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El día en que nació el peronismo

17-10-2014
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(Columna escrita junto a Santiago Senén González)

Los trabajadores, que veían amenazadas las conquistas que Perón había impulsado, colmaron la Plaza de Mayo

Una movilización obrera sin precedentes, un militar amigo de la causa de los trabajadores reclamado y consagrado como nuevo referente de las masas, una dictadura en retirada, una creciente movilización ciudadana y un proceso electoral en ciernes son los grandes trazos de acontecimientos que marcarán una bisagra histórica en esa soleada, calurosa y húmeda jornada del miércoles 17 de octubre de 1945.

Ya desde el día anterior grupos de manifestantes fueron llegando al centro de la ciudad desde la zona sur bonaerense. La CGT, con posiciones divididas, había convocado a una huelga para el 18, en defensa “de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía” . En la madrugada, el coronel Juan Domingo Perón, hasta ese momento el “hombre fuerte” del Gobierno, que había sido detenido el sábado 13 por presión de los sectores militares más refractarios a las reformas laborales que él impulsaba y había llevado a cabo, es trasladado de la cárcel de la isla Martín García al Hospital Militar. Los sindicatos de izquierda y los partidos Socialista y Comunista instan a no participar de ninguna manifestación y “unificarse para terminar con las maniobras del nazifascismo que atentan contra la libertad, la democracia y el progreso del país” . El radicalismo reclamaba la retirada de los militares del poder y elecciones libres. Contingentes de trabajadores confluyen en la Plaza de Mayo y exigen la libertad de Perón. Similares manifestaciones se reproducen en La Plata, Rosario y otras ciudades del interior. Con el trasfondo de esa movilización popular, el Comité Nacional de Huelga, integrado por los representantes de los gremios autónomos, con protagonismo de Cipriano Reyes, dirigente del gremio de la carne de Berisso y Ensenada, y del secretariado de la CGT, inicia conversaciones con el general Eduardo Avalos, ministro de Guerra, que acepta negociar y retener las tropas preparadas para reprimir.

Al mediodía, una delegación de la CGT se reúne con el presidente, el general Edelmiro J. Farrell y le entrega un petitorio de 300 sindicatos reclamando satisfacción a las demandas gremiales. El coronel Perón exige la renuncia de todo el gabinete y, tras recuperar su libertad, se dirige a los manifestantes (entre 60 mil y 200 mil de personas, según la fuente) desde los balcones de la Casa Rosada.

Está cercana la medianoche cuando Perón, escoltado por Farrell, anuncia su retiro del Ejército “para vestir la casaca del civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria” . Luego de breves palabras de Farrell, Perón habla a los trabajadores del país, les agradece su apoyo e invita a convertir el paro general del día siguiente en día “de festejo y esperanza”.

El líder estrena en el balcón un ritual fundacional para su flamante movimiento político. Mantiene un intercambio con la gente que colmaba la plaza, que acompaña con cánticos y consignas las apelaciones del conductor. La radio del Estado transmite el acto a todo el país. El jueves 18 las cosas serán algo diferentes. Se conocía que incidentes frente al diario Crítica habían derivado en choques entre grupos nacionalistas y antiperonistas, con heridos y un muerto, el activista Darwin Pasaponti. Mientras fracasa un intento de sublevación de la Marina, se cumple la huelga general de la CGT mientras grupos de trabajadores pintan con carbón y tiza el nombre de Perón en las paredes de Buenos Aires.

El viernes 19, la CGT expresa su satisfacción con el paro y señala que se han atendido las demandas, alude a “la masa del pueblo congregada en la histórica Plaza de Mayo” y al discurso pronunciado en la noche del 17 por Farrell, pero curiosamente en ningún momento nombra al personaje central de la jornada. Sí lo habían hecho los diarios del día anterior, que salieron a la calle pese a la huelga. Incluso el The New York Times, en una extensa crónica de tapa, titula: “El coronel Perón confirmó que sigue siendo el 'hombre fuerte' en la Argentina".

La Argentina había cambiado su fisonomía en esos años. Con catorce millones de habitantes, evidenciaba una acelerada transformación en su estructura demográfica, económica y social; dejaba atrás el paisaje agropastoril y la tranquilidad de la ciudadpuerto y se introducía en una etapa de industrialización y expansión urbana. Entre 1943 y 1947 llegaron a Buenos Aires 117 mil provincianos por año. Si en 1936 los migrantes del interior alcanzaron el 16% del total de Buenos Aires, en 1947 esa cifra aumentaba hasta el 37%. La vieja gran aldea, la metrópoli europea del Cono Sur se convertía en una gran urbe rodeada por un cinturón industrial que se extendía y atraía un ya extendido proletariado fabril. Los trabajadores organizados, los “descamisados”, podían sentirse por primera vez actores centrales del escenario político. Las líneas demarcatorias de los antagonismos conocidos hasta entonces ?conservadores y radicales, liberales y nacionalistas, militarismo y antimilitarismo? se fraguaron esa noche en una nueva bifurcación social e ideológica, destinada a perdurar durante más de medio siglo: peronistas y antiperonistas.

Convertido con el paso del tiempo en ritual de congregación, fecha de conmemoración oficial durante casi una década, consagrado como “Día de la Lealtad” para los peronistas, símbolo de la resistencia en los siguientes diecisiete años de proscripción, con prohibiciones y represiones en tiempos de dictadura, evocación litúrgica de encuentros y desencuentros e incorporado a la convivencia y la controversia democrática a partir de 1983, el 17 de octubre continúa, sesenta y nueve años después, agregando valiosos aportes al redescubrimiento de nuestro pasado y alimentando, también, los debates y relatos políticos del presente.

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