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Alberto Fernández y los caminos del kirchnerismo crítico

09-04-2012
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El ex jefe de Gabinete es uno de los anteriores funcionarios menos queridos en el kirchnerismo duro. Anunció que buscará ser senador en 2013, pero no está claro a qué distancia del Gobierno se ubicará ni con quiénes competirá.

Socio fundador del movimiento que nueve años después continúa en el poder, el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández es, hoy por hoy, símbolo paradigmático de ex funcionario kirchnerista muy poco que rido en la Rosada. Encabezando un lote al que también se suman otros antiguos miembros de la estructura K como Graciela Ocaña (que llegó de su mano) o Martín Redrado (“heredado” del gobierno duhaldista y luego ascendido), el ex jefe de Gabinete es, quizás, el dirigente que más encono provoca en la mayoría de los mandos kirchneristas.

Así pasó de ser un actor medular de la coalición, y responsable de buena parte de su apertura hacia la centroizquierda y el progresismo porteño a convertirse en una suerte de nombre prohibido luego de su renuncia tras el conflicto por la resolución 125 en 2008. Su repentino alejamiento, en lo que pudo ser el peor momento político del kirchnerismo desde 2003, coincidió además con el comienzo de la intensificación de la guerra K contra Clarín, y su posición contraria a esa estrategia que Fernández nunca se ocupó de ocultar, es otra de las facturas que se le siguen debitando de la ?ya en números rojos? cuenta corriente en el banco de confianza K.

En un indefinido espacio político, desde el cual es más crítico de lo que reconoce, la postura de Fernández se ha ido alejando de las ideas que priman en la Casa Rosada con el correr del tiempo. Cierto es que él esgrime el argumento inverso: que es desde su retiro que el Gobierno se ha ido alejando de lo que alguna vez fue una suerte de “mística fundacional” de los primeros años. No hay blancos o negros en esta discusión, en la que ninguno de los dos actores parece tener ni toda ni nada de la razón. “No creo en la teoría del Gobierno de que todos los que no están con él merecen la descalificación”, expone.

Sin embargo, esa indefinición política, por la cual sigue sin considerarse “opositor”, lo pone en un lugar difícil para los próximos años: por ahora, según le confirmó a el estadista, anunció su intención de competir por una de las tres bancas para senador por la ciudad de Buenos Aires que se pondrán en juego el año que viene.

EL ESCENARIO PORTEÑO

Pero con el PRO de Mauricio Macri consolidado como primera fuerza en el distrito, y el kirchnerismo porteño que parece haberse hecho fuerte en un históricamente disputado segundo lugar, el rol de “tercera fuerza” (o sea, sin escaños en el Senado) ya se encuentra también disputado entre los restos de la Coalición Cívica y el socialismo. Resulta difícil, hoy por hoy, imaginar cuál será el lugar de Fernández en el mapa político porteño. Pero el electorado de la ciudad, que no en vano se ha ganado el título de “volátil”, puede sorprender en lo que parece aún un largo camino hasta las elecciones y otorgarle un lugar expectante a un hombre que por ahora parece compensar la falta de armado territorial con una altísima exposición mediática, concentrada ?por obvias razones? en los medios más críticos del Gobierno.

Por eso, dentro de sus aspiraciones también aparece el plano nacional. Sin estructura propia, su mayor capital político es mostrarse como una suerte de “consejero” (uno de sus activos es el conocimiento que tiene del funcionamiento de la estructura del Estado) que ayude a construir espacios para un candidato con buena intención de voto y alto nivel de conocimiento. Y en esa lista de candidatos “apadrinables”, se distinguían dos jóvenes con los que ha enfriado la relación, como Juan Urtubey (un eterno mimado suyo) y Sergio Massa (con quien ha recompuesto levemente algunos lazos de una relación que parecía no tener vuelta atrás hace unos años). También asomó en algún momento un viejo conocido de Fernández, el ex gobernador bonaerense Felipe Solá, con quien ha estrechado lazos en los últimos meses.

