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Delenda est Buenos Aires

14-09-2015
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La provincia es hipertrofiada pero acéfala. La hipertrofia la sufren los argentinos; la acefalía, los bonaerenses.

"Delenda est Carthago” (Cartago debe ser destruída). Así terminaba sus discursos el senador romano Catón el Viejo, dos siglos antes de Cristo. Cartago, la mayor ciudad al sur del Mediterráneo, había sido derrotada dos veces por los ejércitos de Roma. Sin embargo, se había recuperado y seguía molestando. Tanto como Catón, que a juicio de sus contemporáneos era insufrible.

Durante la segunda de las tres guerras púnicas, que se libraron entre Roma y Cartago, el general cartaginés Aníbal cruzó los Pirineos con un ejército de elefantes y estuvo a punto de tomar la capital enemiga. Pero los romanos contraatacaron, cortándole las provisiones y atacando Cartago. Aníbal debió regresar y se vio obligado a pedir la paz.

La provincia de Buenos Aires no es Cartago. Carece de prodigios civilizatorios. Sus gobernantes no tienen el genio de Aníbal. Y lo más parecido a un ejército de elefantes es la burocracia platense. Sin embargo, la provincia molesta. Porque ella misma es elefantiásica.

HIPERTROFIA FEDERAL

¿Cuánto es muy grande? La importancia de los países es proporcional a su población. A más gente, más producción y mayores ejércitos. También en las provincias, aunque no tengan ejércitos, el tamaño cuenta. Sobre todo el relativo: con 40% de la población nacional, una provincia sería chica en un país con sólo dos provincias pero grande en un país con tres.

Buenos Aires tiene casi el 40% de la población nacional. El problema es que Argentina tiene 24 provincias.

En el mundo existe una veintena de estados federales. El federalismo reparte el poder entre la Nación y sus componentes subnacionales. el estadista desarrolló un Indice de Hipertrofia Federal (IHF) para saber si, en la comparación internacional, Buenos Aires es tan paquidérmica como parece de cerca.

La fórmula es simple: porcentaje de población de la primera provincia multiplicado por cantidad de provincias dividido 100. Si en un país todas las provincias tuvieran la misma población, el IHF sería 1. En el mundo real la escala va de 1,75 a 9,35. Y sí, adivinaron. Los datos están en el cuadro.

Buenos Aires no es sólo la provincia más hipertrofiada del mundo, sino que lo es por mucho. Hemos creado un monstruo.

Y LA HIPERTROFIA NO ES TODO

Buenos Aires parece la locomotora pero es el felpudo del poder nacional. Alfonsín aprovechó la lealtad de Armendáriz para reducirle la coparticipación federal. Menem le concedió a Duhalde el Fondo de Reparación del Conurbano para convencerlo de abandonar la vicepresidencia, pero después lo vapuleó. Ruckauf siguió el destino de De la Rúa. Solá fue fundamental en la estrategia kirchnerista de decapitación de Duhalde, pero le pagaron en patacones. Y Scioli puede llegar a presidente no por sacar la provincia a flote sino a pesar de haberla hundido.

Paradójicamente, la provincia es hipertrofiada pero acéfala. La hipertrofia la sufren los argentinos; la acefalía, los bonaerenses.

Contra el cliché habitual, Buenos Aires no pone presidentes. Al contrario: es el candidato presidencial el que arrastra al candidato a gobernador. Alfonsín eligió a Armendáriz, Menem a Duhalde y Kirchner a Scioli, punto. Pero la influencia de la provincia sobre la política nacional existe y se manifiesta por la negativa: Buenos Aires saca presidentes. O mejor dicho, el gobernador y los intendentes del conurbano tienen la capacidad de controlar la calle, que es donde los latinoamericanos practican el juicio político. Ruckauf no echó a De la Rúa, pero llenó el tanque del helicóptero.

La acefalía es igual de evidente. El proyecto de regionalización de Scioli costó más que sus viajes a Italia y fue tan eficiente como su política hídrica. Para su fortuna, no existe ningún gran gobernador con quien compararlo. La provincia está fragmentada territorial y socialmente. Los procedimientos administrativos se remontan a principios del Siglo XX, y la innovación gubernamental al XIX. No existe un mercado provincial de medios que sostenga una opinión pública provincial, y mucho menos que le pida cuentas al gobierno.

La provincia no tiene arreglo pero sus habitantes son inocentes. Hay una solución. ¡Viva los bonaerenses! Delenda est Buenos Aires.

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