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EE.UU. : camino a 2016

03-12-2014
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(Columna de Santiago A. Rodríguez)

Entusiasmados con la victoria, la lista de precandidatos republicanos es cada vez más larga. Entre los demócratas, sobresale Hillary Clinton, pero no es la única. La ansiedad presidencial ya comenzó.

Como resultado de la abultada victoria republicana en las elecciones de medio término, parece haberse producido un salto en el tiempo y que ya fuera noviembre 2015, al menos si tomásemos como referencia las acciones que llevan adelante los interesados en alcanzar la Casa Blanca. Es necesario mirar dos veces el calendario para asegurarse de que faltan aún catorcemeses para la primera primaria y no menos. Tampoco hay que olvidar que recién dentro de dos años sabremos quién reemplazará a Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, pero ya comienza a haber movimientos en torno a múltiples figuras.

Esta “ansiedad presidencial” se nota más en el campo republicano que en el demócrata, movilizado por la esperada victoria de medio término, que ahora se reproduce en las bancas que le aseguran dominar tanto la Cámara de Senadores como la de Representantes, y se profundiza por un Ejecutivo con bajos números de aprobación en su desempeño. Sin embargo, ambos partidos presentan un escenario más complejo que el que este envión electoral se esfuerza en presentar. Por un lado, la oferta electoral republicana se ha vuelto tan amplia que no alcanzan los dedos para contar los candidatos, y eso si nos restringimos a los que potencialmente tienen posibilidades. En el campo demócrata las cosas son más claras, pero las aguas calmas comenzaron a agitarse tras la derrota y lo que parecía seguro comienza a recibir cuestionamientos desde los sectores más progresistas del partido. Mientras tanto, las sombras de un mundo multipolar, ISIS y el crecimiento de la figura de Vladimir Putin en el escenario internacional amenazan en sumarse como árbitros en esta contienda electoral.

EL ENVEJECIDO PARTIDO DEMOCRATA

La edad promedio de un presidente al asumir por primera vez en los Estados Unidos es algo menor a los 55 años. En elecciones recientes, la edad, o la mayor edad, ha sido un factor destacado de la campaña por la gran diferencia entre los candidatos. En 1996, el candidato republicano Bob Dole, con 73, años se enfrentaba a un Bill Clinton que apenas alcanzaba los 50 y, en 2008, la diferencia de edad también fue un factor de peso entre John McCain y Barack Obama. A estos casos particulares, pueden sumarse otros múltiples. Consideremos que, durante el último siglo, la mayor parte de los presidentes demócratas han sido jóvenes en comparación (estuvieron por debajo de la media, Franklin D. Roosevelt, Kennedy, Carter, Clinton y Obama). Incluso cuando han perdido, en general todos los candidatos demócratas de las últimas seis décadas han sido menores que sus contrincantes. Entre los republicanos sólo George W. Bush, y por unos meses, ha estado por debajo del promedio. Este perfil jóven tiene serias posibilidades de cambiar en 2016, y de manera importante.

Prácticamente desde que Obama se alzó con la candidatura demócrata en 2008, la principal figura para sucederlo ha sido Hillary Clinton. Tan es así, que en estos 8 años son prácticamente inexistentes otras figuras nacionales del partido. Los factores de debilidad que han comenzado a aparecer en su candidatura exceden las medias tintas, como podría ser el rol de su marido, el ex presidente. Estos son su edad, su sobreexposición y, como consecuencia, su desgaste.

En 2016, Hillary Clinton tendrá sesenta y nueve años, la misma edad que Ronald Reagan en 1980, y de ganar sería la segunda persona de mayor edad en acceder a la Casa Blanca. Este punto ha comenzado a ser presentado por los republicanos con mayor frecuencia tras las recientes elecciones. Al mismo tiempo, la han responsabilizado de igual o mayor manera que al presidente por la derrota en noviembre. Tanto el gobernador de Wisconsin Scott Walker como el senador Rand Paul han hecho declaraciones apuntando a que quien ha hecho el esfuerzo en esta campaña ha sido ella, y falló. La ex secretaria de Estado, puesto del que se alejó en 2013 para poder mantener distancia de la actual administración, es considerada parte del establishment de Washington, tanto por la oposición como por sectores de su partido. Esto dificulta ser presentada como un factor de cambio del statu quo, aun sea moderado, otra crítica que recibe en la actualidad. Entre las otras opciones en el universo demócrata están el vicepresidente Joe Biden, de setenta y un años y con varios intentos fallidos de alzarse con la candidatura, y Elizabeth Warren, senadora por Massachusetts.

