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2012, año malvinero

03-02-2012
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El aniversario del conflicto bélico se dará en un contexto de mayor presión por parte de la Argentina, y la región. La opinión de los especialistas sobre qué cambió o puede cambiar.

Este año se conmemorarán tres décadas de la ocupación argentina de las Islas Malvinas (y en 2013, 180 años de la expulsión de los argentinos). Pero esa no es la explicación (al menos no la única) de por qué en las últimas semanas (y meses), los dardos viajaron en diagonal por el Oceano Atlántico. Y lo seguirán haciendo, sin duda.

El primer ministro David Cameron dijo que la Argentina estaba actuando como un país colonial porque “esta gente (N. del R.: los ?aproximadamente? tres mil habitantes isleños) quiere seguir siendo británica y los argentinos quieren que sean otra cosa”. Resulta una frase curiosa por parte de la máxima figura pública del país que está involucrado en diez de los dieciséis territorios actualmente en disputa por su soberanía según el Comité de Descolonización . El canciller británico, William Hague, habló de “intentos de intimidación”. Lo único que importa, agregó Cameron, es la autodeterminación de los malvinenses. Es la posición que históricamente viene sosteniendo el país del Atlántico Norte.

En su vuelta al ruedo, la Presidenta se hizo eco de las palabras: “Quieren convertirse en chicos violentos, y no lo somos. No formamos parte de ninguna fuerza invasora de ningún país y nuestras Fuerzas Armadas sólo participan en misiones de paz”, le respondió Cristina. Tampoco obligaremos a los isleños que resignen su nacionalidad, dijo, en un discurso en el que también mostró señales de querer distender el conflicto recordando, por ejemplo, los fluídos lazos económicos actuales. De todas maneras, anunció que el país seguirá “rigurosamente” con su estrategia. Recientemente, se designó a Alicia Castro como embajadora ante el Reino Unido.

Como novedoso en el discurso de Cristina, apareció la mención a los recursos naturales. “Vamos a hablar con todas las letras. Están depredando nuestros recursos naturales”. La cuestión de los recursos naturales puede ser potencialmente más conflictiva en los próximos tiempos. “El reclamo argentino sobre la soberanía hoy no sólo tiene importancia por la explotación de hidrocarburos en el subsuelo marítimo que se ha comenzado a explorar, sino por la proyección sobre la soberanía en la Antártida”, recuerda Rosenda Fraga en una columna publicada en “La Nación”. El debate por la Antártida estará cada vez más en boga, y será otra fuente de cortocircuitos en la relación bilateral. A ello hay que sumarle los ambiciosos proyectos de exploración petrolera que avanzan sin pausa y con buenas perspectivas.

La Argentina ha logrado nuevas y firmes medidas de apoyo de toda la región a su reclamo soberano. En enero, el Departamento de Estado de EE.UU. afirmó en un comunicado que el litigio es una cuestión que deben dirimir, negociando, la Argentina y el Reino Unido. Días antes, el canciller brasileño, Antonio Patriota, flanqueado por Hague en una conferencia de prensa, había defendido la decisión que tomó el Mercosur en diciembre: no permitir que atraquen barcos con la bandera de las “Falklands”.

En diciembre, la novedosa Celac (de la que son parte países cuya máxima autoridad es Isabel II) emitió un comunicado “reiterando su apoyo más firme a los derechos legítimos de la Argentina en la disputa por la soberanía”. Quien estará a cargo, en tanto presidente pro tempore de la organización, de negociar con la ONU por la cuestión Malvinas es el presidente del país de la región que más colaboró con Inglaterra durante el conflicto bélico, Chile. Unos meses antes, UNASUR (que en 2010 había adoptado una resolución similar a la de la Celac) rechazó el envío de la fragata inglesa HMS Montrose al Atlántico Sur (en los últimos días, se anunció que será reemplazado por el potente y moderno destructor HMS Dauntless). En septiembre, el G77+China había demandado la reanudación de las negociaciones y, además, recordado a “las dos partes” que no se deben tomar medidas unilaterales sobre un territorio en disputa. En la Asamblea General de la ONU, la Presidenta amenazó con tomar medidas relacionadas con los vuelos aerocomerciales que pasan por el país y conectan a los malvinenses con el continente.

LARGO PLAZO

¿Cambió, objetivamente, el estado de la disputa? ¿Estamos más cerca de negociaciones bilaterales, en cualquier forma o variante? ¿Cuáles son las virtudes y defectos de la estrategia del país? Federico Merke, docente de la UdeSA y Jorge Battaglino, docente de la UTDT compartieron sus reflexiones con el estadista.

“El Gobierno ha sido exitoso en convertir un interés nacional en un interés regional pero aún no tenemos una métrica para estimar costos y beneficios de una estrategia como esta. Desde el regreso de la democracia ningún gobierno ha intentando tanto como este elevar los costos de la ocupación y sujetar toda posibilidad de cooperación con el Reino Unido a la discusión por la soberanía. Por eso creo que el Gobierno está entrando en aguas desconocidas y no sabemos bien hasta dónde se piensa llegar”, sostiene Merke y agrega que, pese a la estrategia del Gobierno, en líneas generales se

mantiene el statu quo en la disputa por las islas, “lo que sólo beneficia al Reino Unido”.

“El Gobierno argentino dice que está listo para el diálogo y la negociación pero toda

negociación implica un regateo, ganar algo y perder algo. Aún no tengo claro cuál sería la estrategia en un improbable escenario de negociación ya que su postura de mínima y de máxima es la misma, que es recuperar la soberanía”, concluye Merke.

Battaglino señala el carácter novedoso de la estrategia reciente del país. “Es novedosa

porque la Argentina ha logrado por primera vez que la región se comprometa con acciones concretas en la disputa. La decisión reciente de bloquear barcos con bandera de las islas es inédita”, describe. “Es un indicador de éxito de la estrategia de regionalización. Países con fuertes vínculos históricos, políticos y económicos con Gran Bretaña, han decidido apoyar a la Argentina al costo de tener que dar explicaciones”, sostiene, y agrega que “es sólo un paso” y que se debería avanzar en otras direcciones. Battaglino opina que “la estrategia de regionalización es importante porque el peso de las decisiones que se puedan adoptar entre los países de la región es mucho más grande que el de las que pueda tomar la Argentina unilateralmente”.

Esto no garantiza que Gran Bretaña devuelva las islas ?continúa? pero sí contribuye

al aislamiento y la deslegitimación de la intransigencia de los ingleses. Battaglino cree que, si bien las negociaciones están lejos, ha habido cambios. “No puede negarse que el impacto de la regionalización en la política interna inglesa ha sido muy grande. Muchos actores relevantes de la sociedad inglesa reclaman la búsqueda de una solución al tema. La combinación de una legítima y sólida posición argentina, que recibe el apoyo de toda la región, y el creciente anacronismo, aislamiento y debate interno en el Reino Unido es el mejor escenario diplomático para la Argentina en los próximos años”, concluye.

(De la edición impresa)

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