El 1 % como bandera

Ricardo Delgado: "Una inflación del 1% para octubre es una posibilidad real"

En una Argentina que lucha constantemente entre aspiraciones y realidades difíciles, Delgado bucea en las aguas del presente y del futuro: ¿Cómo van a reaccionar los ciudadanos cuando la inflación deje de ser la única preocupación? ¿Qué nueva demanda social surgirá?

"La inflación seguirá bajando: 2,1% en mayo y 1,8% en junio", afirma Delgado.
"La inflación seguirá bajando: 2,1% en mayo y 1,8% en junio", afirma Delgado. Foto: Hernan Zenteno

Hay cifras que se convierten en banderas políticas, y para Javier Milei y su equipo económico, el número mágico es el 1%. Cumplir con el mandato y, finalmente, domar la inflación. Ricardo Delgado, economista formado en la Universidad de Buenos Aires y presidente de la consultora Analytica, plantea a El Economista lo que podría ser una validación crucial del modelo económico de Milei: "Sí, alcanzar 1% para octubre es una posibilidad real, y ese mes es clave para Milei como primera validación electoral importante del modelo. El gobierno apunta a esa meta y podría estar muy cerca de conseguirlo".

"La inflación seguirá bajando: 2,1% en mayo y 1,8% en junio", afirma Delgado desde la amplitud de sus modernas oficinas en Retiro, cerca de la Plaza San Martín; la claridad de la luz impacta en ese piso sin paredes que propicia una conversación expandida. Esa calidez no está exenta de las afirmaciones contundentes que Delgado señala: "Hay un ancla salarial en marcha. Hay cierta paradoja en este gobierno que promueve la libertad con consignas como 'tus dólares, tu decisión', pero luego limita acuerdos salariales. La libertad aparece de forma selectiva", observa.

Delgado, formado en la UBA y atravesado por entender y resolver los desafíos económicos de la Argentina ha forjado una carrera en consultoría, cuya trayectoria abarca roles en Ecolatina, fundada por Roberto Lavagna, y asesorías para organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial y el BID. Creó en 2008 la consultora Analytica, que este año cumple 17 años. Su carrera lo acercó a la política y fue subsecretario de obras públicas en el Ministerio del Interior de Rogelio Frigerio durante la presidencia de Mauricio Macri. Pasar por el sector público le hizo dimensionar las restricciones y la necesidad de una burocracia profesionalizada: "Me siento cómodo desde lo privado aportando a lo público, creo que tiene que haber una mayor interacción entre ambas".



Con la vista puesta más allá de octubre, anticipa un escenario político radicalmente distinto en el horizonte de 2027: "La principal oposición a Milei seguramente va a prometer mantener el equilibrio fiscal". ¿Será suficiente esta promesa fiscalista para desafiar al libertario?

En una Argentina que lucha constantemente entre aspiraciones y realidades difíciles, Delgado bucea en las aguas del presente y del futuro: ¿Cómo van a reaccionar los ciudadanos cuando la inflación deje de ser la única preocupación? ¿Qué nueva demanda social surgirá? ¿Podrá el gobierno recuperar efectivamente los ingresos? ¿Y el consumo masivo de alimentos finalmente mejorará? 

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"Hay un ancla salarial en marcha", observa Delgado. Foto: Pilar Camacho



—¿De qué manera se vinculan en la actualidad los factores económicos como el crédito, el empleo y los salarios con el comportamiento electoral? 

—La economía influye mucho en las decisiones políticas, y una buena situación económica impacta positivamente en las decisiones electorales. El gobierno lo tiene claro, dado que parte del mandato electoral con el que asumió fue atacar el principal problema de Argentina: la inflación. Ese objetivo marcará el camino hasta las elecciones de octubre, ya que bajar la inflación implica cumplir con ese mandato en esta elección de medio término, la primera en que se plebiscita su gestión. Por eso, todos los instrumentos de política económica apuntan a bajar la inflación.

El gobierno ha tomado decisiones que han resultado sorprendentes. Por ejemplo, mantener superávit fiscal de forma permanente sin generar grandes conflictos sectoriales. De hecho, no hubo conflictos sociales vinculados al desempleo en el sector público, más allá de marchas puntuales como la de los jubilados. Evidentemente, el gobierno interpretó una demanda social que muchos considerábamos poco factible. Esto permitió gobernar el frente monetario y reducir la inflación.



Esta semana, el gobierno dio a conocer nuevas medidas, como la posibilidad de utilizar los dólares fuera del sistema como mecanismo de remonetización de la economía, algo que me parece de total sentido común. Por supuesto, faltan detalles, pero lo anunciado en conferencia de prensa parece un acierto desde lo conceptual y macroeconómico. Se trata de poner en valor esos dólares que van desde un simple ahorro informal hasta cuentas o cajas de seguridad no declaradas.

