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El balotaje en América Latina

latam
19-11-2015
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(Columna de Patricio Gómez Talavera)

Los defensores de la segunda vuelta argumentan que esa instancia permite alejar los fantasmas de la ingobernabilidad.

El próximo 22 de noviembre los argentinos haremos un viaje a lo desconocido: tendremos nuestra primera segunda vuelta electoral y las dos primeras fuerzas dirimirán directamente, sin terceros, el nombre del futuro Presidente de la Nación.

En los diversos países donde esta instancia tiene lugar (que van desde Trinidad y Tobago hasta Lituania), su aplicación buscó dotar de una legitimidad extra al ganador de los comicios, al forzar una segunda votación para que el electo cuente con el aval explícito de, por lo menos, la mitad mas uno de los electores. Sulegislación en América Latina, aunque creciente, no ha sido homogénea, y reconoce dos formas de aplicación, principalmente. La primera representa el modelo francés clásico, y exige, para evitar la segunda vuelta, el 50% más uno de los votos. Caso contrario, primer y segundo puesto concurren a la nueva instancia decisiva. Este es el formato adoptado en, por ejemplo, Brasil, El Salvador, Chile, Uruguay y Perú. La fragmentación partidaria y la inestabilidad en las relaciones entre representantes y representadosson factores que determinan que, al ser combinados con una requisito tan exigente, las posibilidades de una sola vuelta electoral sean bajas, como demuestran los muchos balotajes en Guatemala o Ecuador. La segunda variante implica la adopción de un criterio de mayor flexibilidad, que brinda algún tipo de facilidad para la primera fuerza, al rebajar la exigencia para un triunfo en una sola vuelta. En esta línea se encuentran Ecuador (40% con diez puntos de diferencia), Costa Rica, Nicaragua (40% en primera vuelta en ambos) y Argentina (40% con diferencia de 10 puntos o 45%).

La aplicación en América Latina está intrínsecamente relacionada con la ola de redemocratización, y la búsqueda de fortalecimiento y consolidación institucional mediante un refuerzo de la legitimidad electoral. Según los cálcu losde Daniel Chasquetti, que toma51 procesos electorales en doce países, un balotaje con la diferencia que Daniel Scioli obtuvo sobre Mauricio Macri, implica una situación en la que la posibilidad de reversión es del 50%, porcentaje correspondiente a una diferencia de 4 puntos o menos entre los candidatos. Cuando la misma es de 5 a 8 puntos, la posibilidad de reversión cae bruscamente: 27%. Sin embargo, es conveniente advertir que el cálculo incluye a Francia (que desde 1965 no ha tenido elecciones sin balotajes) y Portugal (con la reversión más espectacular de la historia, de 21 puntos, ocurrida en 1986). Dos países fuera del entorno latinoamericano, en una base que toma sin explicitar criterio a países europeos, excluyendo otros que también han tenido y tienen segunda vuelta, como Rumania y Bulgaria. En cambio, de 44 balotajes ocurridos en América Latina entre 1985 y 2014, en 11 ocasiones hubo reversión de resultado con respecto a la primera vuelta(25%). En 5 ocasiones de reversión de tendencia de primera vuelta en segunda el primero había sacado más de 5 puntos, y en 6 ocasiones menos de cinco puntos.

Como bien ha recordado en su momento el politólogo Aníbal Pérez-Liñán, la reversión del resultado implica reiteradas veces la consagración de un candidato electo fundamentalmente por el rechazo de una mayoría hacia su contendiente, más que en una adhesión explícita a su candidatura. Por otra parte, el fenómeno suele ser paralelo a una alta fragmentación parlamentaria que facilita el choque entre ambos poderes y los problemas de gestión del Estado. El mayor margen de reversión se dio, recientemente, en Haití. En noviembre de 2010, el actual Presidente, el músico Michel Martelly, obtuvo el 21,8% de los votos, frente a la ex primera dama Mirlane Manigat, ganadora con el 31,4%. La segunda vuelta electoral ocurrida el 20 de marzo de 2011 implicó una arrasadora victoria de Martelly con el 67,6% de los votos. La menor diferenciase dio en Colombia, en 1998, cuando el liberal Horacio Serpa se impuso por 0,25% (34 mil votos sobre un padrón de 20 millones de electores) al conservador Andrés Pastrana. Finalmente, Pastranase impuso en la segunda vuelta con el 50,4% de los votos. Como se puede apreciar, los márgenes estrechos en primera vuelta, si bien no son definitorios por sí mismos, influyen fuertemente en las posibilidades del segundo colocado en primera vuelta para revertir el resultado.

“Si usted sentaba a cinco personas aquí antes del actual régimen, de las cinco solamente una podía decir '¿Sabe que yo lo voté?'. Entonces el presidente comenzaba su gestión, con suerte, con indiferencia de cuatro, y adhesión de uno. Con suerte. En cambio ahora (?) el electo puede decir que tiene el apoyo del cincuenta por ciento más uno de la ciudadanía. Y eso me parece que le da al cargo una gran fortaleza, que si se sabe usar es importante para la construcción desde la Presidencia”, recordaba el ex presidente uruguayo Luis Lacalle en una entrevista, hace diez años, al periodista Daniel Figares. De esa manera expresaba las motivaciones de los defensores de esta instancia: exorcizar los demonios de la ingobernabilidad que imponía la minoría absoluta en un electorado fragmentado.

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