De vieja militancia en el peronismo, Fernández ha trabajado con dirigentes de casi todo el espectro político justicialista y progresista, por lo que apuesta a ir recuperando antiguos contactos justicialistas para ir dándole forma a una estructura poskirchnerista en todo el país. Los interrogantes abiertos, igualmente, son varios. ¿En qué espacio competirá si finalmente se decide a hacerlo en 2013, teniendo en cuenta que lo electoral nunca fue su fuerte? ¿Romperá definitivamente con el kirchnerismo? ¿Podrá dejar de ser visto como demasiado kirchnerista para los opositores y demasiado opositor para los kirchneristas? ¿Atraerá tras de sí a la gran cantidad de cuadros que hizo ingresar al Gobierno, hoy desperdigados por las más variadas fuerzas políticas?

EL ARMADO

El ex jefe de Gabinete trabaja en la conformación de una corriente que le dispute el poder al Gobierno, y ya se encontró lugar para él. “Siento la necesidad y el deber de representar una posición política que no sea ni compartir todo con el Gobierno ni la oposición liberal de Macri”, explica ante el estadista, y agrega: “No es cierto que la Argentina deba elegir entre las formas cada vez más autoritarias de Cristina y la inoperancia del jefe de Gobierno”, termina de justificar su decisión de ser candidato a senador por la ciudad de Buenos Aires en 2013. “Creo que es hora de construir una nueva alternativa plural y con experiencia en gestión”, define los rasgos de un armado que comenzó hace unos meses, ya que últimamente, Fernández viene manteniendo reuniones con dirigentes políticos para sumar masa crítica al “proyecto nacional y popular” de la Presidenta.

“Los partidos políticos aún no se han recompuesto de la explosión de 2001 y por eso estamos construyendo en base a afinidades, sin exigir carné de afiliación a nadie. Tendremos una fuerte presencia peronista, pero ni nos cerraremos a eso, ni creemos que hoy el peronismo sea la cara que muestra el Gobierno”. En su mayoría, sus interlocutores son como él, kirchneristas desencantados del Gobierno. Uno de ellos es el diputado Felipe Solá, que también evalúa insertarse en este incipiente proyecto político, “los radicales de Silvia Vázquez son otro ejemplo, además de dirigentes de todas las expresiones políticas del país”, agrega.

En el caso de Solá, otro ex kirchnerista, Fernández quedó naturalmente cerca del diputado que tras entrar al Congreso en 2009 de la mano de Macri y De Narváez primero se acercó y luego se alejó del Gobierno y de Scioli. El comienzo de 2012 lo encuentra a Solá casi en soledad, a la búsqueda de alianzas que eviten su ocaso político con el objetivo de renovar su mandato como diputado nacional por Buenos Aires el año próximo. El acercamiento de Fernández a Solá es parte de una estrategia con la que busca usar el 2013 como trampolín para su regreso a la política electoral.

Pero la apuesta es muy alta: ese mojón lo imagina disputando una de las tres bancas para el Senado que estarán en juego en tierra porteña el año que viene. El riesgo de quedar afuera es alto, por lo que muchos lo imaginan con ese objetivo de máxima para ir por una más accesible diputación. Para ese fin, lentamente, el armado de su campaña está a cargo del ex legislador Diego Kravetz, que ingresó a la Legislatura en 2003 de la mano de Miguel Bonasso y luego fue, sucesivamente kirchnerista, telermanista y filomacrista. En 2011 volvió a Telerman y apoyó su campaña para diputado. En este contexto, la gran duda es el sello que elegirá Alberto Fernández para competir, ya que desde el PJ porteño que alguna vez condujo, por estas horas no quieren compartir nada con él.

