a la que tradicionalmente se le atribuía. Durante años fue pensada como una herramienta de comunicación institucional o de campaña. Hoy puede entenderse también como un mecanismo para intervenir en los sistemas que distribuyen visibilidad dentro del espacio público digital.

El politólogo Bernard Manin describió hace tiempo la transición desde las democracias de partidos hacia lo que llamó "democracia de audiencias", un sistema donde la relación entre representantes y ciudadanos se organiza crecientemente a través de dispositivos de comunicación. Las plataformas digitales radicalizan esa tendencia: las audiencias ya no son masivas ni simultáneas, sino fragmentadas y gobernadas por arquitecturas algorítmicas que administran qué contenidos circulan y cuáles se diluyen.

La publicidad digital aparece entonces como una herramienta para intervenir en esa arquitectura. No sustituye a la política ni a las decisiones de gobierno, pero sí permite disputar algo cada vez más decisivo: la capacidad de sostener temas en la conversación pública.

Gobernar en un ecosistema distraído

Nada de esto implica que la política haya desaparecido ni que las decisiones públicas dependan exclusivamente de la comunicación. Pero sí señala una transformación en las condiciones bajo las cuales los gobiernos ejercen el poder.

Durante décadas, el problema central de la política fue construir mayorías. Hoy empieza a convivir con otro desafío menos visible: conseguir atención suficiente para que las decisiones de gobierno logren sostenerse en la agenda pública.

En un mundo saturado de información, la escasez ya no es el mensaje. Es la atención necesaria para que ese mensaje pueda convertirse en política.