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¿Cuál es la estrategia electoral de La Cámpora?

14-10-2014
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(Columna de Martín Rodríguez. Su último libro es "Orden y progresismo", Emecé, 2014)

La Cámpora debe demostrar que también puede llegar a aquellos lugares a los cuales se accede con votos propios

"Nos vamos del poder, pero quedamos en la política", dice un dirigente de La Cámpora. Esa visión generacional es otra forma de narrar la melancolía latente cuando ven que se va este tercer mandato kirchnerista y no asoma un candidato propio. Llegamos a la política es un modo de decir: ya no somos militantes, o, ya no somos sólo militantes románticos. Quedarse en la política también tiene su traducción en "quedarse en el Estado". Los parlamentarios, los empleados, las segundas líneas, una presencia adentro de la administración, un cólico para defender la herencia.

Bien mirado el acto de Argentinos Juniors, la voz de Máximo fue un barrido por cualquier sembrado intermedio: está Cristina y están ustedes, le dijo a la base juvenil. En el medio, el desierto. Urribarri, Taiana, Rossi, Domínguez, Fernández quedaron como estatuas de sal durante el discurso. Pero también fue un llamado "hacia adentro" de LC. Porque se visualizan dos caminos: 1) los que imaginan una vuelta a la resistencia, y hacer del kirchnerismo una identidad sólida fuera del poder, fogueándose en la oposición a un gobierno lo más liberal posible (Macri); 2) los que ya conocieron años de desierto "resistente" y están atentos a la posibilidad de un gobierno de coalición que los tenga como parte, incluso como parte "crítica", pero adentro (Scioli).

LA ESTRATEGIA: ¿HUBO, HAY?

Pero nos preguntamos por la estrategia electoral. ¿Hay algún lugar al que LC haya llegado con votos? ¿Cuál es su proyección dentro del movimiento estudiantil? ¿Hay algún sindicato de ramas sustitutivas de la economía en el que se haya proyectado una militancia sindical camporista o, en su defecto, kirchnerista? ¿Tienen militancia sindical? La respuesta es no. ¿Hay algún intendente como el joven Mussi o Insaurralde que sea camporista? La respuesta sigue siendo no. Los intendentes de Unidos y Organizados se reportan con De Vido y conforman ese espacio llamado Los Oktubres. No son cámporas.

¿Tuvo alguna vez LC una estrategia electoral? Lo que sí tuvo fue la influencia privilegiada para el cierre de listas, en las biromes de 2011 y 2013. Estuvieron presentes más en las decisiones electorales que en los encabezamientos electorales (aunque se aseguraron lugares). Tuvieron más que ver con la decisión de colocar frente a Massa un Insaurralde, que con construir su propio MI. La mayor base militante camporista, donde tienen comuneros, es en la CABA, distrito donde el macrismo gobierna y podría hacerlo varios períodos más. Síntesis: La Cámpora es un fenómeno social de participación, no de representación. Los que quieren a LC participan en ella, son "militantes". Pero carece de electorabilidad. Militancia y Palacio es su síntesis, pero nunca tuvieron la tarea de juntar votos, de llenar urnas.

Descifrar su futura estrategia electoral contiene un enigma: descifrar la estrategia electoral del kirchnerismo en conjunto. Lo que, a su vez, tiene una pregunta interior: ¿Qué quiere CFK? Misterio. Muchos analistas y consultores K se espantan ante la inevitabilidad de Scioli. "Si el kirchnerismo ya tiene el piso 33%, ¿qué es lo que realmente agrega Scioli, que es menos de lo mismo, no más de lo mismo?" es su lógica. Tanta matemática te matará. El kirchnerismo es una minoría que condujo con billetera, ideología, voluntad, mito y fantasía, todo junto, o en partes, al resto mayoritario del peronismo. Si uno recorre provincias, ciudades o regiones, las que se nos ocurran (Tucumán, Mendoza, San Juan, Córdoba, Salta, Santa Fe, ¿Santa Cruz?, Bahía Blanca, Mar del Plata, etcétera) y se pregunta dónde está el kirchnerismo, la respuesta es que no está, es que hay un peronismo local que se acopla a la conducción nacional, pero la identidad prístina no existe, es débil, minoritaria. Cristina no, pero muchos kirchneristas viven su ficción capitalina. Y la suma de votos viene de un furgón brumoso al que nunca indagan. Los votos llegan, lejanos. El relato es un bosque ideológico sin árboles concretos.

El 54% produjo un saldo posterior controvertido: rápidamente se entabló en una consigna desconcertante ("vamos por todo") la construcción de un colectivo puro, Unidos y Organizados. Dentro de ese espacio se fijaron las coordenadas de un kirchnerismo auténtico. Necesitaban decir que el peronismo es el kirchnerismo, que el Perón y Evita del Siglo XXI eran Néstor y Cristina, y así descomponer cualquier legitimidad intermedia. La coalición del 54% incluyó originalmente sectores: industriales, PJ, sindicalismo, movimientos sociales, juventud militante, Derechos Humanos. La campaña se planteó como una suma de "Fuerzas" (la fuerza del amor, del trabajo, de la juventud, etcétera), es decir, un rompecabezas que sumaba partes, en cuya cabeza se ubicaba Cristina. Había una estrella del relato electoral: un joven científico de anteojos, que gracias al Estado y la política, repatriaba su inteligencia para la inversión del futuro.

La lección del 54% no se hizo esperar: menos De Vido, menos sindicalismo, menos PJ, menos intendentes. Los puros (con Sabbatella también) subieron por el tronco del Poder Ejecutivo. Sin embargo, esa expansión no fue tan inteligente (salvo en el caso de Axel, el economista más ideológico para las vacas flacas del modelo). Por decirlo pronto: en Desarrollo Social recién ponen un pie (alambrado por Alicia Kirchner), en Transporte sólo mantienen la gestión de la línea de bandera, con todo lo simbólico que AA podía tener, pero cuyos usuarios no responden al patrón del votante kirchnerista. Randazzo es quien gestiona el modo en que viajan los pobres, la clase media y los laburantes en general. Recalde no.

En síntesis: La Cámpora debe demostrar que también llega adonde llega con votos, que trasciende su "fenómeno" de participación. Algunos de sus dirigentes, más ligados al PJ como De Pedro y Ottavis, ven ese déficit: no tienen intendentes, ni sindicatos. Es cierto, como dijo José Natanson, que no se juntan cuarenta mil jóvenes en un estadio con contratos, hay algo más. Pero veamos en este atardecer la configuración de lo político: los pobres intensifican su identidad política en el municipio a través de las políticas sociales, y la clase media, media-alta, con la inseguridad también territorializa su visión política. Inseguridad, policía, asfalto, cloacas, medio ambiente, además de bolsillo. ¿Entonces? La política se hace más territorial, más municipal. El riesgo de este municipalismo es perder visión de Nación, pero ese discurso de empoderamiento, de gobierno local, típica prosa del Banco Mundial, es incómodo pero tiene alguna verdad. De hecho, son palabras que usa la Presidenta. La militancia es reacia a lo electoral, ve en eso el "mercado" de la política. Hoy, el lugar de un Rucci, Vandor o Lorenzo Miguel lo ocupa el intendente de La Matanza, de Tigre o Avellaneda. El peronismo pasó a colocar la columna vertebral de su movimiento (que era el sindicalismo) en las intendencias. Ir de lo micro a lo macro, de lo particular a lo universal, del barrio al mundo. Ese camino lento. En la democracia, los votos también dicen cuanto valés.

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