Uno de los espacios posibles al que está tratando de acercarse nuevamente es el disperso progresismo porteño que él ayudó a consolidar. Fernández nunca ocultó su simpatía por el espacio en el que militan su cuñado Aníbal Ibarra y otros dirigentes como Gonzalo Ruanova y Gabriela Cerruti. Pero si ha logrado algún acercamiento con Solá, no se puede decir lo mismo de su relación con el salteño Juan Manuel Urtubey. Si bien hace apenas un par de años Fernández lo ubicaba como un presidenciable nato, en el entorno de Urtubey cayó mal lo apresurado de la movida de Fernández, en un contexto en el cual desde Salta se consideraba “muy temprano” sacar los pies del plato. “Era suicida ir contra Cristina”, describe un funcionario cercano al gobernador. A partir de entonces las relaciones se enfriaron, más allá de la gratitud que aún hoy le profesan.

Sí son “excelentes” definen en la provincia norteña, las relaciones entre el gobernador y Sergio Massa. En la Avenida Cazón, en Tigre, describen igual de cordiales y habituales los contactos. No son tan efusivos en el entorno del tigrense para referirse a los vínculos con Fernández. “Hablan de vez en cuando, sí. Pero, hoy por hoy, el que llama es Alberto siempre y el que tiene los votos es Sergio”, puntualiza uno de los hombres más cercanos al intendente del conurbano más votado en 2011. “Además, hoy Alberto se muestra como alguien más kirchnerista que Cristina... a seis meses del 54% y resulta casi suicida tratar de armar algo con ese discurso, suena a poco para conquistar dirigentes y más aún votos”, terminan de argumentar en el entorno massista.

Sin embargo, Sergio Massa, que aspira, por lo menos, a la gobernación bonaerense en 2015 y sigue con la idea firme de ser candidato a diputado por laprovincia de Buenos Aires en 2013, no sacará los pies del plato oficialista por ahora para evitar una confrontación con el Gobierno, según confían en su entorno. En la misma situación se hallan otros intendentes bonaerenses con los que Fernández también se comunica. Es que hoy por hoy, con Cristina como figura ordenadora del peronismo, no habrá mayores gestos de autonomía de quienes quieran llegar con chances a 2015, ya que los que tienen funciones ejecutivas provinciales o municipales saben que acercarse al ex jefe de Gabinete es desatar instantáneamente el enojo de la Casa Rosada que puede traducirse en dificultades administrativas, por lo que resulta raro que alguien quiere marcar ese signo de autonomía ?por lo menos? antes de las legislativas.

Pero el proyecto que hoy busca hacer caminar Fernández también tiene intenciones de ser federal. “Vamos a dar pelea en todo el país”, agrega y anuncia que su primer paso e esa dirección será en Entre Ríos, dando una charla de capacitación política para el Movimiento Ciudadano Peronista, un movimiento político de jóvenes que en las últimas elecciones generales se encolumnaron en la fórmula provincial del Peronismo Entrerriano Federal. Una suerte de ambulancia para peronistas seducidos y abandonados por el kirchnerismo es el plan que imagina Fernández para recorrer el país. Pero habrá otros choferes de fuerzas políticas rivales en vehículos similares: el macrismo tiene a Emilio Monzó en la misma tarea, y el teléfono de José Pampuro, imaginan cerca de gobernadores e intendentes peronistas pero no cristinistas, pronto volverá a comenzar a funcionar para contactar viejos amigos para el armado sciolista.

La apuesta de Fernández aparece riesgosa. Sabe que el Gobierno lo tiene primero en la lista de los menos queridos y que por eso serán pocos los hombres que quieran o necesiten tener un vínculo cordial con el kirchnerismo que se animarán a hablar con él. Por eso intensificará los contactos con los definitivamente alejados, especialmente peronistas, aunque se trate de un universo más reducido y que será cada vez más codiciado por varias fuerzas políticas y por los dirigentes con intenciones de proyección nacional. Al mismo tiempo, a medida que el 2012 preelectoral vaya avanzando, la misma sociedad le dará las señales para ver si el lugar desde donde hoy se para ?crítico del cristinismo pero defensor del kirchnerismo inicial? tiene algún anclaje en la sociedad.

(De la edición impresa)

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