El caso de Warren es especial. Habiendo ganado su primera elección en 2012, representa al ala liberal del Partido Demócrata y ha tenido un rápido crecimiento en popularidad, al punto que es señalada como la única persona que podría hacerle sombra a Hillary. Si bien ha declarado repetidas veces que no se presentará como candidata presidencial, la presión ha aumentado en estos meses de elecciones donde ha demostrado su capacidad y atractivo electoral acompañando a otros candidatos tanto en campaña como recaudando fondos. Dueña de un discurso crítico del establishment, se ha convertido en la principal oradora de un tema transversal como los préstamos universitarios, lo que le asegura popularidad en sectores clave. Sin embargo, Warren tampoco escapa del envejecimiento demócrata: tendrá 67 en 2016, y a esto se le suma su inexperiencia.

A parte de estas figuras principales, en un pelotón hoy rezagado se encuentra entre otros, Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, y Martin O'Malley, ex alcalde de Baltimore y gobernador de Maryland. Este último, de 51 años, es señalado, por su carrera y juventud, como otro potencial buen contendiente para Clinton, o como compañero de fórmula también.

MUCHAS MANOS EN EL PLATO

El Partido Republicano huele debilidad en la Casa Blanca y se agolpa a sus puertas en grandes números para ofrecer un sucesor. Son tantos ya que se necesitarían dos o tres Estados Unidos para distribuir tantos candidatos. En agosto, el portal “The Hill” enumeraba 42 potenciales candidatos en el Grand Old Party (GOP). El sitio web del partido publica desde enero de este año 33 nombres para una elección no vinculante en línea. Números conservadores, muy conservadores, reducen esta multitud a 16. Incluso, hasta los buenos resultados de principios de noviembre, Mitt Romney, quien fuera el candidato en 2012, estaba considerado con posibilidades y si bien no han desaparecido, se han visto reducidas por el momentum alcanzado.

Los candidatos republicanos tienen, en su amplia mayoría, algo en común: experiencia y juventud. A excepción de Romney, los que figuran en la potencial lista “corta” no superan en edad a Warren, aunque sí en experiencia, y varios tienen veinticinco años menos que Hillary.

Los candidatos pueden dividirse, a su vez, en gobernadores y miembros del Congreso, con una excepción que se verá aparte ya que es la estrella del momento. En un principio, y un poco como Hillary, existe una figura eclipsante en Jeb Bush, hermano del ex presidente y ex gobernador de Florida. Si bien no confirma ni niega sus intenciones de entrar en campaña, de lanzarla es hoy quien mejor posicionado está de todos. Sin embargo su postura en el ríspido tema de inmigración, más cercana a la demócrata, puede traerle problemas en la interna.

Entre los gobernadores se encuentran Bobby Jindal (43 años, Louisiana), Rick Perry (64, Texas), John Kasich (62, Ohio), Mike Pence (55, Indiana), Chris Christie (52, New Jersey), Scott Walker (47, Wisconsin) y el ex gobernador Mike Huckabee (59, Arkansas). En casi todos los casos han gobernado por más de un período en sus distritos, a excepción de Pence. Algunos también han sido representantes de sus distritos en Washington y, en los casos de Perry y Huckabee, han tenido experiencia en primarias.

Entre los miembros del Congreso se hallan las figuras más jóvenes: Ted Cruz (43 años, senador por Texas), Rand Paul (51, senador porKentucky), Marco Rubio (43, senador por Florida), Rob Portman (58, senador por Ohio) y Paul Ryan (44, representante por Wisconsin). El ex Senador Rick Santorum (56) ha declarado que se encuentra trabajando como si fuera a ser candidato. En su caso, como el de Ryan, ya han participado de primarias; incluso Ryan fue candidato a vicepresidente.