Además, el gobierno tuvo la inteligencia de visibilizar la existencia previa de un Estado policial absurdo. Como sintetizó muy bien el ministro Caputo, la mitad de la recaudación fiscal proviene de apenas mil empresas, y el 70% de solo once mil CUITs. Por ende, perseguir con igual intensidad al quiosquero de la esquina que a empresas grandes como Aluar, Techint o Molinos carecía de sentido. 

—¿Qué implicancias concretas pueden tener estas medidas, como "la reparación histórica de los ahorros de los argentinos", para el sistema financiero y para la economía en general?



—Es una medida de sentido común. De hecho, ya en 2021, en una entrevista que me hizo el periodista Claudio Zlotnik, yo planteaba la necesidad de un gran blanqueo permanente orientado a las clases medias. Porque la economía argentina no puede darse el lujo de tener medio PIB fuera del sistema financiero

En ese sentido, me parece que esta medida combina aspectos macroeconómicos con sentido común. Creo que estas acciones ayudarán en ciertas áreas, aunque llevará tiempo. Esos aproximadamente US$ 230.000 millones no van a ingresar al sistema financiero inmediatamente; primero se convertirán en depósitos, luego en préstamos y finalmente contribuirán a aumentar las reservas. Este es un proceso lento, pero creo que era necesario dar este primer paso.

—¿Estas medidas podrían facilitar el lavado de dinero o el uso de fondos de origen ilícito?



—Quien quiera lavar dinero o utilizar fondos ilícitos ya dispone de múltiples mecanismos para hacerlo. Asumir que la mayoría de los fondos que están fuera del sistema provienen del narcotráfico, de la trata u otras actividades ilícitas es incorrecto. Habrá que revisar en detalle las circulares del Banco Central, los decretos y los proyectos de ley para conocer los detalles exactos de estas medidas, pero estoy convencido de que la mayoría de esos fondos no provienen de actividades ilegales.

A su vez, es cierto que, en mayor o menor medida, muchos tienen dólares no declarados o fondos fuera del sistema financiero. Entonces, no tiene lógica que esos recursos sigan inmovilizados. Uno podría facilitar enormemente la transición hacia una economía más normalizada y lograr una reducción más sostenida y lógica de la inflación si permite la utilización de estos fondos.

Honestamente, ¿tiene sentido que alguien que quiere comprar un automóvil tenga que llevar el dinero escondido entre la ropa? ¿O que para adquirir un departamento se realicen operaciones fuera del sistema formal? Es evidente que no.



—¿Qué efectos puede tener este mensaje sobre el cumplimiento tributario, en especial, para las personas que sí pagaron impuestos todo este tiempo? 

—Una hipótesis que sostengo: casi nadie paga absolutamente todos los impuestos que debería. De alguna forma, la mayoría mantiene algo fuera del sistema, ya sea por impuestos impagos o porque parte de su actividad económica permanece informal. 

Entonces, aquellos que hoy se rasgan las vestiduras diciendo que cumplen al pie de la letra sus obligaciones tributarias, probablemente no estén siendo del todo sinceros. Me cuesta creer que todo su patrimonio y toda su economía estén perfectamente declarados. Eso sería caer en un cinismo que, francamente, no comparto.



—Según la Fundación Capital, de Martín Redrado, al reforzar el ancla salarial para buscar la desinflación, resulta difícil prever una recuperación real de los ingresos en la segunda mitad del año. ¿Coincide con lo que sostiene esta afirmación? 

—Claramente hay un ancla salarial en marcha. Eso es evidente, la no homologación del acuerdo salarial del sindicato de Comercio es una señal en ese sentido. 

El gobierno busca llevar a la economía hacia una nominalidad del 1%; es decir, que los salarios crezcan al 1%, que la inflación converja hacia algo cercano al 1%. Naturalmente esto va a generar resistencia y probablemente se produzca una caída real de los salarios en estos meses, en particular en sectores de ingresos medios y bajos. Va a ser complicado recuperar rápidamente la capacidad de consumo.



En otro orden, el consumo se ha movido en dos direcciones diferentes. El consumo masivo de bienes no durables, como alimentos, se ha estancado o incluso disminuido respecto a los niveles previos a la gran devaluación de diciembre de 2023. Por otro lado, el consumo de bienes durables, como autos y electrodomésticos, ha crecido sostenidamente desde mitad del año pasado, impulsado por el crédito.

"Claramente hay un ancla salarial en marcha. Eso es evidente, la no homologación del acuerdo salarial del sindicato de comercio es una señal en ese sentido", sostiene Delgado. 

—¿El ancla salarial podría generar más conflictividad social?



