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El nuevo escenario presidencial

12-07-2011
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(Artículo de Carlos Fara publicado en la edición nº35)

Datos que apuntan a la reelección

Ahora que se sabe finalmente quiénes son los candidatos con sus respectivas fórmulas, se pueden sacar cuentas más afiladas sobre cómo quedó el panorama electoral. Con todos los jugadores en la cancha, hay algo que no cambia: la Presidenta sigue ganando en primera vuelta con el 46 %, sin proyectar indecisos.

El orden de los que siguen se mantiene, pero un nuevo jugador ayuda a que se mueva el panorama opositor, contribuyendo a la fragmentación: Alberto Rodríguez Saá, que empata el quinto lugar con Binner (6,3 y 6,7 %, respectivamente). Alfonsín sigue segundo con el 14 % (retrocede 4 puntos). Duhalde es tercero con el 11 % (retrocede 3 puntos), y cuarta se mantiene Carrió, con casi el 9 %. Los indecisos arañan el 4 %.

En cualquiera de los escenarios de balotaje, la Presidenta obtiene por lo menos el 56%. Estos datos fueron relevados entre el 29 de junio y el 3 de julio pasados en la zona

metropolitana Buenos Aires: en el interior la tendencia es igual o incluso se puede profundizar a favor de la Primera Mandataria.

Respecto al perfil del próximo presidente, el 47 % sigue prefiriendo que sea Cristina. El 90 % no identifica ningún hecho de las últimas semanas que lo pueden llevar a cambiar su decisión de voto. Sólo el 2,8 % menciona como factor el caso Schoklender.

Respecto a la elección del candidato a vicepresidente de Cristina, el 39 % tiene una opinión positiva sobre la decisión que asciende al 67 % en el caso de los votantes de la Presidenta, no registrándose prácticamente rechazos.

Por otro lado, el 55 % está de acuerdo con las decisiones sobre candidaturas que tomó Cristina, dado que creen que se está sacando de encima a Moyano, a los piqueteros y al PJ. Los indicadores sobre las expectativas a futuro se mantienen en el mismo nivel que un mes atrás, tanto sobre la marcha del país como respecto a la situación personal.

Vale decir que los registros de optimismo están entre los más altos en los últimos 8 años. Estos datos indican que: el panorama estructuralmente no cambia, más allá del traslado de votos eventual; El caso Schoklender, la inflación, el escándalo del Inadi y otros temas que deberían perjudicar al Gobierno, no están incidiendo sobre la intención de voto; y cuestiones como el cierre de listas, son temas muy políticos que no constituyen issues de opinión pública.

No obstante, la aprobación de la gestión presidencial y la imagen positiva personal de

CFK están en una meseta desde diciembre, lo cual indicaría que probablemente ya le haya sacado todo el jugo posible a su posición y esté en un techo. Pero eso no significa necesariamente que a partir de ahora vaya a bajar.

La gran pregunta es si este escenario puede modificarse en los 100 días que faltan hasta el 23 de octubre, teniendo en cuenta que existe la parada del 14 de agosto en el medio y que es todo un misterio por la falta de antecedentes. Dado que la opinión pública no cambia velozmente en el corto plazo, que sus condiciones estructurales no se están modificando, que los indicadores de contexto son favorables al oficialismo

y que no se prevé una tendencia negativa en el devenir económico, lo más probable

es que la Presidenta gane en primera vuelta porque superará la barrera del 45 %.

Algo menos probable es que no vaya al balotaje porque saque una diferencia superior a los 10 puntos sobre el segundo. El escenario menos probable es que se vea obligada a competir en una segunda vuelta porque no alcance el 40 %. Desde que se modificó la Constitución en 1994, la Argentina tuvo cuatro elecciones presidenciales. La única vez que debía haber balotaje, el que iba a perder no se presentó.

Quizá los argentinos le tengan miedo a la incertidumbre de la segunda vuelta, y por esa razón nunca se produce, a diferencia de lo que ocurre en otros países que ya están acostumbrados, como Perú, Ecuador o Brasil. El electorado expresa en los estudios de grupos focales una actitud bastante optimista y serena respecto al futuro, y se muestra proclive a la continuidad en cualquier nivel de gobierno.

Los argentinos no sienten estar en la panacea, pero están realizando un balance de 10 años a esta parte, lo cual favorece la posición del kirchnerismo.

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