En la recta final hacia el 25-O

(Columna de Alejandro Radonjic)

El capítulo más dinámico de la temporada de caza de votos es el que están librando Mauricio Macri y Sergio Massa.

El consenso de la patria encuestadora vaticina que el orden de llegada del 25-O será el mismo que el 9-A: Daniel Scioli encabezará el podio; Mauricio Macri aparecerá un escalón más abajo y Sergio Massa, tercero, completará el top 3. Asimismo, auguran los sondeos de opinión, los caudales electorales serán similares a los de las PASO. Pasaron casi dos meses desde las PASO, y mucha agua debajo del puente, pero los grandes números no parecen alterarse: estamos, como bien señala el sociólogo Eduardo Fidanza, ante un electorado estable y poco volátil.

Pero, pese a la estabilidad que arrojan los sondeos y que invitan a pensar que los grandes números seguirán intactos hasta el 25-O, ahora entramos en la recta final. Son los últimos metros de la carrera y los días más decisivos de la (extensísima) campaña electoral. La época en la cual los incipientes corrimientos electorales, que los hay, podrían (o no) solidificarse.

Porque, detrás de la aparente estabilidad, hay algunas tendencias que podrían acarrear alguna sorpresa el 25-O. Quizás la más importante sea el crecimiento en el margen que viene registrando Massa en los sondeos. Si el incipiente movimiento se convierte en una tendencia firme en las próximas semanas, Macri se quedaría sin oxígeno para crecer y colocarse cómodamente arriba de los 30 puntos. Con un Scioli que, probablemente, supere el 40%, la distancia con respecto al segundo podría estirarse más allá de los 10 puntos y permitirle una victoria con la regla de 40%+10. En las próximas semanas, la ciudadanía, interpelada por la vertiginosa coyuntura, observa la oferta una vez más y repiensa su voto. Las campañas, y todos sus componentes, importan. Los presidenciables deben calibrar sus estrategias y sus discursos. Las PASO parecen haber operado, como sugiere Ricardo Rouvier, más como un “techo” que como un “piso”. Por lo tanto, todos, sin excepción, deben salir a la caza de nuevos votantes.

Por eso, incluso el FpV debe proyectar un futuro con cambios y una nueva agenda cuyo eje dilecto es el “desarrollo”. Con el pasado y la continuidad pura y dura ya no alcanza para ganar. “El votante que debe salir a buscar Scioli es muy distinto al que ya tiene”, advertía el analista Juan Germano en la última edición de el estadista.

Consolidado el núcleo duro, el gobernador relanzó su campaña con un mensaje más abierto. La promesa sciolista es garantizar la gobernabilidad y la ampliación de las políticas inclusivas más aceptadas de la última década en un contexto en el cual se atienden los evidentes problemas que arrastra la economía (alta inflación, falta de infraestructura y pérdida de rentabilidad en numerosos sectores, entre varios otros) y, dicho algo más solapadamente, se reduce la intensidad de la disputa política y se abre una etapa con un reparto más difuso del poder político en la cual el PJ, y sus gobernadores, ocuparían un lugar más destacado y habría mayor institucionalidad. Una estrategia que pretende contenery, sobre todo, ir más allá de las amplias fronteras del FpV.

Pero el capítulo más dinámico de la caza de votos es el que están librando Macri y Massa. En pocos días pasaron de ser posibles aliados a los protagonistas del fuego cruzado entre sus tropas. El jefe de Gobierno obtuvo 2,2 millones de votos más que el diputado nacional en las PASO y, se suponía, se beneficiaría de la polarización: los votantes massistas lo verían como el vehículo mejor posicionado para vencer al FpV y fluirían hacia él. Sin embargo, eso no está ocurriendo. Es más: algunas encuestas están registrando el movimiento inverso. Los errores de Cambiemos y la tenacidad de Massa alejaron la polarización. La dinámica contribuye a aumentar las probabilidades de que Scioli se imponga con la regla de 40%+10. ¿Se reanudará la polarización en las próximas semanas? Pero, si ocurriera, ¿a quién beneficiaría: al ascendente Massa o al estancado Macri? Cada vez está menos claro. Mientras el sciolismo se relame, la oposición parece empantanada en un juego de suma cero.

Macri y Massa deben captar a esos votantes dubitativos mostrándose como los mejores vehículos para ganarle al FpV y, al mismo tiempo, arrebatarle a Scioli el patrimonio de la gobernabilidad. El que sea más convincente ganará a esos votantes que hoy flotan entre ambos. El jefe de Gobierno anunció que Ernesto Sanz sería su ministro de Justicia; nombró a Alfonso Prat-Gay y Rogelio Frigerio como sus voceros económicos para unificar el discurso en esa área y se mostró con Hugo Moyano para exhibir que tiene diálogo con el sindicalismo. Massa fue un poco más allá: Roberto Lavagna, dijo, encabezaría el Gabinete económico y José Manuel de la Sota, que sería su jefe de Gabinete, el Gabinete político. Son dos figuras valoradas. También nombró a los que serían sus ministros en otras áreas.

Pese a la estabilidad aparente de los grandes números, hay que esperar hasta el 25-O para conocer qué sorpresas encierra la recta final. No está todo dicho.

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