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Hagamos Buenos Aires grande de nuevo

La Ciudad es la puerta de entrada a nuestro país, por donde se canalizan muchas de las inversiones que benefician a las provincias. Por los porteños y por todos los argentinos necesitamos que vuelva a ser una capital global.

Los sucesivos gobiernos de la Ciudad se limitaron a administrar lo existente, pero nunca se planteó una transformación profunda de Buenos Aires.
Los sucesivos gobiernos de la Ciudad se limitaron a administrar lo existente, pero nunca se planteó una transformación profunda de Buenos Aires.
Federico Domínguez 16 febrero de 2024

Hasta los años '40, Buenos Aires era conocida como la "París de Latinoamérica" por su arquitectura, su infraestructura, su vibrante cultura y una vida nocturna y cultural muy activa que la asemejaban a la capital francesa.
 
Hoy, aunque destaca por su gastronomía, teatros, un corredor norte lleno de áreas verdes, barrios distintivos y baja tasa de homicidios, la Ciudad no alcanza el nivel de las grandes capitales europeas con las que se la comparaba.
 
El ingreso per cápita de los 3 millones de porteños es el doble del promedio nacional, siendo similar al de la Unión Europea. La ciudad tiene los recursos para volver a ser una gran capital global, pero para eso necesita administrar mejor sus recursos. Actualmente, destina el 15% del gasto público a obras públicas cuando, para lograr una transformación radical, debería destinar el 50%. Esto permitiría invertir entre US$ 2.500 millones y US$ 3.000 millones al año.
 
¿De dónde podría salir ese dinero? En 2003, la ciudad tenía 111.721 empleados públicos; para el año 2020, tenía 197.473. Un aumento de 78%. Alrededor de 25.000 empleados corresponden a la transferencia de la policía a la ciudad en 2016. Pero aun así, el aumento es desproporcionado.
 
La Ciudad debería eliminar ministerios, secretarías, gastos en la Legislatura y las comunas, racionalizar áreas sociales y culturales, implementar nuevos modelos de gestión, eliminar la publicidad oficial, privatizar el Banco Ciudad y otras empresas públicas. La dotación de empleados públicos debería poder reducirse en 30-35% al mismo tiempo que se mejoran los servicios. El "no hay plata" del presidente Javier Milei llegó a todo el país, pero no así a la capital.

Transporte y espacio público

Se deberían construir 10 kilómetros de subte por año, reformular estaciones e integrar algunas líneas con el conurbano. Se podría soterrar líneas de tren para convertirlas en subtes integrados al sistema y aprovechar su traza para generar senderos verdes. Al mismo tiempo, es necesaria una gran estación central, lo cual permitiría ir desde el sur del conurbano hasta el norte sin necesidad de cambiar de tren.

Algunas líneas de Metrobus podrían ser convertidas en tranvías, los cuales son menos ruidosos y permiten transportar más pasajeros.
 
En términos de espacios públicos hay muchas zonas subutilizadas que podrían ser reconvertidas en parques y lagos. Por ejemplo, se podría reducir el tamaño del Cementerio de la Chacarita.

Esto permitiría crear uno de los parques más grandes de la ciudad, que sería un pulmón verde para los barrios de Chacarita, Villa Ortúzar, Villa Crespo, La Paternal y Palermo Hollywood.
 
Playas de estacionamiento públicas y privadas podrían ser subterráneas para construir parques sobre ellas, lo mismo que subestaciones eléctricas. Terrenos ferroviarios en desuso y terrenos donde funcionan edificios del ejército podrían convertir sus jardines o playas de estacionamiento en espacios públicos.

Al mismo tiempo la ciudad necesita sumar modernos edificios icónicos. En el mundo, estructuras como el Guggenheim de Bilbao, el Pompidou o la estación de subte Oculus Center en Nueva York, son atractivos turísticos en sí mismos.
 
En términos de residuos, toda la ciudad debería contar con contenedores subterráneos, como hay en el centro porteño. Esto permitiría reducir la frecuencia de recolección. Adicionalmente, la ciudad podría incinerar sus residuos. Por ejemplo, la ciudad de París tiene una planta de incineración a solo 40 cuadras de la Torre Eiffel, la cual produce energía para 80.000 personas y opera bajo estrictos estándares ambientales. Esta planta procesa los residuos de 1,5 millones de habitantes.

Educación y salud

En términos de educación, se podrían implementar las escuelas charters. Son colegios de gestión privada (con o sin fines de lucro) que reciben financiación por cada estudiante. Estos colegios tienen libertad para contratar profesores, flexibilidad para diseñar sus programas académicos y definir los métodos de enseñanza. El Estado se mete poco en la educación; lo que exige es que los alumnos aprueben el examen estandarizado que les permite pasar de grado. El nivel de libertad es la gran diferencia que les permite ofrecer una educación de calidad superior. En los países donde se han implementado, han demostrado ser muy exitosas.
 
Por el lado de la salud, según el censo del 2022, el 81,5% de los porteños tienen obra social o prepaga. Por lo que mantener una extensa red de hospitales públicos carece de sentido. Es muy importante seguir dotando de recursos al sistema de emergencias SAME y trabajar en su articulación con el sistema privado de salud. Para los porteños que no tienen cobertura, se podría instrumentar un subsidio para que accedan a una prepaga u obra social.

Barrios de emergencia

Aproximadamente el 50% de quienes viven en las villas porteñas son extranjeros. Y la población total creció fuertemente en los últimos 20 años. Sus habitantes son en su mayoría personas trabajadoras que en muchos casos no cuentan con las garantías para alquilar en otras zonas. El estatus legal de la mayoría de estos terrenos, pertenecientes a la ciudad, la nación o privados, es de usurpación. Gran parte de los asesinatos, delincuencia y venta de drogas en la ciudad proviene de estos barrios de emergencia.
 
La Ciudad debería eliminar todos sus barrios de emergencia y destinar parte de su superficie a desarrollos inmobiliarios privados y el resto a espacios verdes. Lo que ya se encuentra urbanizado se debe mantener, pero las construcciones precarias e ilegales deben ser demolidas y sus habitantes recibir un subsidio por relocalización. Eliminar la Villa 31 junto con el traslado del puerto de Buenos Aires permitiría integrar la Ciudad al río.

Buenos Aires grande de nuevo

Los sucesivos gobiernos de la Ciudad se limitaron a administrar lo existente, pero nunca se planteó una transformación profunda de Buenos Aires.
 
El problema es que Buenos Aires siempre fue vista como una plataforma política. Ningún intendente quiso pagar el costo político de un ajuste en la cantidad de empleados públicos, ni enfrentar a los sindicatos docentes. Todo esto es políticamente impopular y no coincide con un proyecto presidencial, como suelen tener los intendentes porteños. Una gestión "estética" no es suficiente para transformar Buenos Aires.
 
La Ciudad es la puerta de entrada a nuestro país, por donde se canalizan muchas de las inversiones que benefician a las provincias. Por los porteños y por todos los argentinos necesitamos que vuelva a ser una capital global.

(*) Emprendedor, asesor financiero y del sector de tecnología. Socio de la empresa Pampa Capital y autor de los libros "La Rebelión de los Pandemials" y "Argentina hiper-acelerada".

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