—Sí, por supuesto. Es probable que aumenten las huelgas y movilizaciones en sectores afectados por estas medidas. Sin embargo, no percibo un clima propicio para protestas masivas. Probablemente habrá conflictos puntuales, como el caso específico de Tierra del Fuego.

—¿El consumo masivo de alimentos mejorará en algún momento?

—Sí, mejorará, aunque no va a haber tasas de crecimiento "chinas" como la de los años 2000. No volveremos a crecer al 8% o 9% en consumo masivo, eso es imposible.



—¿Qué medidas serían necesarias para mejorar los ingresos?

—Se necesita una economía ordenada, lo cual todavía está en proceso. También hay que mejorar la productividad y la competitividad para que los salarios crezcan en función de esas mejoras. Hay cierta paradoja en este gobierno que promueve la libertad con consignas como 'tus dólares, tu decisión', pero luego limita acuerdos salariales como el del comercio. La libertad aparece de forma selectiva. 



—¿Cuáles podrían ser los motivos por los cuales estas medidas no hayan sido realizadas durante el primer gobierno de Néstor Kirchner?

Néstor Kirchner era un obsesivo de lo fiscal, algo poco mencionado. Pedía diariamente un fax con el saldo fiscal al secretario de Hacienda, Carlos Mosse. Cuando alguna vez no recibió el fax, lo llamaba enfurecido. Esa rigurosidad fiscal se perdió con el tiempo, y dio lugar a relatos fantasiosos sobre la irrelevancia del déficit fiscal o incluso su supuesta conveniencia. Incluso Keynes recomendaba déficit fiscal solo de forma contracíclica



Sin embargo, creo que existe un aprendizaje de los procesos sociales. Y considero que la política deberá aprender que hay cuestiones básicas del ordenamiento macroeconómico que no pueden modificarse. Se pueden discutir otras cuestiones, pero no ésas. 

"Néstor Kirchner era un obsesivo de lo fiscal", asegura Ricardo Delgado. 

—¿Se puede afirmar entonces que Milei ganó la batalla cultural en ese aspecto?



—Sí, claro, sin dudas. Considero que ningún partido político planteará nuevamente la vuelta al déficit fiscal. Eso ha quedado definitivamente atrás, es un gran aprendizaje. Por lo tanto, en 2027, la principal oposición a Milei seguramente va a prometer mantener el equilibrio fiscal.

—Según el índice Big Mac de The Economist, el peso argentino está sobrevaluado un 56 % respecto al dólar y es la moneda más sobrevaluada entre los 52 países analizados. ¿Interpreta que esta sobrevaluación afecta la competitividad de las exportaciones y la producción nacional?

—Es un tema estructural importante. La competitividad de un país depende de su productividad. Las nuevas generaciones aprendieron que las devaluaciones no resuelven problemas de competitividad ni de productividad; lo único que generan es inflación y, sobre todo, castigan a los sectores con ingresos fijos en pesos, que generalmente son los más vulnerables. Quienes tienen más recursos suelen protegerse con ahorro. 



Si se hace una comparación histórica, hoy el tipo de cambio está bajo. Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿no será éste un esquema distinto si comienzan a ingresar los dólares argentinos que están fuera del sistema, los dólares del colchón? Si además empieza a florecer Vaca Muerta, tendremos estructuralmente un tipo de cambio más bajo, ya que habrá más dólares disponibles. Y si se fija la cantidad de pesos debido a la ausencia de déficit fiscal, entonces enfrentaremos un desafío.

La cuestión será cómo se adapta el sector productivo a esta nueva realidad. Esto será complejo y probablemente va a generar aumento de desempleo en ciertos sectores que dependen de un tipo de cambio más alto. 



La discusión sobre el tipo de cambio es eterna entre los economistas. El tipo de cambio está relacionado con la productividad, la dotación de recursos naturales y la protección económica. Por ejemplo, el tipo de cambio que necesita la industria no es el mismo que necesita el agro.

En este contexto, el actual gobierno podría decir que no le preocupa el tipo de cambio porque, según ellos, lo decide el mercado y flota entre bandas. Milei sostiene que no se preocupa por el tipo de cambio, aunque sí enfatiza que para ser más competitivos se deben reducir costos y regulaciones, aunque esto lleva tiempo.



—Con respecto a las reservas, en lo que va del año se acumularon US$ 638 millones y se necesitan US$ 5.000 millones para cumplir con el FMI. ¿Cómo logrará el gobierno esto y qué implicancias tendría no cumplir con las metas acordadas con el Fondo?

