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Panorama

Un crash course en política parlamentaria y un gradual giro al pragmatismo

La escena legislativa actual en la Cámara de Diputados comienza a adoptar una distribución bipolar, parecida a la vista en los últimos años.

Santiago Alles 04 mayo de 2024

El gobierno vivió durante los últimos dos meses un pronunciado giro hacia el pragmatismo. De un mega-proyecto inicial de cientos de artículos de extensión, que comprendía un enorme espectro de temas; a un texto con una extensión que era sólo una cuarta parte de aquel, con un set de temas específicos. 

De un proyecto escrito por el Ejecutivo en soledad, que luego intentó imponer sin cambios y sin votos, sólo traccionado por amenazas; a un proyecto activamente reescrito por los legisladores cuyos votos eran necesarios para aprobarlo. Para sorpresa de nadie, el trabajo profesional tuvo resultados muy diferentes a la improvisación amateur. 

Como escribe Carlos Fara, volvió Bilardo. Ganar no es lo más importante, es lo único.

Ahora bien, ¿cómo han quedado distribuidas las posiciones en la Cámara de Diputadxs tras seis meses de la extrema derecha en el gobierno?

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La figura anterior presenta la distribución espacial de los diputadxs de acuerdo a sus votaciones, a partir de una estimación bayesiana en dos dimensiones. Ambos paneles contienen exactamente la misma información: el panel izquierdo destaca la posición de los bloques en los polos de la arena legislativa, mientras que el derecho destaca las posiciones en el centro. La estimación incluye todas las votaciones nominales en el recinto desde diciembre hasta hoy, lo que constituye una muestra de datos pequeña. Aun tomando los resultados con cautela, los patrones de votación trazan un panorama de la situación relativamente claro.

Una arena bipolar

Un polo de la arena legislativa es ocupado por la coalición en el gobierno. La Libertad Avanza (LLA) y Propuesta Republicana (PRO), tal como ocurrió en el verano, se desempeñaron sin fisuras, tanto en los discursos durante el debate, como también en las votaciones en el recinto. Por más que no le hayan puesto un título a la relación, ellos se comportan como una alianza y los demás actores asumen el apoyo disciplinado del PRO, sea lo que sea que mande el Ejecutivo al Congreso. Ni existen diferencias entre facciones macristas, larretistas y bullrichistas dentro del PRO, ni tampoco existen diferencias entre el PRO y LLA.

El otro polo de la arena legislativa es ocupado por el peronismo, única oposición realmente existente, acompañado por un puñado de legisladores del FIT. Más allá de las disputas por el liderazgo en el peronismo, el bloque de Unión por la Patria se mantuvo unido en el recinto; sólo seis legisladores se separaron en algunas votaciones, tres representantes de San Juan y tres de Catamarca. No es poco para un partido tan acostumbrado a estar en el gobierno. Por trazar un paralelo, a esta altura del período de Macri, el bloque peronista ya había sufrido la ruptura de 15 diputadxs encabezados por Diego Bossio y Oscar Romero, a lo que se sumaba que el massismo ya había ingresado por su cuenta como Frente Renovador. En esta ocasión, tras la fuga de tres legisladores tucumanos en el verano, el bloque no vivió mayores turbulencias.

El centro político

El área central de la arena legislativa es ocupada por la Unión Cívica Radical (UCR), Hacemos Coalición Federal (HCF) e Innovación Federal (IF). El apoyo brindado por estos tres bloques tras dos meses de negociaciones explica la aprobación final del paquete legislativo. Sin embargo, cada uno de ellos tuvo comportamientos muy diferentes, que se ven con más claridad examinando la frecuencia con la que sus legisladores votaron con el gobierno.

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La figura anterior presenta la frecuencia con que cada legislador votó con el gobierno durante abril, según bloque legislativo, excluyendo a los legisladores de la oposición. Cada barra es un legislador; las barras llegan al máximo cuando ese legislador votó igual que el jefe de bancada de LLA, el cordobés Gabriel Bornoroni, en todas las votaciones para las que hay disponible un registro nominal.

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De los tres bloques en el área central, Innovación Federal (IF) ha sido no sólo el más disciplinado, sino también el más cercano a la coalición LLA-PRO. Las rondas de negociaciones de Francos et al. con gobernadores parecen haber dado frutos. Estos ocho legisladores, mayormente salteños y misioneros, apoyaron al gobierno en el 96.9% de las votaciones, contra sólo 56.3% en el verano (+40.6). Mirado por bloques, este fue el cambio más significativo entre febrero y abril.

El bloque radical está profundamente dividido. Sin embargo, esas partes tienen un tamaño muy desigual. La mayoría está estrechamente alineada con el Gobierno: 27 de los 34 legisladores en la bancada apoyaron al gobierno en 85%+ de las votaciones. Ponderado por su tamaño, el radicalismo-M proporciona el apoyo legislativo más importante en ese espacio central. Más aún, si damos por válidos sus discursos, este apoyo parece estar construido sobre afinidades ideológicas, antes que sobre negociaciones circunstanciales, lo cual puede ser signo de un acercamiento estable a la coalición LLA-PRO.

HCF es el bloque más heterogéneo en su constitución, y esas divisiones se vieron reflejadas en el recinto—en promedio apoyaron al gobierno en el 64.2% de las votaciones, pero dentro del mismo bloque conviven representantes que votaron casi siempre con el gobierno, con otros votaron casi siempre en contra. Sin embargo, esa fractura ya era visible en febrero, aunque entonces mereció poca atención, tapada por el estruendo del fracaso del gobierno. De algún modo, Miguel Ángel Pichetto es un broker que ofrece su experiencia negociadora para tejer acuerdos, pero no cuenta con los recursos que usualmente darían influencia a un jefe de bancada, es decir un bloque con números y disciplina detrás.

Una grieta subóptima

La escena legislativa actual en la Cámara de Diputados comienza a adoptar una distribución bipolar, parecida a la vista en los últimos años. La Cámara ahora se organiza alrededor de un polo LLA-PRO, al que se aproxima rápidamente la UCR-M, enfrentado a un polo PJ-FIT. 

El polo liderado por la extrema derecha reemplaza al anterior PRO-UCR-CC, programáticamente más moderado. Sin embargo, en un contexto más fragmentado, este reemplazo lo hace con peores números: ahora reúnen sólo 108 legisladores. La construcción legislativa del gobierno entonces dependerá de sostener la cooperación con los actores sueltos en ese espacio central. 

HCF e Innovación Federal parecen estar disponibles a esa cooperación, pero eso seguramente sea condicional a la estrategia que siga el gobierno. Si el Ejecutivo, confiado en su victoria reciente, vuelve al estilo que intentó durante el verano, tratando de imponerse en forma unilateral, los bloques de centro pueden considerar que ya dieron suficiente apoyo, y adoptar posturas más intransigentes. 

Miguel A. Pichetto ya advirtió que con una estrategia unilateral "no se puede funcionar los cuatro años" y la experiencia del verano demostró que pueden imponerle al gobierno muy altos costos. Si el Ejecutivo en cambio, conserva este espíritu transaccional, la relación puede volverse más constructiva. 

Este crash course en política parlamentaria quizás dejó algunos aprendizajes. No obstante, las transacciones tienen costos. Algunos costos son fiscales, tales como reactivar obra pública, garantizar fondos para el pago a docentes, entre otros. Pero además, implican renunciar a una agenda maximalista. No se trata sólo de buenas maneras.

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