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A quién responden los jefes locales

25-02-2012
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(Columna de la politóloga María Matilde Ollier)

Los intendentes del conurbano ?con excepción de dos? son peronistas y obedecen ?o desobedecen? a las autoridades nacionales y provinciales según las circunstancias.

Siempre es objeto de asombro, de inquietud y de extensas conversaciones el renombrado conurbano de la provincia de Buenos Aires. Los alineamientos, los estilos y las traiciones que protagonizan sus jefes políticos dejan sin aliento, a más de uno, político o intelectual, más de una vez. Al avance sostenido que a partir de los años noventa ha tenido como actor central el peronismo, le plantea a la oposición otro motivo de zozobra que viene a sumarse a las frecuentes renovaciones de sus intendentes, al éxito de sus delfines y al triunfo de candidatos apadrinados por la Casa Rosada.

Sin embargo, pocos políticos se animan a poner en cuestión la pertinencia de la reelección indefinida local, aunque ni la Nación ni la provincia cuentan con ella. Curioso silencio en un sistema político en el que los recursos del Estado ?en sus tres niveles: nacional, provincial y local? constituyen una herramienta invalorable de acceso al gobierno. La provincia de Buenos Aires posee una fuerte imbricación entre los niveles nacionales, provinciales y locales, especialmente en lo que al conurbano se refiere. De ahí los vaivenes, y sus repercusiones en la escena política, que ocurren entre las máximas figuras que encarnan cada uno de los tres niveles. Dato que se fortalece cuando el anillo bonaerense cuenta con veintidós jefes peronistas (o ligados al movimiento) con excepción del PRO en Vicente López y de la UCR en San Isidro.

La articulación entre los tres niveles se fortalece debido al lugar que la jefatura ocupa dentro del Partido Justicialista y su permanente necesidad de contar con la aprobación de los votantes. Algunos la llaman demagogia y otros la definen como democracia. Más allá de las críticas o las adhesiones que este comportamiento político suscita, lo cierto es que voto, liderazgo y Estado constituyen tres pilares en los que el peronismo suele fundar su concepción del poder democrático, íntimamente ligada a la cuestión de la gobernabilidad y a la intención de llevar a cabo una gestión percibida como eficaz. Liderazgo popular y liderazgo gubernamental se ensamblan en la forma que el justicialismo construye la política.

Por lo tanto, los vaivenes sobre la obediencia o desobediencia de los jefes comunales del conurbano bonaerense a los líderes ubicados arriba de la pirámide del poder, se hallan estrechamente vinculados a la relación entre el gobernador y el Presidente y el grado de popularidad que ambos mantienen. Con un peronismo disciplinado al poder central, es decir, a la Casa Rosada, la capacidad del gobernador para que los jefes comunales reporten a él siempre es acotada, sobre todo en tiempos de bonanza económica.

LOS ANTECEDENTES

La historia fue diferente cuando Carlos Menem presidía el país y Eduardo Duhalde era gobernador. Las idas y vueltas de la relación entre ambos, sumadas a los dos millones de dólares diarios con que contaba La Plata producto de la creación del Fondo de Reparación Histórica, conferían al gobernador Duhalde un amplio margen de maniobra para disciplinar a algunos los jefes del conurbano a su voluntad. De todos modos ese alineamiento nunca fue total y varios intendentes continuaban jurando lealtad al Presidente (como Alejandro Granados en Ezeiza o Juan Carlos Rousselot en Morón, entre otros).

En aquellos años, además, existían jefes regionales que cumplían un papel de intermediarios entre los intendentes y el resto de las jefaturas estatales en manos del peronismo, pero todo indica que aquellos dirigentes parecen haber desaparecido en la última década. En una palabra, hacia dónde inclinen su lealtad los caciques peronistas del conurbano bonaerense seguirá dependiendo de la satisfacción de sus necesidades para seguir al frente de sus gobiernos locales, pero ellos siempre dirigirán su mirada hacia donde se hallan los recursos y hacia dónde se planta claramente el líder del movimiento. De ahí la relevancia crucial que adquiere la sucesión.

(De la edición impresa)

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