Hacer un recorte de esta lista es un riesgo, en las encuestas y votaciones no vinculantes que se realizan en distintos encuentros partidarios hay una alta rotación de nombres. En muchos casos, como puede observarse, gobernadores y senadores de un mismo distrito han expresado intenciones de presentar su candidatura, y eso seguramente será un factor de decisión. Cercanía al Tea Party, el ala más conservadora, también será un eje fundamental.

En el último tiempo se ha incrementado la presencia de un outsider, Ben Carson (63). Neurocirujano retirado, tiene muchos de los ingredientes que hicieron popular a Sarah Palin entre las bases más conservadoras del partido: ultraconservador, creacionista, rechazo al matrimonio homosexual y la legalización de la marihuana. A su vez, tiene 6 bestsellers y es afroamericano. Su figura se agigantó cuando, en presencia de Barack Obama, criticó el sistema de salud que impulsó la Casa Blanca.

La principal debilidad de esta lista es, justamente, su longitud. En diversas declaraciones a los medios la mayoría de los candidatos han planteado que oficializarán su campaña hacia mitad del año que viene, pero qué sucedería si alguno diera el primer paso: ¿una avalancha de candidatos? A su vez, el exitismo por el triunfo en las elecciones de medio término podría llevar al GOP a considerar que la elección ya está ganada más allá del candidato, algo como lo que sucedió en 2010.

EL MERIDIANO 38 ESTE

A diferencia de la campaña 2012, la campaña 2016 tendrá muchos más presencia de política exterior. No sólo de las incursiones militares que lleva adelante los Estados Unidos, sino de la relación del país con diversos países y sus líderes. Es probable que veamos muchos nombres propios en los venideros debates, algo que no era tan común hace sólo cuatro años. Herman Cain y Palin pasaron momentos complicados con los medios de comunicación por su desconocimiento de política exterior. Los candidatos en general deberán tener esto muy presente, aunque algo más los republicanos.

Más allá de los temas de inmigración, servicios de salud, la mala imagen del Congreso y la clase política tradicional, hay tres temas que han dominado los medios nacionales que provienen del exterior: ébola, ISIS y la relación de poder con Rusia.

En particular, el Estado Islámico y Putin, que desafía el liderazgo global de los Estados Unidos desde las páginas de Forbes cuando es declarado como el hombre más poderoso del planeta, es probable que mantengan su gravitas a lo largo de este año. En estos temas, la experiencia de Hillary como secretaria de Estado seguramente juegue a su favor, aunque los conservadores puedan utilizarlos también, como por ejemplo pidiendo una mayor presencia en ambos casos, como ha hecho recientemente Romney.

En una primera observación, las posibilidades de los republicanos para hacerse de la presidencia parecen muchas, sin embargo la baja participación ya ha llevado a que este tipo de conclusiones resulten erradas. Los aspirantes republicanos más cercanos al conservadurismo del Tea Party, ya han comenzado a hablarle a sus bases, poniendo en pie de igualdad el impulso para mantener la neutralidad de la red con el servicio de salud y llamándolo Obamacare para la Internet, demostrando, una vez más, que son muy efectivos para establecer un diálogo con su núcleo duro, mas no tanto con el público en general. A su vez, la probabilidad de una interna con múltiples candidatos puede ser al mismo tiempo algo atractivo, como fuente de un fuerte desgaste. También hay que señalar que hoy no hay candidatas mujeres dentro del espacio conservador.

Los demócratas tendrán que recuperar la afluencia de sus votantes a las urnas, específicamente jóvenes, afroamericanos e hispanos, claves para poder alzarse con la victoria. La falta de una primaria atractiva puede hacer esto algo más difícil, y si la candidatura quedara en manos de Hillary, habiendo pasado tanto tiempo como tal, será cuestión de ver si logra propuestas que movilicen al electorado. Por otro lado, una sorpresa en las primarias, como sucedió en 2008, ha sabido generar una gran dinámica.

La gran pregunta hoy es qué hacer con Obama. Sus índices de aprobación son relativamente bajos, y ya en la campaña pasada pasó a un segundo plano. Pero, en una presidencial, no va a ser tan fácil que deje de ser el foco de atención. Un 2015 exitoso puede hacer cambiar esto y hasta convertirlo en un activo, pero tendrá que ser capaz de retomar el control de la agenda, tanto ejecutiva como legislativa si el objetivo es lograr que un demócrata suceda a otro, estando éste vivo, como no sucede desde 1857.

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