—El Fondo Monetario, como cualquier acreedor, quiere que Argentina muestre capacidad de pago. Por eso exige la acumulación de reservas internacionales. Además, indirectamente busca evitar que el tipo de cambio se aprecie demasiado, ya que eso podría complicar las exportaciones. La situación actual indica que Argentina, con menos de un mes para cumplir la meta, no llegará a acumular los dólares necesarios según lo acordado con el FMI. 

Dicho esto, el gobierno también podría estar finalizando una negociación que todavía no se conoce. Quizás el equipo económico tenga preparada una carta bajo la manga como un repo por US$ 2.000 millones o algo similar. De concretarse, esto los acercaría considerablemente a la meta y demostraría vocación de cumplimiento. Pero por ahora, esto no está confirmado, solamente son rumores y comentarios.



Siempre es conveniente tener reservas porque brindan protección ante eventuales shocks externos y fortalecen la capacidad para defender la moneda nacional. Actualmente, las reservas están mayoritariamente compuestas por préstamos financieros como los del FMI, el Banco Mundial y el swap con China. No es un esquema ideal, aunque claramente es mejor tenerlo que carecer de él. De hecho, es preferible tener el acuerdo con el FMI que no tenerlo, porque estaríamos discutiendo otra realidad.

—Respecto a las exportaciones, particularmente sobre Vaca Muerta y el desarrollo en ciertas provincias, ¿cómo podría sentirse ese progreso en los conurbanos bonaerenses, en Rosario o en Córdoba?

—Ese progreso se traduciría, en primer lugar, en una mayor acumulación de reservas, lo que brindaría mayor estabilidad y sostenibilidad al orden macroeconómico; ésto ayudaría a reducir sostenidamente la inflación. 



Los conurbanos podrían beneficiarse a través de sus empresas industriales, al brindar servicios y productos relacionados con ese desarrollo a lugares como Vaca Muerta.

—¿Cómo evalúa la situación actual del empleo en Argentina?



—El único activo significativo que dejó el gobierno de Alberto Fernández es un nivel de desempleo relativamente bajo, menor al 6%, aunque con empleo de baja calidad. Esta situación proporciona cierto margen para afrontar un eventual aumento del desempleo sin que ello genere movilizaciones masivas como las de otras épocas. Comparativamente, durante la convertibilidad en los años noventa, el desempleo se duplicó en tres años (del 6% en 1991 al 12% en 1994), proceso que implicó cierres masivos y desaparición de sectores completos. Esto muestra que el deterioro en el mercado laboral es un proceso gradual y toma tiempo.

—La inflación de abril de 2025 dio 2,8%. ¿Cómo proyecta la inflación para los próximos meses?



—Considero que va a ir a la baja. Para mayo desde Analytica proyectamos 2,1%. Y para junio interpretamos que va a ser 1,8%.

—Si esta tendencia continúa, ¿quizás para fines de año la inflación se ubique alrededor del 1%?

—Sí, alcanzar 1% para octubre es una posibilidad real, y ese mes es clave para Milei como primera validación electoral importante del modelo. El gobierno apunta a esa meta y podría estar muy cerca de conseguirlo.

—Cuando se consolide la baja de la inflación, ¿cuál podría ser la nueva demanda social? 

—Ojalá que la baja de la inflación se consolide. Si eso sucede, el año que viene van a empezar las demandas más estructurales. Muchas personas van a querer mejorar su empleo; y el que lo perdió va a querer tener empleo nuevamente. Y el que lo tiene, y tiene empleo de mala calidad, va a exigir más. El nuevo gran desafío para el gobierno va a ser cómo ir mejorando la cantidad y la calidad del empleo

—Y si el gobierno llega al 1% de inflación, ¿de todas formas evalúa que la oposición puede llegar a ser competitiva en 2027?

—La oposición, que es básicamente el peronismo, está todavía en un estado de gran confusión. Es probable que si las condiciones actuales son las mismas con las que el gobierno llega en 2027, para la oposición va a ser difícil volver al poder. 

—¿Imagina a Axel Kicillof si se lanza como candidato presidencial en 2027 con una promesa de superávit gemelos?

—Kicillof va a tener que dar un salto copernicano en su discurso si desea ser presidente. En este presente, el que dice que vuelve el déficit fiscal se autoinmola. 

Kicillof va a tener que dar un salto copernicano en su discurso si desea ser presidente. 

—Con vistas al 2027, ¿será necesario para el gobierno ofrecer resultados más contundentes?

—Tiene que haber más resultados, sí. Y ahí empiezan los resultados más complejos de obtener, como por ejemplo en el empleo. Consolidar el 1% de inflación es clave, y ese 1% funcionará como un símbolo muy claro, como el emblema definitivo de la normalización. 

"Consolidar el 1 % de inflación es clave, y ese 1 % funcionará como un símbolo muy claro, como el emblema definitivo de la normalización", concluye Delgado.