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Cuatro años de UNASUR

18-04-2012
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(Columna del politólogo Ezequiel Avila)

Hasta el momento, felizmente, la organización ha sorprendido a propios y extraños.

Siete de cada diez latinoamericanos viven bajo el ámbito de este nuevo sujeto de la comunidad internacional que es la UNASUR. Su protagonismo concurre con un escenario mundial signado por circunstancias económicas y políticas que alejan a nuestra región de aquella etiqueta de patio trasero, aunque aún emergen asignaturas pendientes en materia de integración comercial, desigualdad social y violencia política. En mayo de este año, la Unión de Naciones Sudamericanas cumplirá su cuarto aniversario. Si bien el Tratado Constitutivo está en vigor desde el año pasado, el mismo fue suscrito en el 2008 en Brasil.

Esta nueva entidad nacía con un pecado original: el escepticismo acerca de los efectos políticos reales que podría imprimir en sus vínculos intra e interregionales. La multiplicidad de cumbres, reuniones, acuerdos y demás acercamientos diplomáticos entre las naciones sudamericanas ha nublado muchas veces de idealismo el horizonte de las perspectivas realistas de la política internacional. ¿Será la UNASUR un intento fallido más? ¿Será una nueva excusa para que las vociferaciones sanmartinianas o bolivarianas tengan ecos sin efectos concretos? ¿Podrá la UNASUR integrar una región marcada por gigantescos desafíos? Estas eran sólo algunas de las preguntas que poblaban los análisis hace cuatro años.

Pero la UNASUR no tuvo mucho tiempo para encargarse de responder desde el discurso y los cocktails diplomáticos acerca de su supuesto pecado original. Como si se tratara de una marca a fuego de nuestra América Latina, la emergencia, una vez más, llamaba a la puerta. La historia dirá que la primera cumbre formal de UNASUR fue una de emergencia. La Presidenta pro tempore Michelle Bachelet tuvo que convocar con carácter de urgente a la cumbre para tratar la crisis política boliviana. Los mandatarios ofrendaron su primer acto comunitario dando un cerrado apoyo al Gobierno boliviano golpeado por un intento separatista.

Pero no sólo se trató de una cuestión declarativa, la cual en sí misma ya tiene un peso encomiable como acción política en el marco de las relaciones internacionales, sino que significó también un acompañamiento desde la puesta en marcha de una comisión investigadora de la masacre de Pando, ocurrida en aquellas críticas y difíciles jornadas. El bautismo de fuego integracionista llegó temprano y el resultado fue auspicioso, postulando parte de la respuesta a las preguntas que se esgrimían. El desafío también incluía sortear las diferentes posiciones, algunas más y otras menos intervencionistas en relación al país del altiplano. Venezuela y Ecuador, por un lado y Brasil, Colombia y Paraguay, por otro, ya comenzaban a trazar algunas de las diferencias que hasta hoy presenta esta organización. Pasada con éxito esta primera parte de su aparición en la escena internacional, la UNASUR cobijó en 2009 dos cumbres tensas, que se enfocaron en un tema vital para el fortalecimiento de la democracia, como lo es la instalación de bases estadounidenses en territorio sudamericano.

Las posturas que causaron más conflicto fueron las de Colombia y Venezuela, nuevamente surgiendo a la superficie aquellas diferentes visiones sobre la defensa, la economía y el sistema democrático que ya se habían manifestado en el suceso boliviano. Con la primera de esas dos reuniones fallida, por el faltazo del presidente Alvaro Uribe, se convocó nuevamente a una reunión multilateral en la Argentina, en la cual se llegó a un acuerdo, considerado por distintos analistas como más cercano a la posición colombiana que venezolana. Hugo Chávez fue esta vez el que quedó mascullando y la diplomacia colombiana se anotó un punto, a la vez que exorcizó sus temores respecto a que UNASUR fuese una expresión hegemonizada por la cosmovisión chavista y su socialismo del Siglo XXI.

Sólo con dos años de vida, aún sin la entrada en vigor de su tratado constitutivo y ya con tres cumbres y dos procesos de intensa tensión político-diplomática, la UNASUR seguía refutando tesis pesimistas sobre su inutilidad. Un tercer suceso que tuvo que enfrentar este organismo fue la revuelta de las fuerzas de seguridad ecuatorianas contra el presidente Rafael Correa en septiembre de 2010. Fue también la última intervención regional de significación de su secretario general, Néstor Kirchner, quien fallecería un mes después.

En esta ocasión no se convocó a una cumbre sino a una reunión extraordinaria, en la cual se dio apoyo a Correa y se advirtió que las naciones de la UNASUR rechazarían cualquier amenaza al poder civil legítimamente elegido. Los mandatarios enviaron a sus cancilleres a Quito como una medida palpable de apoyo y cercanía regional. Fruto de esta crisis, se incluyo en la siguiente cumbre una cláusula democrática. En suma, en un contexto como el de la política exterior, donde los avances son muchas veces lentos y alejados de la atención mediática, no puede decirse en la actualidad que la UNASUR no haya logrado amalgamar con más fortaleza los vínculos en la región. Vale rescatar que en su corta vida debió toparse con conflictos de importancia y que la madurez política y diplomática de sus Estados miembros ha sido la nota distintiva.

El balance es positivo. Ahora bien, deberían intensificarse los esfuerzos por lograr políticas activas y no sólo de reacción frente a sucesos globales. Uno de las claves de la integración es el comercio interregional. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, en América Latina el comercio intrarregional es el 20% del total, mientras que en Asia es el 46% y en Europa, el 67%. Por otro lado, ya se avizoran señales por parte de Chile, Perú y Colombia de iniciar acercamientos paralelos a los que unen al Mercosur y Venezuela. El funcionamiento coordinado de sus Bolsas de Valores podría ser un primer paso, el cual sería acompañado por un acuerdo extensivo a México y Panamá. ¿Son estas acciones signos de una posible ruptura entre las naciones que miran hacia el Pacífico y las que lo hacen al Atlántico? ¿El eje Santiago? México DF?Quito?Bogotá presenta una amenaza o una oportunidad a la integración que ha puesto el fiel de la balanza a favor de Caracas? Brasilia?Buenos Aires?

Estamos frente a un año que exigirá recaudos en lo económico y que puede traer cambios políticos, en donde el foco en las relaciones comerciales será un punto muy importante para los vínculos regionales. La UNASUR, como desde su nacimiento, deberá seguir respondiendo a las visiones pesimistas sobre la unidad latinoamericana con hechos y posturas, como la asumida respecto a Malvinas, que refuten aquellas visiones. Hasta el momento, felizmente, ha sorprendido a propios y extraños.

(De la edición impresa)

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