El poder predictivo de los índices de confianza pública

Por Nicolás Solari

 

 Los índices de confianza en el Gobierno y del Consumidor han demostrado tener alguna relación con los resultados electorales

 

Periodistas, políticos, empresarios y consultores se vuelcan por estas horas al exhaustivo análisis de múltiples indicadores sociales, económicos, políticos e institucionales a fin de detectar indicios que les permitan anticipar los resultados de las cruciales elecciones nacionales del 22 octubre.

Entre los indicadores más comúnmente consultados está el Índice de Confianza en el Gobierno -ICG- y el Índice de Confianza del Consumidor -ICC-. Ambos, son índices elaborados por la Universidad Di Tella -UTDT- en base a una encuesta nacional de 1200 casos realizada mensualmente por Poliarquía Consultores [1]. La repetida utilización de estos índices de opinión pública en la contextualización de procesos políticos y electorales guarda relación con al menos tres fortalezas que presentan dichos índices: 1) Son elaborados por un institución de alta credibilidad en base a un metodología homologada internacionalmente; 2) Son de acceso público y gratuito a través de la página web de la UTDT; 3) Son relevados mensualmente desde 1998 (el ICC) y 2001 (el ICG), lo que permite un análisis comparado e inter-temporal.

Además, los valores de ambos índices han evidenciado guardar alguna relación con los resultados electorales de los últimos quince años. Tal como se observa en el Gráfico 1, el ICG parece ser en general un buen predictor (mejor que el ICC) del caudal electoral del oficialismo en elecciones nacionales. La excepción más evidente, aunque no la única, es la PASO de 2017, cuando el oficialismo obtuvo una performance electoral inferior a la que cabría haber esperado en base al comportamiento de ambos índices.

De hecho, cuando se corre una regresión del voto del oficialismo sobre el ICG se observa que el índice explica un 55% de la variabilidad del voto oficialista en elecciones nacionales, apenas unos puntos por arriba del ICC, que explica el 51%. El residuo de la regresión oscila en el caso del ICG entre -8 y +10 pts. (con un residuo promedio de 4) y en el caso del ICC entre -8 y +9 pts. (con un residuo promedio de 6). En definitiva, el valor de ambos índices en el mes del los comicios tiene una utilidad más bien acotada a la hora de estimar la performance electoral del oficialismo en elecciones nacionales, ya que en los últimos 14 años registra un error promedio de casi +/- 5 pts. con elecciones en los que alcanza los +/-10 pts.

Sugestivamente, cuando se excluye la PASO de 2017 el poder predictivo del ICG sube hasta el 64%. En este sentido, podría conjeturarse que el Índice es más efectivo a la hora de predecir el resultado del oficialismo cuando este es ejercido por el peronismo. El piso electoral que tiene el peronismo en muchas de las provincias periféricas -y del que carece Cambiemos- podría ser una explicación del fenómeno.

De todas formas la inexactitud predictiva de los índices no debiera sorprendernos en tanto que el resultado de toda elección está íntimamente relacionado con la oferta electoral -tanto en términos cuantitativos (cantidad efectiva de partidos o frentes) y cualitativos (los atributos de los candidatos, las propuestas, etcétera)-, y la dinámica de la campaña.

Si bien los índices analizados demuestran ser incapaces por si solos de determinar con precisión el caudal electoral del partido de gobierno, esto no invalida su capacidad de brindar información valiosa para contextualizar y analizar tendencias. Con respecto al ciclo electoral en curso, el análisis de los indicadores de confianza pública permite incorporar al menos tres valiosos elementos de análisis:

-Por primera vez desde que se miden los índices, la elección nacional se desarrolla en un contexto donde la Confianza en el Gobierno es superior a la Confianza del Consumidor. En efecto, la elección de Macri en 2015 trastocó fundamentalmente el comportamiento de ambos índices, generando un salto abrupto de la Confianza en el Gobierno acompañado por una caída sostenida de la Confianza del Consumidor. La brecha entre ambos índices se mantuvo estable durante todo 2016 y, aunque comenzó a estrecharse en los últimos meses, sigue siendo una característica distintiva del actual periodo.

-La conducta de los índices durante la gestión Macri manifestó diferencias geográficas. En la Capital y el interior la Confianza en el Gobierno creció de forma explosiva mientras que en el GBA el crecimiento fue más acotado. Además, durante el primer semestre de 2016 la Confianza del Consumidor cayó más abruptamente en el conurbano que en la Capital y el interior. Así las cosas, la elección de Capital y del interior se dan en un escenario donde predomina la confianza política sobre la del consumidor, mientras que en GBAambos índices están más cerca de coincidir.

-Finalmente, si bien es cierto que la oferta electoral varía de elección en elección, los cambios entre las elecciones primarias y las generales son acotados y, por tal motivo, es posible analizar la fluctuación del voto al oficialismo entre elecciones primarias y generales de un mismo año a la luz de la evolución del ICG y el ICC. La tabla adjunta muestra que las variaciones del ICC entre las elecciones primarias y generales de 2011, 2013 y 2015 guardan poca relación con la evolución del voto del partido de gobierno. El ICG sin embargo registra algunas tendencias consistentes. En 2011 el ICG subió fuertemente (+7.5 pts.), anticipando la suba en el caudal electoral de Cristina Kirchner (+3.9 pts.). En 2013, el ICG subió moderadamente (+2.2 pts.) anticipando una suba moderada en el caudal nacional del FPV (+2.2 pts.). En 2015, el ICG se mantuvo estable (de hecho cayó unas pocas décimas) adelantando la retracción del caudal electoral de Daniel Scioli (-1.6 pts.).

Resumiendo, los índices de confianza pública pueden estimar el caudal electoral del partido de gobierno solo de forma burda. En términos generales, el ICG demuestra ser algo más preciso que el ICC, y habida cuenta de que la serie histórica de ambos indicadores coincide con los gobiernos kirchneristas (2003-2015), los índices se muestran más precisos para estimar el voto del partido de gobierno cuando este coincide con el peronismo.

De todas formas, los índices demuestran ser útiles para contextualizar y analizar tendencias electorales. La interacción del ICG y el ICC muestra que por primera vez en 15 años la confianza en el gobierno es mayor a la confianza del consumidor, conjeturalmente una emancipación del apoyo político al gobierno por sobre la realidad económica. Dicho escenario caracteriza a la Capital y cada vez menos al interior, pero no al Gran Buenos Aires donde ambos índices son bajos y tienden a coincidir. Además, la experiencia acumulada entre 2011 y 2015 señala que el comportamiento del ICG entre la elección primaria y la general puede anticipar la tendencia del voto oficialista. En este sentido, el crecimiento del ICG entre agosto y septiembre (de 6 pts. en base 100), correlacionaría con un crecimiento electoral del oficialismo de aproximadamente 4 pts. lo que proyectaría el caudal electoral nacional de Cambiemos hasta el 40%, la mejor elección intermedia del partido de gobierno en los últimos 10 años.

[1]  Ambos índices provienen de una encuesta telefónica, realizada durante los primeros 15 días de cada mes a una muestra de 1200 personas mayores de 18 años, residentes en ciudades de más de 10.000 habitantes de la República Argentina. La muestra es probabilística, lo que permite generalizar sus resultados a la población argentina.

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