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El boxeador paciente

scioli
10-10-2016
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(Columna de Joaquín Múgica Díaz)

Daniel Scioli pronosticó el final del FpV y pidió la unión del partido. Su futuro en el peronismo es incierto luego de la derrota.

Paciencia, perseverancia y prudencia. La estrategia es la misma desde 1997, cuando el ex presidente Carlos Menem decidió postularlo como primer candidato a diputado nacional por la Capital Federal. Daniel Scioli se aferra a un esquema que ya conoce y repite los movimientos esperando, quizás con demasiada esperanza, otros resultados. Está de vuelta. Con marcas imborrables de la derrota electoral, con denuncias de corrupción que lo acechan y con un partido que se mueve a sus espaldas sin prejuicios ni temores.

El exgobernador bonaerense comenzó a dar señales claras de que está vivo en el mundo político y que no está dispuesto a pasar al olvido tan fácilmente. Son apenas algunas declaraciones las que lo metieron otra vez en el ring del PJ. Ahora falta que dé el paso más importante. Que defina si va a competir o no en las próximas elecciones legislativas.

“Creo que la palabra cambio fue convocante”. En los últimos días, Scioli reconoció el impacto que tuvo la palabra clave que utilizó Cambiemos durante toda la campaña electoral y en el transcurso del primer año de mandato. Ahora es él el que se aferra al concepto de cambio. Rápido aprendiz del marketing polí- tico, parece haber registrado, un poco tarde, que la continuidad de un modelo ya no tenía el respaldo necesario en la sociedad argentina.

El excandidato a presidente empezó a aplicar la estrategia del boxeador paciente. Pega, espera, camina el ring, analiza el panorama, no descuida la defensa y vuelve a atacar. Un ejercicio conocido para Scioli, que no suele apelar a frases de alto impacto, salvo cuando siente que la monotonía del discurso ensayado se convierte en un arma de doble filo que lo termina perjudicando.

En su última aparición mediática pronosticó el final del Frente para la Victoria. Un golpe al estómago del universo kirchnerista. Sin tapujos, aseguró que la coalición política que fue fundada cuando Néstor Kirchner llegó al poder, no será la que represente al peronismo en las próximas elecciones. Una sutil forma de decir que el kirchnerismo es historia. Pasado y pisado.

Scioli habla mucho y dice poco. Sus discursos suelen tener menos contenido del que parece. Es una constante en su vida pública. Cuida al máximo cada palabra, cada gesto. Siempre evita los extremos. En la búsqueda de equilibro reside otra de las características de su estrategia. Lo extraño es que siga manteniendo la misma táctica que lo llevó a perder las elecciones hace menos de un año.

La foto con Cristina Kirchner en el Instituto Patria está dedicada para los que le decían que no era suficientemente kirchnerista. El discurso de unión partidaria que repite cada vez que le preguntan sobre la interna del PJ es un mensaje directo para los cristinistas acérrimos, los más reacios a aceptar la reorganización de poder en el peronismo. Así le gusta caminar a Scioli el terreno político. Buscando no caer en el precipicio. Tendiendo puentes con los diferentes sectores del partido aunque la mayoría, hasta el momento, prefiera tenerlo lejos.

Dice estar convencido de que hay que “renovarse” y “actualizarse”. A sus 59 años está tratando de recuperarse de la derrota más importante que sufrió en su vida política. Intenta levantar cabeza luego de nueve meses en los que un tsunami de corrupción arrasó con un alto porcentaje de la credibilidad del kirchnerismo. Pese a eso, se debate, como lo ha hecho en los últimos años como gobernador, entre abrazarse o no a la bomba de tiempo que es el movimiento que aún hoy sigue liderando Cristina. Scioli quiere un nuevo peronismo, pero con una parte del kirchnerismo adentro del proyecto.

El mapa actual del peronismo obliga al ex gobernador a evaluar con cautela su jugada electoral. Mantiene su ambición de ser candidato en el 2017 pero aún no encontró el respaldo necesario. En las sombras teje su vuelta Florencio Randazzo y Cristina analiza si su nombre estará o no en una boleta. Además, los intendentes de la provincia de Buenos Aires trabajan en tres armados diferentes para mantenerse a flote mientras el PJ no tenga un conductor. Ninguno quiere quedar afuera de la estructura que, poco a poco, comenzará a levantarse sobre los cimientos del histórico partido. Entre ellos está Scioli.

El principal fantasma del ex gobernador es Sergio Massa. El diputado del Frente Renovador capitalizó la popularidad que obtuvo desde el 2013 a esta parte y se posicionó, nuevamente, como un posible líder para dirigir al peronismo. Aunque el tigrense tenga un armado propio por afuera del PJ, muchos dirigentes creen que es el indicado para encabezar la renovación. Massa está otra vez en su camino. Hoy tiene el respaldo popular que no tiene Scioli y es un obstáculo para que obtenga el liderazgo que Cristina dejó vacante.

Es justamente la ex mandataria otra de las trabas para que el ex gobernador pueda alzarse con el liderazgo del PJ. La mayoría de los grupos que hoy conviven en el peronismo prefieren mantener lejos al kirchnerismo. Lo asocian a la derrota y a la falta de autocrítica. Si Cristina se decide a estar presente en los próximos comicios, existe la posibilidad de que un sector importante del peronismo se anime a respaldar a Sergio Massa. En esa hipotética pelea de dos pesos pesado, las posibilidades de Scioli quedarían reducidas. Por eso el próximo golpe tiene que ser muy pensado. La evaluación detallada de los supuestos escenarios es una virtud que no le puede faltar a quien quiera dirigir el peronismo.

Ya escuchó la campana que marca el inicio del primer round. Camina el ring con estoicismo, como quien desea mostrar que los golpes del pasado ya no duelen. Está en campaña, recorre la provincia, habla con los dirigentes, declara en los medios. Se acomoda el protector bucal y se levanta los pantalones. Después de besar la lona en su última gran batalla, Scioli cree que en el 2017 podrá redimirse. Aún piensa que en la política puede encontrar revancha.

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