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Antes de definirse las candidaturas

19-06-2013
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(Columna de Carlos Fara)

Está definido el escenario de las primarias, ahora falta conocer a los principales protagonistas

Una vez que estén definidas las alianzas y las candidaturas, todos entraremos en la loca carrera de los análisis y las predicciones. Por eso, esta es la última oportunidad de decir algo sobre el contexto, despersonalizándolo, haciendo un aporte a la interpretación de la demanda social. La primera tarea, entonces, es saber cuáles son las grandes coordenadas del escenario para que más adelante se puedan sopesar las oportunidades de los jugadores en la cancha:

1) Mal humor predominante: el nivel de optimismo sobre el futuro del país está en el mismo nivel que en la elección de 2009.

2) Demanda de equilibrio político: esta es la gran cuestión en juego. La mayoría social interpreta que la Presidenta posee demasiado poder y, por lo tanto, se le deben recortar las alas. ¿Por qué esto aparece ahora, cuando en 2011 le dieron un crédito tan grande? Porque el crédito era para que atendiese las principales asignaturas pendientes, sobre todo inseguridad e inflación. Veinte meses después ven a CFK desenfocada de la agenda prioritaria, con la cabeza en otra parte, y habiendo regresado al estilo confrontativo que ya habían rechazado en 2009.

3) Dos grandes preocupaciones: seguridad y las cuestiones económicas, sobre todo inflación. Ni la re-reelección, ni la reforma judicial, ni la institucionalidad son temas relevantes para la sociedad, salvo que se los traduzca en los términos del punto 2: desequilibrio político y autoritarismo.

4) La incidencia de las coyunturas: se debe ser muy cauteloso con el efecto que puedan tener hechos como las inundaciones o las denuncias de corrupción. Por sí mismas han influido poco y nada en la intención de voto. No hay que medir la espuma: hay que calcular cuánta cerveza queda en el vaso. La corrupción ha crecido mucho en la consideración popular a partir del programa de Lanata, y contribuye al deterioro de la aprobación presidencial. Pero aún no se ve un efecto en las tendencias.

5) Deseo de voto castigo: claramente la mayoría social consolidada (56 % de manera permanente) dice preferir que el Gobierno pierda la elección legislativa. Esto es reflejo de lo marcado en los puntos 1, 2 y 3. Sin embargo, no significa que el Gobierno a nivel nacional pierda la elección. En primer lugar, porque su piso más probable es del 35 %, y en sepor Carlos Fara gundo lugar por la fragmentación de la oposición. De todos modos, se debe tener en cuenta que es una elección de dos vueltas, enlos que las PASO serán una primera vuelta, más que la forma de dirimir las internas de cada fuerza política.

6) Cambio de coordenadas: en 2011 CFK gana la elección porque sintoniza con el grueso de la ciudadanía que demandaba un liderazgo menos confrontativo, agresivo, autoritario ?por un lado? y apoyaba los fundamentos del modelo económico. Hoy a la Presidenta se la percibe habiendo regresado a un estilo que desagrada (ya comentado en el punto 2). Pero lo más importante es que se ha quebrado el idilio con el esquema económico, no sólo porque no responde pragmáticamente a las preocupaciones sociales, sino también porque está contradiciendo el sistema de valores de la sociedad, sobre todo de los sectores medios. En función de las medidas que viene tomando el Gobierno desde que Cristina asumió su segundo mandato, el electorado está percibiendo un exceso de intervención estatal, y está corriéndose al centro, buscando un mayor equilibrio entre Estado y mercado. Esta tendencia se venía avizorando desde la segunda parte del año pasado y fue comentado en esta columna (“Qué deja el 2012?”, el estadista, edición 72). La gran pregunta aquí es si se ha producido un cansancio cultural con el proyecto político, o es un nueva crisis como la que atravesó en 2008/2009.

7) Dificultad para visualizar alternativas políticas al oficialismo: con el paso del tiempo sólo ha despuntado una figura competitiva, la cual curiosamente sale del propio Frente para la Victoria, que es Sergio Massa, cuya definición puede significar una divisoria de aguas en la política nacional. El resto de la oferta existente ?Macri, Binner, Alfonsín, Cobos, Scioli? han retrocedido o están estancadas. Otros aún son una expectativa: Lavagna, Sanz. Como toda corriente social, estas siete coordenadas difícilmente se modifiquen de aquí a la elección de octubre, salvo que se produzca una fuerte crisis económica, lo cual es poco probable.

En este marco deberán desarrollar sus estrategias los jugadores. Señores, la mesa está servida.

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