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Con la mirada puesta en Buenos Aires

Buenos-Aires
28-03-2021
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Por Augusto Milano

Alberto Fernández asumió formalmente la presidencia del Partido Justicialista. En poco tiempo más, Máximo Kirchner hará lo propio en el PJ bonaerense, con la aceptación de casi todos los sectores internos. De esa manera, continúa con la línea que iniciase su padre y continuase su madre. Néstor Kirchner entendió, a partir del conflicto en Carlos Menem y Eduardo Duhalde, que quien aspire a liderar el peronismo nacional debe conducir al del conurbano bonaerense. Tenía claro que no se puede delegar el mando en ese territorio y por eso construyó una relación directa con los intendentes. Los datos son contundentes: en 2019, en el GBA votó el 25% de los argentinos, pero el FdT logró allí el 31% de los votos que obtuvo en todo el país. La fórmula del éxito electoral del peronismo parece ser el GBA más las provincias del norte y el sur del país porque las del centro le dan la espalda. En otros distritos pesan los liderazgos locales, muchos de ellos asociados al peronismo tradicional. Pero en Buenos Aires, de la mano de la popularidad de Cristina, manda el kirchnerismo con dos figuras que tienen perfiles y misiones claramente diferentes: Axel Kicillof a cargo de la gestión y Máximo de la construcción política para la que ha demostrado habilidad.

En la provincia más poblada del país, el oficialismo tiene el desafío de ratificar su liderazgo y procurará obtener la mayoría del Senado provincial en el que hoy predomina Juntos por el Cambio que aprovechó la división del peronismo en las elecciones de 2017. De lograrlo, se modificará el escenario político bonaerense de manera significativa y crecerá la presión de algunos intendentes para modificar la ley que limita las reelecciones y dejar establecido, en los casos que corresponda, que el actual es el primer mandato y no el segundo. Sin embargo, eso chocaría con los impulsos renovadores de los que conducirán al peronismo.

La oposición

A su vez, la oposición en la provincia de Buenos Aires también tiene que resolver varias cuestiones. La principal definición que falta es la de María Eugenia Vidal que todavía no confirmó si encabezará la lista de diputados nacionales en octubre. Si lo hace, se ordenará el resto, de lo contrario se abrirá una etapa de negociaciones más arduas entre los partidos que componen la coalición. La UCR viene de realizar una interna con un elevada participación que la potenció y le brindó argumentos para mejorar su posición relativa dentro de Juntos por el Cambio frente a un PRO que no está en las mismas condiciones que hace dos años para imponer condiciones. A eso se suma, que ahora cuenta con una figura atractiva como es Facundo Manes que desembarcó finalmente en la actividad política en las últimas internas bonaerenses. Pero aún no se sabe si competirá recién en las elecciones de 2023 como en su deseo o lo hará en 2021 como es el deseo de sus correligionarios que creen necesario contar con su figura que llega a públicos a los que los políticos tradicionales no acceden. En poco tiempo deberán estar las definiciones porque el cronograma de las PASO apremia.

Otra figura que irrumpió en la elecciones de Buenos Aires, apoyando a la lista de Gustavo Posse, fue Martín Lousteau que tomó hace un tiempo la decisión tener peso propio en la UCR. Dejó atrás la etapa en la que estaba a medias en el partido, con un pié adentro y otro afuera, y en la que parecía limitarse a esperar que desde la política viniesen a ofrecerle algo dado el atractivo que tiene para el electorado y salió, por primera vez, a construir su propio espacio, una base de sustentación autónoma.

Y lo logró luego de los tres comicios internos realizados en marzo en Córdoba, la CABA y Buenos Aires. Ahora tendrá convencionales nacionales de su sector y presencia en los principales comités provinciales del país. Puede sostener que a los candidatos que él apoyó lograron más del 47% de los votos enfrentando al grueso de los aparatos partidarios.

Pero esos logros tampoco le resultaron gratis porque tanto en Córdoba como en Buenos Aires e enfrentó con el grueso de las estructuras partidarias y eso también implica un desgaste. En el caso de la provincia de Buenos Aires, se ubicó en la vereda de enfrente de 27 de los 32 intendentes radicales, de todos los diputados nacionales y de la gran mayoría de los legisladores provinciales que hoy están molestos con Lousteau por los ataques que les dirigió.

Lousteau tiene ahora una presencia, aunque minoritaria, en las estructuras partidarias en varios distritos del país, pero su apuesta sigue estando en la CABA porque aspira a ser jefe de Gobierno en 2023. Salvo que las condiciones políticas lo lleven a pensar en competir en las primarias por la candidatura presidencial, y en ese caso, la clave, como siempre, estará en Buenos Aires.

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